No queda tiempo. Los profesionales de extinción de incendios (UME, bomberos y forestales) están echando el resto. Saben que apenas cuentan con 48 horas para poder frenar el fuego que está arrasando el centro de la península, en las provincias de Madrid, Ávila y Toledo, que afecta a unas 70.000 hectáreas, de ellos, unas 50.000 en la joya natural que es Gredos y que convierte tristemente este entorno abulense en el mayor incendio en la historia de España. Y ese ir contrarreloj se explica por la nueva ola de calor, la cuarta, que llega el miércoles y que volverá a situar los termómetros rodando entre los 35 y 40 grados.“No tenemos tiempo”, asegura un técnico en el puesto de mando de Navaluenga (Ávila). No podemos parar porque las altas temperaturas volverán a reducir la humedad y los vientos se descontrolan. Es la receta mágica de los fuegos, lo que les hace más fuertes, aseguran.¿Podrán controlarlo? Los expertos creen que se puede, aunque saben que es difícil. Tienen medios suficientes, aseguran, pero de poco valen ante una situación meteorológica complicadísima. Cuando temperatura, humedad y viento se alinean a favor, como ocurrió en las mañanas de este sábado y domingo, por la tarde, el viento dio la vuelta y frenó los avances. “Así estamos..., pero se conseguirá”, anima Manuel, uno de los bomberos que ha pasado la noche luchando en el valle del Tiétar.“Quiero ver a mis caballos, no sé si están vivos, si tienen para comer, ¡ven conmigo a verlos!”, brama FranEl dolor se masca en este valle, que vive del turismo. Los vecinos han conseguido salir, pero dejan atrás sus casas y su medios de vida. Fran discute con un guardia civil que le impide pasar por un camino hacia la finca. “Quiero ver a mis caballos, no sé si están vivos, si tienen para comer, ¡ven conmigo a verlos¡”, brama. Está literalmente hundido.No es el único. Muchos vecinos afectados, especialmente de esta zona, sufren por sus animales. La dificultad para acceder a rebaños de ganado que han quedado incomunicados y sin acceso a agua o alimentos en las zonas afectadas por los grandes incendios forestales es el principal impacto que ahora afronta el sector primario.Explotación ganadera calcinada en la localidad de Casavieja (Ávila), este lunes.RAÚL SANCHIDRIÁN / EFEEstos gritos han sido escuchados y desde las unidades veterinarias se han tramitado ayudas para llevar agua y forraje en Burgohondo, El Tiemblo o Navalmoral de la Sierra.Esto también se está haciendo en Madrid, donde el fuego en la zona de San Martín de Valdeiglesias ha empeorado claramente, provocando una situación endemoniada, en palabras de la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso.Según la dirección de emergencias, entre los puntos de preocupación destacan el entorno del pantano de San Juan (la conocida “playa de Madrid”), donde los efectivos de extinción se han “jugado literalmente la vida para defender casas”, indica. También el entorno del río Cofio y la urbanización nuevamente evacuada del Encinar del Alberche, situada en Villa del Prado.Emilia, presidenta de la urbanización, es de las pocas que han podido pasar a la urbanización y lo que allí ha visto es sencillamente el horror. Habla de una urbanización fantasma, gris, llena de ceniza, con decenas de casas destruidas, con vehículos en el chasis... “Un horror”, insiste.La mayoría de estos vecinos están entre los polideportivos de Villamanta y Navalcarnero. Forman parte de esos más de 92.000 personas que están ya afectadas por los incendios forestales en las tres provincias del centro peninsular, según los datos del Ministerio del Interior. En total, son 92.149, de las cuales 63.152 han sido evacuadas de las localidades amenazadas por el fuego y otras 28.997 permanecen confinadas ante el riesgo que suponen los siniestros en sus municipios.Hasta ahora, los afectados han sido pacientes, pero la paciencia empieza a agotarse. Dormir en colchonetas, estar todo el día mirando el móvil en busca de la última noticia, el temor a lo que se encontrarán al llegar a su casa pesan más que los argumentos de que esos realojos tienen como único fin proteger la vida de los vecinos.Y ese ambiente es proclive a las teorías conspiratorias, del tipo “no es cierto que el pueblo esté cercado por el fuego, nos sacan para controlarnos”, porque “¿dónde están las llamas?”, pregunta un vecino que lleva amarrado en el bar La Muni desde hace días.Sea como fuere, lo que sí parece real es que muchos de estos vecinos van a tardar un tiempo en volver a sus casas, porque este fuego tan voraz se resiste con todas sus fuerzas a ser controlado y, mucho menos, a extinguirse. De hecho, los municipios del sur de Madrid continúan reforzando sus dispositivos de respuesta para seguir atendiendo a los evacuados en previsión de que las evacuaciones continúen en las próximas horas. La pesadilla continúa.Redactora jefa de La Vanguardia en la delegación de Madrid, especializada en temas sociales. Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid.