El idilio entre Pujato y Lionel Scaloni sumó un nuevo y profundo capítulo tras la final del Mundial 2026, consolidando una relación que trasciende los vaivenes del resultado deportivo. El pequeño pueblo santafesino de poco más de 3.000 habitantes se detuvo por completo para transformarse en el epicentro de un fenómeno de gratitud popular y peregrinación. La llegada del director técnico a la casa de sus padres se convirtió en una revolución pacífica pero avasallante.
Desde el momento en que su vehículo cruzó los accesos de la localidad, cientos de vecinos montaron una guardia permanente bajo una persistente lluvia, decididos a obsequiarle un abrazo colectivo tras el exigente proceso mundialista que culminó con el subcampeonato frente a España. Lejos del aislamiento de las grandes urbes, la estadía del seleccionador nacional estuvo marcada por una cercanía extrema que desbordó la rutina del lugar.
Por supuesto, las redes sociales a través de los memes satirizaron las escenas cotidianas que incluyeron fanáticos que lo acompañaban a sol y a sombra en cada rastro de movimiento, forzando al municipio a desplegar un operativo de vallado perimetral y custodia vial para ordenar el flujo incesante de personas. Fiel a su estilo despojado, Scaloni no eligió el encierro; por el contrario, salió repetidas veces a la vereda para atender las solicitudes de una multitud que se neuromaba hora tras hora.











