La artista andaluza y andalucista María Peláe (Málaga, 1990) defiende en esta entrevista con Público que el arte tiene la posibilidad de "decir" de manera "amable" y "combativa, pero no doliente" para "poder cambiar cosas de la sociedad". Por eso, afirma, "es tan importante en el arte incluir tanto los mensajes [personales]: que escuches una canción para sentirte mejor o para desahogarte, como también meter algún mensajito que otro en las cabezas". Eso fue lo que hizo justamente el pasado 10 de julio con un alegato pacifista y a favor de las libertades civiles y contra la ultraderecha, que encajó en su emocionante interpretación de La Llorona. Al respecto afirma que es "necesario recordar" las cosas "constantemente, porque parece que bajamos un poquito la guardia y nos encontramos en la puerta cosas que parecían ganadas. A la vista está".PublicidadHe leído que ibas para ser médica y que la música en directo, cantar, te cambió el paso. ¿Es así?Lo típico de cuando ya vas a entrar en la universidad, cuando tenemos 18 años. Sí. Iba a entrar en Medicina. No llegué a entrar porque precisamente justo hice mi primer concierto el verano anterior y decidí que no, que si yo me metía a médico, a estudiar Medicina con lo apretá que yo soy, pura aries, no iba a cantar. O sea, iba a estar todo el día dentro de una habitación estudiando. Así que decidí meterme en otra carrera, que es la que terminé haciendo: Trabajo Social. Y después Antropología. Hice ambas cosas y las fui compaginando con cantar al mismo tiempo. Aparte coincidió que estuve de voluntaria en un centro de refugiados políticos. Entonces ahí tuve una pequeña semirrevelación de muchacha de 18 años. Y ese fue el giro que terminé tomando hasta ahora. No te arrepientes, ¿no?No, para nada. De hecho, es más, hace unos cuantos meses empecé a distancia a hacer Medicina.¿En serio?Sí, porque se me quedó esa espinita y muy a largo plazo [quiero hacerlo]. Tengo ahí mi libro de biología molecular y digo: "Hombre, nada más que por saber". Eso no se me va a quedar a mí.¿Cómo entra la música en ti? Hasta ese momento en que cantar va a ser el eje que vertebra tu vida, hasta que llegas a ese lugar. ¿Ahí hay un proceso?Sí. De hecho mi objetivo, mi intención siempre ha sido escribir para otros artistas. Desde muy pequeña siempre imaginé haciéndole canciones o escribiéndole a otra gente. Nunca me había imaginado, como dicen los flamencos, el momento cante para adelante; ser tú la que cantas. Es precisamente porque la más bajona de mi familia soy yo. O sea, mis padres y mi hermana son realmente los buenos flamencos de mi casa. Yo siempre que ha habido fiesta en casa he sido la más paradita. Así que imagínate cómo son ellos. Publicidad¿Por qué querías escribir para otros?De hecho ni me lo planteaba [cantar]. Hasta el primer concierto prácticamente no había cantado yo más de tres canciones seguidas. Primero porque yo era muy vergonzosa contra todo pronóstico y mi manera de expresarme [era] escribiendo. Era una manera de de desahogarme, por decirlo de alguna manera, y siempre escribía. Hasta que llegó un momento que dije: "Hostia, pues si no lo cantas tú, no te va a escuchar nadie la canción". Y resultó que al final cantaba y dije: "Pues mira, pues ya sigo para adelante". "La vergüenza para el homófobo, para el racista, para el misógino y para el transexcluyente, cojones, que son compañeras". Fueron parte de sus palabras en TVE hace unos días durante la interpretación de La Llorona. ¿Considera que es necesario en estos tiempos decirlo una y otra vez?Por lo menos para mí es necesario recordarlo constantemente, porque parece que bajamos un poquito la guardia y nos encontramos en la puerta cosas que parecían ganadas. Y a la vista está. Fue soltarlo por la boca y me cayeron chuzos de punta, como dice mi padre. Es algo que ya has venido diciendo. Por ejemplo, en el orgullo de Sevilla [fue pregonera]. Ni miedo ni vergüenza. ¿Vas a seguir diciéndolo a pesar de esos chuzos de punta?Sí, sí, totalmente. Encima con más coraje todavía. Yo desde pequeña he sido muy rebelde en el sentido de que [me dices] no, pues ahora sí, ahora más todavía. Más que nada porque me muestra lo evidente, lo necesario que es seguir hablando y seguir cambiando precisamente eso, la vergüenza de bando. Parece que ahora estamos en algunas conversaciones en un bar y que tengo que volver a hablar flojito por si el de al lado se puede enfadar. Entonces, no. Lo mismo me estoy enfadando yo por la falta de respeto que estoy recibiendo. ​Tenemos que seguir en esas. Desde que empecé en esto, desde las primeras canciones que empecé a hacer, yo ya venía con este lado [reivindicativo]. Yo vengo de la canción de autor y no entiendo hacer arte sin decir. Ya que te van a escuchar, di algo. Soy mucho de esa filosofía y en esas sigo. Y aunque precisamente este discurso o el pregón del orgullo tuvieran ese calado, es algo que vengo diciendo desde hace tiempo.PublicidadEn la televisión, ese