La corte de Felipe IV concentró el poder político en un valido capaz de decidir guerras, reformas y nombramientos desde muy cerca del rey. Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares, fue el principal hombre de confianza del monarca durante su reinado y trató de fortalecer la Monarquía Hispánica mediante reformas fiscales, militares y administrativas.

Su figura ha quedado dividida porque algunos historiadores ven en él a un gobernante ambicioso que quiso modernizar una estructura agotada, mientras otros subrayan que sus medidas agravaron tensiones territoriales, aumentaron la presión sobre los reinos y terminaron asociadas a derrotas, rebeliones y desgaste político. Esa reputación partida ayuda a entender por qué sus retratos también servían para fijar la imagen pública que pretendía proyectar.

Un encargo diplomático llevó el cuadro hasta la colección Barberini

Uno de esos retratos ha reaparecido casi cuatro siglos después. Salvador Salort-Pons, director del Detroit Institute of Arts, ha identificado en una colección privada española El conde-duque de Olivares con armadura, una obra atribuida a Diego Velázquez y fechada en 1626.

El hallazgo, publicado en Ars Magazine, culmina una búsqueda iniciada hace 25 años, cuando el historiador encontró en Italia documentos que mencionaban una pintura desaparecida. A finales de 2025, los propietarios del cuadro le invitaron a examinarlo en Madrid y los análisis posteriores reforzaron la atribución.