La industria de la belleza vive una auténtica contradicción. Por un lado, el marketing ha popularizado el controvertido término skintellectuals, algo así como intelectuales de la piel, para describir a consumidoras capaces de distinguir un péptido de un retinoide, explicar para qué sirve cada ácido o exosoma y calcular qué activos pueden convivir en una misma rutina. Por otro, y casi como reacción a tanto exceso, triunfan los productos multiusos: fórmulas fáciles de aplicar, capaces de resolver varios gestos a la vez y de reducir el neceser a lo esencial. El informe Beauty Pulse 2026, de Spate, refleja estas ganas de simplicidad: el interés por los productos de maquillaje multiusos creció un 59% interanual, lo que convirtió a esta subcategoría la que más avanzó, con un índice de popularidad media mensual de 4,1 millones, 1,5 millones más que el año anterior.El fenómeno va más allá de la viralidad. Una encuesta de la compañía de investigación del consumidor CivicScience reveló que el 46% de los adultos estadounidenses que utilizan maquillaje había empleado un mismo producto en varias zonas. Para el 40% la principal motivación era simplificar la rutina; un 30% mencionaba el ahorro económico y solo un 8% decía hacerlo para seguir una tendencia. La versatilidad, sin embargo, no está exenta de dudas. Un estudio de YouGov, firma internacional de análisis de mercados, señala que uno de cada cuatro usuarios británicos de productos para el cuidado facial prefiere fórmulas multiusos. Al mismo tiempo, un 23% teme que sean menos eficaces que los productos específicos y un 19% duda de que respondan correctamente a las necesidades concretas de su piel.El fenómeno no es nuevo. Mucho antes de que las barras para labios, mejillas y párpados se coronaran como embajadores del neceser cápsula, mujeres y maquilladores ya reutilizaban una misma fórmula en distintas zonas del rostro. ¿El gesto más elemental? Extender la barra de labios sobre las mejillas para improvisar un colorete. En 1976 se comercializó uno de los productos pioneros en esta categoría: Benetint, de Benefit Cosmetics. Según la historia oficial de la marca, una bailarina pidió un tinte rosado para los pezones y las hermanas Jean y Jane Ford desarrollaron una fórmula líquida que acabaría utilizándose en labios y mejillas. Dos décadas más tarde, François Nars trasladó el mismo principio al formato stick. En 1996, Harper’s Bazaar pidió a seis grandes maquilladores de la época, entre ellos Bobbi Brown, Laura Mercier, Kevyn Aucoin y el propio Nars, que crearan su versión personal del maquillaje de primavera. El francés utilizó una sola barra de labios en los ojos, las mejillas y la boca de Carolyn Murphy. Su propuesta estuvo lista en diez minutos y de aquella experiencia nació The Multiple, un éxito de ventas.Casi treinta años después, la categoría crece y se vuelve un poco más difícil de definir. Porque no todo producto que ahorra pasos es un multiusos, ni todo cosmético que incorpora activos puede considerarse un híbrido de maquillaje y tratamiento. Aclaramos conceptos.¿Qué convierte a un producto en multiusos?“Un producto multiusos puede utilizarse en distintas zonas, como labios, ojos y mejillas. Un híbrido, además de maquillar, incorpora activos cosméticos que hidratan, refuerzan la barrera cutánea o aportan beneficios a la piel con el uso continuado”, explica Raquel González, cosmetóloga y creadora de Byoode. Un colorete que también sirve para labios o párpados es multiusos. Un sérum con color que unifica el tono y aporta ingredientes hidratantes es un híbrido de maquillaje y tratamiento. Algunas fórmulas hacen las dos cosas, pero los conceptos no son intercambiables.Tampoco basta con que un cosmético pueda extenderse por varias partes del rostro: “Un verdadero producto multiusos funciona bien en todas las zonas para las que promete servir, sin obligarte a hacer concesiones importantes. Cuando una fórmula está demasiado especializada, el formato dificulta su aplicación en alguna zona o exige aceptar demasiadas limitaciones, probablemente no estamos ante un auténtico producto multiusos”, señala Gerard Prats, director de producto y cofundador de Saigu Cosmetics.Fácil de usar, difícil de formularLa facilidad de uso no implica que el producto sea sencillo de desarrollar. Cada zona del rostro plantea un problema distinto: “Los párpados están en constante movimiento; los labios son una mucosa y requieren más confort e hidratación; y las mejillas necesitan un acabado uniforme que no marque poros ni textura”, explica Gerard Prats. Conseguir que una sola fórmula responda bien en las tres zonas exige equilibrar adherencia, flexibilidad, duración y comodidad.Las texturas extremas suelen ser las menos versátiles. Un producto muy mate puede fijarse bien en el párpado, pero resultar seco en los labios. Uno demasiado brillante o graso puede quedar bien en las mejillas y la boca, pero terminar acumulándose en los pliegues del ojo. “La barra de labios hidratante se ha utilizado toda la vida como colorete e incluso para aportar color en el hueso orbital. El resultado puede quedar precioso recién aplicado, pero si la barra es hidratante, corres el peligro de que se mueva y, si es seca o mate, cuesta difuminarla y suele quedar demasiado intensa”, explica a S Moda Isabel Auernheimer, diseñadora de maquillaje de cine y televisión.Las fórmulas