mensaje lo colocaste en medio de la canción La Llorona. ¿Cómo fue esa decisión de meterlo ahí? ¿Cómo te encajó ahí?Fue una cosa de la cabeza de Manu [Sánchez], la cabeza pensante [del programa]. Él se imagina lo que es el show completo, su espectáculo y y vio que era un buen hilo. Llevo todo el año haciendo de Chavela en el teatro [representa la obra Chavela, la primera chamana]. Como se pone él: "¿Qué te parece, Peláe, si lo mezclamos todo?". "Claro, Manuel. Vamos palante'". Es verdad que la canción está en un momento también muy álgido de la obra en el que también se reclama por todas las mujeres. Es como un reclamo en sí la canción. Entonces, él quiso encajarla sabiendo también cómo se está usando dentro de la obra de teatro. Tiene su sentido, pero fue cosa de su cerebro. Tienes una relación intensa, por así decirlo, con Chavela Vargas en estos tiempos. ¿Cómo llegas a Chavela? ¿La descubres de pequeña o ya es cuando vas descubriendo más músicas?A Chavela sí que la tenía como como referente grande, porque precisamente desde el primer momento que cogí una guitarra y me fui a salas de canción de autor nunca me había fijado en si yo afinaba cantando o no. O sea, para mí siempre [lo importante] ha sido el transmitir y no había cosa que transmitiera más que una persona que cantaba llorando. Entonces, sí que la he escuchado desde hace muchísimo tiempo. Eso se quedó ahí, como referente y después pasó el tiempo. Y las cosas de la vida: en un momento en el que te replanteas constantemente artísticamente [y te dices] "pues mira, voy a tirar por aquí, voy a tirar por allí" me surgió entrar en esta obra de teatro. Precisamente había hecho el año anterior el Lorca por Saura. Ya venía un poco sabiendo de las exigencias que conlleva meterse en una obra de este tipo. Y justo la temporada anterior quien había hecho de Chavela era Rozalén, que es una grandísima amiga mía. Y tal cual. Coger el legado de María me parecía muy bonito. Cuando todo se tercia de una manera bella, no puedes decir que no. Fui a ver exactamente cómo era el guion, cómo lo llevaban y me enamoraron completamente. Me hicieron ahí un chamanismo interno fuerte porque esos ensayos fueron de salir de allí como si te hubieras tomado dos valerianas mirando al horizonte [ríe]. La verdad es que ha sido una de las experiencias más bonitas que hemos vivido. Nos quedan creo que cuatro o cinco funciones ahora en otoño y ya terminaríamos la temporada.¿Encuentras diferencias sustanciales entre la representación teatral y el concierto o son experiencias similares para ti?No, para mí no tiene nada que ver. De hecho la primera vez que salí a una obra de teatro, que fue con Lorca por Saura, mi cuerpo estaba extraño. Para un concierto me pongo a pegar saltos antes de salir, me pongo a andar, intento activarme tanto física como mentalmente para salir. Y aquí es todo lo contrario, aquí es una cosa de concentración absoluta. Yo no puedo salir haciendo de Chavela diciendo: "Buenas noches, Madrid". No puedo. Entonces, eso ya en mi cabeza para mí es raro. [Es raro] no meter un chillío nada más salir y salir corriendo. Eso no. No. Salgo, doy la bienvenida de una manera teatralizada, con un guion. O sea, es muy diferente, pero es maravilloso porque después se mezclan mundos. Hay cosas que he aprendido con Chavela que ya después las incluyo [en los conciertos]. Nada más que la presencia escénica que he aprendido en algunas cosas la intento mantener en algunas canciones ya mías propias. Todo se retroalimenta cuando se trata de arte. Eso está muy presente en tu planteamiento músical, ¿no? ¿Vas incorporando elementos?Sí, todo lo que pueda hacer que el espectador o la persona que venga a ver un show nuestro y que se vaya más contento todavía es bueno. Siempre le estamos dando vueltas a la cabeza. En las siguientes canciones intentamos sacar algo diferente, con algún punto para que quien quiera darle la vuelta de tuerca la pueda tener. En los shows igual. Hace dos años también incluí dentro del equipo a dos bailaoras maravillosas que hoy día me acompañan, que también le han dado un punto enorme al show. Todo lo que pueda hacer que sea un show que la gente lo disfrute y que me parezca interesante y que el show mejore por supuesto, para adelante, dentro del potaje. ¿Cómo sabes cuándo está terminada una canción?Ahí viene lo complicado. Como decía Paco de Lucía, las canciones no se terminan, se abandonan. De hecho hay canciones que es Alba [Reig], mi pareja y la persona que me produce todos los temas y con la que compongo... Es ella la que me dice: "María, ya. Yo creo que tienes que parar de darle vueltas a la canción y que ya está más que lista y no vas a grabar más las voces y ya está perfecto". Y hay otras veces que tú ya la ves redonda, que tú dices: "No, no puedo meter ni quitar más". Más que nada porque lo mismo va para peor. Ya todo lo que quieras añadir, lo que está es quitándole esa naturalidad con la que ha nacido o esa cosita que la puede hacer especial. Yo creo que hay veces que se nota y otras veces que si le estás dando demasiadas vueltas ya es cosa de tu cabeza. De [decirte]: "Bueno, ya está, esto guárdatelo para el siguiente libro, María, no pasa nada". Sobre todo con las letras: yo con las letras no te puedes imaginar la de vueltas que le puedo llegar a dar. La letra, hasta última hora. Sobre todo si es algo en lo que me estoy mojando, ahí sí que le doy muchas vueltas para que no se tergiverse nada. Al principio no me pasaba tanto, al principio sí que soltaba las cosas tal y como me venían. También es algo que estoy intentando limar todo el tiempo, que el mensaje no se pierda por el camino.