El científico propone combatir las resistencias en los tumores con la terapia adaptativa: dando fármacos oncológicos a la mínima dosis posible
Carlo Maley (New Hartford, EE UU, 57 años) mira mucho a la naturaleza en busca de respuestas. Este científico, formado en biología evolutiva e informática y director del Centro de Evolución del Cáncer de Arizona, investiga cómo progresan los tumores y cómo se pueden frenar, pero lo hace desde una perspectiva muy particular: observando y analizando cómo han evolucionado los mecanismos de supresión del cáncer en animales grandes y longevos, como elefantes y ballenas.
“Creemos que la naturaleza ha encontrado formas de prevenir el cáncer en múltiples ocasiones en los animales”, cuenta. Y quizás se pueda aprender de ello: “La pregunta es cuáles son todas las innovaciones que la evolución ha descubierto y si podemos encontrarlas e intentar utilizarlas en humanos”.
Lo de observar a elefantes y ballenas no es casualidad. En estos animales asoma una curiosa contradicción biológica que ha despertado el interés —y el debate— de la comunidad científica: la paradoja de Peto. Esta teoría plantea que si los tumores se originan a partir de una sola célula que enloquece y empieza a reproducirse sin control, lo lógico sería que, cuantas más células haya en un cuerpo, más probabilidades tendrá de tener cáncer; y además, como los cánceres se producen debido a la acumulación de mutaciones, cuantas más veces se divida una célula, más probabilidades tendrá de sufrir una mutación. Según esta premisa, los animales con cuerpos más grandes y esperanzas de vida más largas tendrían que tener más cáncer que los animales más pequeños y con una vida corta. Pero no siempre pasa así.








