Entrevista Exclusivo suscriptores La víctima reconstruye cómo unos límites que decidió imponer terminaron desencadenando una violenta agresión. ¿Por qué quedó libre el agresor?María Quevedo permanece bajo medidas de protección mientras avanza la investigación por la agresión ocurrida en su pastelería de Usaquén. Foto: Composición IASUBEDITORA DE BOGOTÁ 28.07.2026 13:17 Actualizado: 28.07.2026 13:24

Durante mucho tiempo, entrar a la pastelería de María Quevedo era casi un ritual para muchos habitantes de Usaquén. El aroma de los postres recién horneados llamaba la atención, mientras una persona ofrecía pequeñas degustaciones a quienes pasaban frente al mostrador. Era uno de esos negocios tradicionales donde los clientes no solo iban por un café o un pastel, sino porque conocían a quienes los atendían y sentían que hacían parte del lugar. Nadie imaginó que, detrás de esa vitrina donde tantas veces se repartieron sonrisas, ocurriría una agresión que conmocionaría al barrio y al país.A las diez de la noche, cuando el establecimiento estaba a punto de cerrar, María creyó que terminaba una jornada más de trabajo. Apenas llevaba dos semanas compartiendo labores con Jesús Acosta Lizardo, un ciudadano venezolano de 45 años, que esa noche la atacaría brutalmente. Lo conocía poco, pero desde los primeros días había empezado a notar actitudes que la hacían sentir incómoda: comentarios sobre su apariencia, acercamientos innecesarios y contactos físicos que él justificaba diciendo que el espacio de trabajo era reducido. Ella intentó ignorarlo durante varios días, convencida de que se trataba de situaciones aisladas, hasta que sintió que debía poner un límite antes de que fuera demasiado tarde.No es hora de callar. Foto:EL TIEMPOMe decía que yo estaba muy bonita. Había roces constantes y siempre encontraba una explicación para acercarse. Yo traté de manejar la situación, pero llegó un momento en que entendí que tenía que decirle claramente que respetara mi espacioMaría quevedo.Víctima del ataque.“Me decía que yo estaba muy bonita. Había roces constantes y siempre encontraba una explicación para acercarse. Yo traté de manejar la situación, pero llegó un momento en que entendí que tenía que decirle claramente que respetara mi espacio”, recuerda.Aquella noche decidió hacerlo. Con tranquilidad, pero con firmeza, le pidió que dejara de tocarla y de invadir su espacio personal. Él respondió negándolo todo. Para cualquiera habría podido parecer una conversación más entre dos personas que trabajaban juntas. Para María, en cambio, ese instante marcó el comienzo de una pesadilla que todavía intenta comprender.“Le dije: ‘Por favor no me toque. Por favor no se me acerque. Eso no está bien’. Él me respondió que nunca me había tocado ni tenía intención de hacerlo. Pero siento que en ese momento algo cambió. Creo que ahí fue cuando se le cruzó un cable”. Desde que el video de la agresión empezó a circular en redes sociales, una versión se repitió con insistencia: que todo se había originado por una discusión relacionada con un pago. María rechaza esa interpretación. Asegura que el trabajador tenía su salario al día e incluso había recibido adelantos cuando los necesitó. Explica que la discusión por el dinero ocurrió después de que él anunció que no volvería a trabajar y exigió que le pagaran de inmediato, cerca de las diez y media de la noche, en un momento en que ella ni siquiera podía acceder a sus cuentas bancarias porque cinco días antes le habían robado el celular y todas sus aplicaciones financieras permanecían bloqueadas.“Esa discusión fue consecuencia de todo lo anterior. El verdadero detonante fue que le pedí que no me tocara y que no se me acercara. No encuentro otra explicación para lo que pasó después". El brutal ataque Jesús Acosta Lizardo. Foto:Archivo particularLo que vino enseguida fue una explosión de violencia que todavía le cuesta describir. Los golpes comenzaron dentro del establecimiento y, según relata, el hombre la llevó hacia un lugar donde nadie pudiera verla.Mientras intentaba protegerse, comprendió que sus gritos quizá no alcanzarían para que alguien acudiera en su ayuda. Entonces recurrió a un acto desesperado: empezó a romper la vajilla de su propia pastelería. No era un gesto de rabia por los daños materiales. Era una estrategia para sobrevivir. “Yo necesitaba que alguien escuchara. Cada plato que rompía era para hacer ruido, para que alguien se diera cuenta de que adentro estaba pasando algo terrible. Sentí que era la única forma de pedir auxilio".Las imágenes de la golpiza recorrieron el país en cuestión de horas. María nunca quiso que ese episodio íntimo y doloroso se volviera público. Sin embargo, hoy cree que esa exposición terminó siendo decisiva para el rumbo de la investigación. Mientras permanecía hospitalizada recuperándose