más agradecidas se sitúan en un punto intermedio. Prats habla de texturas ligeras, frescas, flexibles y modulables. Auernheimer prefiere los fluidos de acabado seco porque se difuminan con facilidad, no exigen técnica profesional y se fijan en segundos. La intensidad del color también debe poder regularse. Una fórmula muy pigmentada puede funcionar bien en los labios, pero resultar difícil de controlar en las mejillas o los párpados. “Muchas veces es más interesante que permita construir la intensidad poco a poco: una capa ligera aporta un halo natural de color y varias capas consiguen un acabado más intenso”, explica Prats.A esto se suma la seguridad. No todos los colorantes y partículas autorizados para la piel pueden utilizarse en los labios o cerca de los ojos. Cuando una fórmula se diseña como verdadero multiusos, debe incorporar únicamente ingredientes permitidos en todas las zonas anunciadas. “Algunos brillos con partículas grandes no están permitidos cerca de los ojos porque podrían provocar lesiones mecánicas”, dice Prats.El neceser de verano como prueba definitivaLa idea del armario cápsula también ha llegado al maquillaje. Con los solares, los productos capilares y los cosméticos de higiene ocupando espacio, cualquier fórmula que resuelva varios pasos gana puntos en verano. “Poder reducir el kit de maquillaje siempre es interesante, sobre todo en vacaciones y viajes. En verano, la piel suele estar algo más descansada o bronceada y basta con aportar un poco de color y definición a la piel desnuda”, señala Auernheimer.¿Cómo sería el neceser cápsula ideal? “Yo me llevaría un corrector fundente para usar como base en puntos concretos. Un colorete líquido o en crema para ojos, mejillas y labios. Una máscara de pestañas negra. Un lápiz que funcione como delineador y sombra. Y un contorno en crema. Me gustan los productos que se puedan trabajar solos o mezclados entre sí para conseguir distintas intensidades y efectos”, explica la maquilladora. David Deibis reduce más la selección: “Un sérum con color o una hidratante pigmentada, un producto cremoso para labios y mejillas y una máscara de pestañas. Con eso puedes crear un maquillaje completo en pocos minutos”, afirma. El gran comodín es el colorete. Auernheimer prefiere una fórmula líquida o cremosa y luminosa. “Puede definir los ojos, dar vida a las mejillas y aportar color a la boca”. Prats se decanta por un stick de tono tostado para mejillas, nariz, párpados y labios, capaz de reproducir el color saludable que deja el sol. Si además tiene un punto de luminosidad, aporta color y luz en un solo gesto.Los multiusos facilitan el maquillaje monocromático que repite una misma gama de color en ojos, mejillas y labios. Auernheimer recomienda tonos corales, caldero, rojizos y rosas intensos porque se adaptan bien a varias zonas del rostro. Eso no significa aplicar exactamente lo mismo en todas partes. “Si utilizamos el mismo tono y el mismo acabado en todo el rostro, el resultado puede quedar demasiado plano”, advierte. La clave está en cambiar la intensidad. Más difuminado en los párpados, más vivo en las mejillas y más transparente en los labios.El maquillaje que también cuida la pielCada vez le pedimos más cosas al maquillaje. Queremos que aporte color, que hidrate, alise o cuide la piel. “Buscamos rutinas más sencillas y acabados más naturales. Cuando la piel está hidratada y cuidada, el maquillaje se integra mejor, dura más y el resultado es mucho más bonito”, explica David Deibis. “Un sérum con color puede sustituir a una base para conseguir un resultado más natural; un bálsamo aporta color e hidratación en labios y mejillas; y un iluminador hidratante puede mezclarse con la crema o con el sérum con color y aplicarse también en el lagrimal o el arco de la ceja”, resume el maquilladorRaquel González, de Byoode, destaca ingredientes como el ácido hialurónico, el escualano, la glicerina, la niacinamida y antioxidantes como las vitaminas C y E. Pero no basta con incluir activos en la fórmula. “Hay que exigir que estén en concentraciones útiles, que el producto esté bien formulado y que cumpla ambas funciones sin renunciar al acabado, la duración ni el confort”, señala. Eso no significa que el maquillaje sustituya al tratamiento. “Aunque un colorete lleve vitamina C y E, nunca va a reemplazar a un buen sérum con antioxidantes porque suele contener menos concentración de esos activos”, advierte Estefanía Nieto, de Medik8.Tampoco todo lo que se presenta como híbrido lo es de verdad: “La demanda de productos más prácticos es real, pero existen lanzamientos que utilizan el concepto híbrido más como reclamo que como un beneficio respaldado por la formulación”, explica Mireia Fernández. En los productos multiusos, Gerard Prats propone una comprobación sencilla: deben funcionar bien en todas las zonas para las que se anuncian. “Si quedan bien en la mejilla, pero resecan el labio o se mueven en el párpado, quizá no sean tan multiusos como dicen”.
Un producto para todo: el auge del maquillaje multiusos
El fenómeno no es nuevo, mucho antes de que las barras para labios, mejillas y párpados se coronaran como embajadores del neceser cápsula, mujeres y maquilladores ya reutilizaban una misma fórmula en distintas zonas del rostro. Hoy los productos multifunción se usan por viralidad o economía, pero sobre todo por comodidad









