Hay futbolistas que se presentan con un gol, otros con un caño, otros con una asistencia, algunos con una patada. Lucas Bruera eligió otro modo de decir "acá estoy": tres atajadas muy buenas, arenga a sus compañeros y a la tribuna, sensación de solidez y seguridad y una historia que vale la pena contar. Mientras Estudiantes de Río Cuarto derrotaba por 1-0 a Tigre en el arranque del torneo Clausura de la Primera división de la Liga Profesional, el 'Loco' fue narrando un relato de manos abiertas y reflejos.
Bruera sobresale antes de que ruede la pelota. Alto, flaco, de bigote prolijo y una gorra que desafía las convenciones, parece un personaje escapado de otra época. En la previa al juego, en el Candini los hinchas ya lo observaban con cierto cariño; aunque esperaban que luego él demostrara bajo los tres palos todo lo que insinuaba.
Después el árbitro Brian Ferreyra dio el pitazo inicial e inició el juego. Y la estética dejó lugar al oficio. La sensación fue que cada intervención suya fue un mensaje de tranquilidad para los hinchas del 'León'. Una tapada abajo, otra mano salvadora cuando Tigre parecía empatar y una tercera reacción que terminó por convertirlo en la figura de la tarde. Cuando sonó el pitazo final, los abrazos fueron para todos, pero las felicitaciones tenían un destinatario repetido.