de las lesiones, el agresor había recuperado la libertad porque los delitos que inicialmente le fueron atribuidos no contemplaban una medida de aseguramiento “La única opción que nos quedó fue hacer visible lo que había pasado. Gracias a que todo el mundo vio ese video, la Fiscalía empezó a revisar el caso con otra perspectiva".La única opción que nos quedó fue hacer visible lo que había pasado. Gracias a que todo el mundo vio ese video, la Fiscalía empezó a revisar el caso con otra perspectiva¿En qué ha avanzado la Fiscalía?Fiscalía General de la Nación. Foto:AFPTras la difusión nacional del caso, la Fiscalía General de la Nación informó que activó su grupo de género para analizar la agresión bajo ese enfoque y ordenó nuevas diligencias de policía judicial. Entre ellas dispuso verificar nuevamente el dictamen preliminar de Medicina Legal, contrastándolo con la historia clínica del hospital donde fue atendida la víctima, para establecer si las lesiones fueron más graves de lo inicialmente determinado y si procede modificar el delito que actualmente se investiga. Además, confirmó que a María le fueron otorgadas medidas de protección y que continúan las entrevistas a vecinos del sector para reconstruir todo el contexto de lo ocurrido. La entidad explicó que el capturado recuperó la libertad porque los delitos que inicialmente se investigan —lesiones personales y daño en bien ajeno— no permiten imponer una medida de aseguramiento, por lo que seguirá vinculado al proceso mediante compromiso de comparecencia.La reaccionesCarlos Fernando Galán, alcalde de Bogotá. Foto:Prensa alcalde electo Carlos Fernando GalánLa decisión provocó una fuerte reacción del alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, quien calificó como “inexplicable” que el agresor hubiera recuperado la libertad pese a la gravedad de los hechos. El mandatario pidió que la investigación avance bajo la hipótesis de tentativa de feminicidio, que se imponga una medida de aseguramiento y que se tengan en cuenta las anotaciones previas que tendría el señalado agresor. “Actos violentos como este no pueden tener espacio en nuestra sociedad. El agresor debe estar en la cárcel y todas las decisiones deben priorizar la protección de la víctima”, manifestó.La secretaria Distrital de la Mujer, Laura Tami, también expresó preocupación por la situación jurídica del señalado responsable y confirmó que, desde el momento en que conocieron el caso, se activó la Ruta Única de Atención para acompañar integralmente a María. La entidad anunció seguimiento permanente al proceso y advirtió que ninguna mujer debería vivir con miedo después de denunciar una agresión, mucho menos cuando ha manifestado haber recibido amenazas posteriores.Vivir con miedo: 'Yo no quiero volver'La víctima asegura que no quiere volver a su negocio. Foto:Composición IAPero mientras las autoridades avanzan en la investigación, María enfrenta otra batalla: recuperar la tranquilidad. La violencia no solo dejó lesiones físicas. También rompió el vínculo que tenía con el lugar que construyó durante años y donde atendía personalmente a quienes llegaban buscando un café o un postre. Hoy, cada vez que piensa en regresar, siente que el miedo pesa más que cualquier deseo de retomar la normalidad.“No voy a volver a atender mi negocio. He pensado muchas veces qué va a pasar el día que tenga que entrar otra vez a ese lugar. Después de las amenazas, de esa golpiza y de que me llevara a un sitio donde nadie pudiera verme, siento que esta persona sigue representando un riesgo para mí.”Sin embargo, en medio del dolor también han aparecido gestos que le han permitido sentir que no está sola. Comerciantes, vecinos y clientes habituales de Usaquén comenzaron a organizar diferentes iniciativas para apoyarla. La Asociación Usaquén Centro Histórico convocó la jornada “Todos Somos María”, una noche solidaria que se realizará este miércoles en el restaurante Santa Lucía Gastrobar. Con música en vivo y una oferta gastronómica especial, el evento busca recaudar recursos para ayudarla mientras permanece incapacitada y enviarle un mensaje claro: el barrio que durante años la vio recibir a sus clientes con una sonrisa ahora quiere acompañarla en uno de los momentos más difíciles de su vida.Porque, aunque intenta reconstruir su vida lejos del mostrador donde trabajó durante tantos años, hay una frase que sigue regresando una y otra vez a su memoria. No fue un insulto ni una amenaza. Fueron apenas siete palabras con las que una mujer intentó defender su espacio, su dignidad y su derecho a sentirse segura en su lugar de trabajo. “Por favor, no me toque. Por favor, no se me acerque.”CAROL MALA VERSUBEDITORA BOGOTÁEscríbanos a carmal@eltiempo.com Lea también: Sigue toda la información de Bogotá en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.