AnálisisAnalistas le explican a EL TIEMPO que la decisión de Abelardo De La Espriella tiene un carácter simbólico que marca una ruptura con el gobierno Petro.Síganos y léanos en Google Discover.Abelardo De La Espriella, presidente electo de Colombia, no despachará desde la Casa de Nariño. Foto: Archivo particular27.07.2026 13:41 Actualizado: 27.07.2026 13:45
El presidente electo, Abelardo De La Espriella, anunció este domingo su decisión de trasladar la sede presidencial de la Casa de Nariño al Palacio de San Carlos. Diferentes expertos consultados por EL TIEMPO coinciden en que el principal significado de esta acción es político y simbólico.Palacio de San Carlos, actual sede de la Cancillería Foto:ArchivoDurante la transmisión en vivo que De La Espriella viene haciendo los domingos en la noche para comunicar sus pasos a seguir, anunció que la Casa de Nariño dejará de funcionar como sede del Ejecutivo y la convertirá en un museo para la ciudadanía.'Le he dado la instrucción a la ministra de Cultura, Paola Holguín, que vuelva la Casa de Nariño un museo abierto al público. El Palacio de San Carlos, donde funciona la Cancillería, será la sede de la Presidencia en Bogotá y ahí voy a estar despachando y trabajando por Bogotá', afirmó el mandatario electo.De acuerdo con la decisión, la Presidencia volverá a ocupar el Palacio de San Carlos, un edificio que, como se explica en la página web de la Cancillería, fue sede del Ejecutivo durante buena parte del siglo XIX, desde donde despachó Simón Bolívar despachó después del terremoto de 1827 que afectó gravemente las estructuras de iglesias, conventos y del entonces Palacio Presidencial, donde ahora se encuentra el Congreso. LEA TAMBIÉN El libertador ordenó la compra del Palacio en el 22 de febrero de 1828 y desde esa fecha hasta inicios del siglo XX , se presidió desde allí. Luego, desde 1908 hasta 1954 el edificio fue sede de la Cancillería, pues el general Gustavo Rojas Pinilla trasladó la sede presidencial nuevamente a este edificio.En 1975, fue declarado Monumento Nacional y para 1979 Julio César Turbay volvió a despachar desde la Casa de Nariño, cuando se finalizaron unas obras de readecuación. Desde ese momento, todos los presidentes han ocupado el Palacio de Nariño y la Cancillería ha operado en el Palacio de San Carlos.En ese sentido, para Aristides Ramos, profesor asistente de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Javeriana, el traslado que plantea Abelardo De La Espriella debe leerse como un mensaje político. LEA TAMBIÉN 'El cambio de la sede presidencial de la Casa de Nariño al Palacio de San Carlos tiene un carácter simbólico', explicó. En su concepto, la decisión responde a la intención del nuevo gobierno de 'restaurar una tradición', es decir, regresar a un lugar asociado con los orígenes republicanos del país. Según Ramos, el anuncio también busca transmitir la idea de una ruptura con los gobiernos recientes.Una lectura similar hace Manuel Camilo González, magíster en Ciencia Política y profesor del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana, quien considera que la decisión refleja un uso intencional de la historia para construir un mensaje político. 'Esto tiene mucho más que ver con el componente simbólico que quiere enfatizar el gobierno entrante y, particularmente, con los usos de la historia', señaló.El politólogo recordó que además de ser una de las primeras sedes de gobierno, el Palacio de San Carlos también fue el escenario de episodios claves de la historia colombiana, como la Conspiración Septembrina de 1828 contra Simón Bolívar y, después del Bogotazo de 1948, el edificio volvió a tener temporalmente funciones presidenciales. LEA TAMBIÉN 'El Palacio de San Carlos está muy cargado de historia. Está relacionado con momentos de inestabilidad, pero también con la recuperación del orden', le explicó a este diario.Para González, recuperar ese edificio como sede presidencial permite conectar el nuevo gobierno con una narrativa de orden y autoridad. 'Hay un intento de transmitir la idea de volver a tener orden y libertad, orden en términos de seguridad y libertad en términos económicos', indicó.Pero, además, al igual que Ramos,considera que existe un mensaje implícito frente a la administración saliente. 'Hay un intento simbólico de distanciarse de lo que sucedió en la Casa de Nariño durante el gobierno de Gustavo Petro, de todos los escándalos y las críticas que ha hecho De La Espriella a esa administración', afirmó. LEA TAMBIÉN Un debate más administrativo que constitucionalDesde el punto de vista jurídico, sin embargo, el anuncio no presenta mayores obstáculos. Así lo explica Erick Rincón Cárdenas, decano de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario, quien sostiene que la Constitución no establece un edificio específico como sede del despacho presidencial.'Desde lo jurídico, el traslado es perfectamente viable. Ni la Constitución ni la ley fijan el inmueble desde el cual despacha el Presidente', explicó.El constitucionalista recordó que el artículo 322 de la Constitución únicamente establece que Bogotá es la capital de la República, mientras que el artículo 189 enumera las funciones presidenciales, sin hacer referencia al lugar físico desde donde deben ejercerse.Abelardo De La Espriella, presidente electo. Foto:EL TIEMPOPor eso, asegura que la discusión alrededor del traslado de la sede no debería centrarse en la legalidad de la medida. Según indica, es un tema de “conveniencia institucional”.Con esto, Rincón se refirió a que el traslado sí plantea importantes desafíos administrativos, patrimoniales y presupuestales. Por un lado, recordó que tanto la Casa de Nariño como el Palacio de San Carlos son bienes de interés cultural de carácter nacional, por lo que cualquier adecuación para convertir uno en museo o adaptar el otro como sede presidencial deberá cumplir con los procedimientos previstos en la legislación sobre patrimonio cultural.Por otro lado, subrayó que el Palacio de San Carlos no es un edificio desocupado. 'Allí funciona la Cancillería con su archivo histórico y su actividad protocolaria, de manera que el anuncio implica reubicar un ministerio completo y rehacer el esquema de seguridad en pleno centro histórico de La Candelaria', explicó. LEA TAMBIÉN En ese sentido, considera que antes de ejecutar la decisión debería conocerse el costo fiscal y operativo que implicaría trasladar las funciones diplomáticas del edificio.Bajo este cuestionamiento, se pone en duda uno de los principales ejes de las propuestas del presidente electo frente a reducir el tamaño del Estado y de sus costos operativos.Aun así, el decano considera que una parte de la decisión puede tener un efecto positivo, pues convertir en un museo la Casa de Nariño sería una propuesta valiosa para la ciudadanía “porque somos de los pocos países donde la sede del Ejecutivo es un espacio prácticamente inaccesible”, señaló. LEA TAMBIÉN ELENA BERMÚDEZ RIVERARedacción Política Sigue toda la información de Política en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.












