En la víspera de asumir la presidencia, Keiko Fujimori presentó en la sede de su partido, Fuerza Popular, a tres de los 19 integrantes de su primer gabinete: Luis Galarreta como presidente del Consejo de Ministros, Elmer Cuba en Economía y Finanzas y Carlos Espá en Relaciones Exteriores. Más allá de sus perfiles, los tres comparten un rasgo político llamativo. En distintos momentos mantuvieron distancia del fujimorismo o fueron críticos de él pero, con el paso de los años, terminaron incorporándose a su entorno de mayor confianza. Luis Galarreta, abogado, congresista en dos periodos, actual parlamentario andino y primer vicepresidente electo, ha pasado de calificar como “nefasto” al gobierno de Alberto Fujimori en los años noventa a ser uno de los escuderos más leales de su hija. “Hay una visión que es destrabar inversiones, generar empleo, crecimiento y con eso mirar a las regiones”, dijo hace algunas semanas sobre el rumbo del nuevo gabinete. Elmer Cuba combina un perfil técnico con una fuerte presencia en el debate público. Economista, exdirector del Banco Central de Reserva y consultor de empresas privadas, se convirtió en el principal vocero económico de Keiko Fujimori durante la campaña presidencial de 2016. Ahora asumirá el Ministerio de Economía con la promesa de trasladar la estabilidad macroeconómica a la vida cotidiana de los peruanos. “La población todavía no ha sentido esa estabilidad en sus salarios ni en su bienestar. La meta es hacer que en los próximos años ese crecimiento llegue a mejores empleos, remuneraciones y servicios públicos”, afirmó.La designación de Carlos Espá como ministro de Relaciones Exteriores ofrece una de las primeras pistas sobre el rumbo que Keiko Fujimori busca imprimir a la política exterior. Abogado, exconductor de televisión y excandidato presidencial por SíCreo, Espá pasó 15 años vinculado a la Embajada de Estados Unidos en Lima, donde fue el director de comunicaciones en el área de prensa y cultura entre 2008 y 2023. Su nombramiento parece reforzar la apuesta del nuevo Gobierno por estrechar la relación con Washington en un contexto de creciente competencia geopolítica entre Estados Unidos y China en América Latina.Alianza con Estados UnidosLa propia Fujimori ha anticipado esa orientación. En una de las escasas entrevistas concedidas tras su elección, definió a Estados Unidos como un “aliado” y expresó su intención de que el Perú se incorpore al Escudo de las Américas, la iniciativa impulsada por Donald Trump para combatir el crimen organizado transnacional. El proyecto, sin embargo, ha despertado reparos entre analistas y especialistas en relaciones internacionales, que cuestionan su enfoque predominantemente geopolítico. Sus críticos sostienen que prioriza contener la influencia de China en la región antes que fortalecer una estrategia multilateral contra el narcotráfico y otras economías ilegales.Ese acercamiento ha comenzado a escenificarse incluso antes de la juramentación. Este lunes, Fujimori recibió a una delegación estadounidense encabezada por el vicesecretario de Estado, Christopher Landau, y por el embajador en Lima, Bernie Navarro, cuya actuación durante la última campaña electoral y el Gobierno saliente de José María Balcázar generó cuestionamientos desde distintos sectores políticos. Tras la reunión, Navarro afirmó que ambos países atraviesan “un nuevo amanecer” en su relación bilateral y adelantó que “se estudiará” en los próximos meses una eventual visita oficial de Fujimori a la Casa Blanca para reunirse con Donald Trump. Otro de los desafíos de Espá será recomponer la relación con México, deteriorada desde la crisis política de finales de 2022 y rota formalmente en noviembre pasado. El quiebre se produjo cuando el Gobierno de Claudia Sheinbaum concedió asilo diplomático a Betssy Chávez, expresidenta del Consejo de Ministros de Pedro Castillo, mientras el Estado peruano se negó a otorgarle el salvoconducto para abandonar el país. Desde entonces, Chávez —condenada a once años de prisión por su participación en el intento de autogolpe de 2022— permanece en la sede de la antigua embajada mexicana en Lima, convertida en el principal punto de fricción entre ambos gobiernos. Consultado sobre la posibilidad de conceder el salvoconducto, el futuro canciller evitó adelantar una decisión, aunque dejó entrever su mirada sobre el caso: “Más allá de que las personas deben responder por sus actos, nosotros creemos en el Estado de derecho y en el imperio de la ley”.Congreso bicameralPor otra parte, la elección de la primera Mesa Directiva del Congreso bicameral en más de tres décadas estuvo marcada por la controversia. Miguel Torres, segundo vicepresidente de Keiko Fujimori, fue elegido presidente del Senado para el periodo 2026-2027 al encabezar una lista integrada por legisladores de Fuerza Popular y Renovación Popular, las dos principales fuerzas de la derecha conservadora. La votación se realizó en una sesión cerrada a la prensa y se resolvió por un estrecho margen: 30 votos frente a los 29 obtenidos por la candidatura de la oposición.El resultado desató acusaciones de una presunta deserción dentro del bloque opositor. Todas las miradas se dirigieron a la senadora Silvana Robles, de Juntos por el Perú, el partido de Roberto Sánchez, el adversario de Fujimori que se ha negado a reconocer su triunfo en las presidenciales. Durante la votación, Robles evitó mostrar públicamente el sentido de su voto, lo que alimentó las sospechas de un quiebre interno. Horas después, Sánchez anunció su suspensión de la bancada y justificó la decisión con un mensaje dirigido a su militancia: “Rechazamos la deslealtad”. En tanto, la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados será liderada por distintas bancadas opositoras y será encabezada por el militar retirado Óscar Reto, del partido del Buen Gobierno.
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