El financiamiento del sistema previsional enfrenta una presión creciente. Como se observa en el Gráfico 1, el 44% de los ocupados se desempeña en la informalidad, lo que equivale a más de 9 millones de trabajadores que no realizan aportes previsionales. Entre quienes sí contribuyen, aumenta la participación del monotributo, un régimen con una capacidad contributiva muy inferior a la del empleo asalariado registrado. En consecuencia, la sostenibilidad del sistema ya no depende solo de la evolución demográfica, sino también del monto de los aportes que ingresan.
Actualmente, el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) cuenta con 10,3 millones de aportantes para financiar 7,5 millones de beneficios. De los aportantes, el 74% corresponde a trabajadores en relación de dependencia, y el 26% restante corresponde a independientes. Dentro de ellos, 2,2 millones corresponden al régimen de monotributo.
La participación del monotributo dentro del total de aportantes se duplicó en casi tres décadas: pasó del 9% en 1998 a más del 20% en marzo de 2026. En términos absolutos, la cantidad de monotributistas con aportes al sistema aumentó de 513 mil a 2,2 millones, un incremento del 331%.
Si bien este cambio amplió la cantidad de trabajadores que realizan aportes, también modificó la estructura de financiamiento del sistema. El monto de los aportes difiere significativamente entre los distintos regímenes. Expresados como porcentaje del ingreso promedio de un trabajador en relación de dependencia, el aporte previsional promedio equivale al 11,2% para los asalariados, al 5,2% para los autónomos y apenas al 1,1% para los monotributistas (Gráfico 2).