¿Al ser letras en muchos casos con su carga reivindicativa es importante encontrar la palabra precisa?Sí, totalmente. Me he encontrado en situaciones en las que, una vez sacada la canción, lo he dicho con una intención y antes de llegar al estribillo me estoy encontrando con muchos peros: "Pero es que aquí no sé qué". Bueno, pero llega al estribillo, que no va por ahí la historia. Entonces, con eso sí que me como mucho la cabeza precisamente por eso. Para intentar salvaguardarme, que nunca te puedes salvaguardar, [porque] luego hay un momento que la canción ya es de la gente y no es tuya y las interpretaciones hay tantas como cabezas, evidentemente. Claro. Por ejemplo, con el disco El Evangelio me hice, vamos, prácticamente un trabajo de fin de grado. No sé la de libros que me he podido leer para que todo estuviera bien hilado. O sea, en esas cosas mi ADN de señora estudiosa ahí está, evidentemente.¿Cómo sabes las canciones que incluyes en un LP y las que dejas fuera? ¿Es un proceso también en colaboración con Alba y con más gente o cómo haces eso?Sí, es una mezcla, pero las que se quedan fuera es lo que hemos hablado antes: ¿cuándo la abandonas? No todo lo que salga de ti, porque salga de ti, tiene que estar bien hecho. También hay que tener ahí una autocrítica de [pensar]: "No porque yo haya compuesto esto quiere decir que sea una buena canción". No. De hecho hay algunas que al tiempo las escucho y digo: "Oh, María, vaya patinazo aquí". Con el tiempo también se va mirando con perspectiva. Hay muchas veces que pasa eso. En El Evangelio se quedaron [fuera] tres o cuatro que estaban ya listas. No venían con el hecho que fue cogiendo el disco. Y hay muchas que lo mismo después yo las escucho y digo: "En verdad esta es graciosa". Pero no venía, no venía con el disco en sí. Y retroalimentarme con otros artistas —compongo mucho con Miguel, de Antílopez— me da también otras perspectivas, otras maneras de escribir y de entender.​Hay canciones que directamente si yo quiero unas melodías más bambineras [digo]: "Miguel, tú que tienes ese puntito de esto, pásame alguna idea de no sé cuánto". Y hay canciones que parten directamente de la producción, o sea, un single que vamos a sacar ahora en septiembre ha partido directamente de una idea que se me ocurrió y se la comenté a Alba y Alba ha hecho ya la producción. Entonces vamos a hacer el tema encima de algo producido. Vamos haciendo el encaje de bolillos según lo que requiera el tema.Publicidad¿En qué punto dirías que está hoy el flamenco? ¿Tiene buena salud? ¿Está discriminado? El flamenco está gozando en general de un buen momento. Se le está prestando mucha atención, aunque haya sectores sociales que sigan denostándolo. Es curioso. Mientras mucha gente está escuchándolo, es como que todavía hay gente que está liada con qué es flamenco, con qué no es flamenco y a qué cosa se le llama flamenquito y se le añade el -ito, no sé si a veces para hacerlo hacerlo de menos o no sé. Yo creo que sí, que mientras más gente llegue [mejor]. Como decía Morente, no tiene que ser el flamenco algo de minorías. Tendría que ser de las mayorías. Yo creo que poquito a poco está metiéndose en la cabeza de mucha gente, precisamente por las fusiones que está teniendo. Pero también es muy necesario que estén esos puristas diciendo qué es flamenco y qué viene del flamenco. En eso siempre soy muy estricta. Por eso siempre digo que yo no soy cantaora. Yo soy flamenca, pero flamenca como actitud, como manera de expresarme, que se me mezcla mucho con mi andalucismo a la hora de explicar las cosas, porque es mi manera de decirlo. Y flamenca, pues, a la hora de hacer un potaje, pero yo no soy capaz de cantar una soleá. Precisamente por el respeto que le tengo a las compañeras y los compañeros que tienen grandes estudios de todos los palos del flamenco y de todas las maneras. Entonces, yo ahí siempre separo. Ahora, a nivel global, social, pues mira, ahora pones un novedades del viernes de Spotify y sí que te encuentras cosas flamencas. Eso yo no sé si en algún momento lo hubiéramos podido tener en el mainstream general. Con motivo del 28F el centro de estudios andaluces sacó una encuesta sobre identidad andaluza que exponía que hay más gente que cree que en el resto de España se habla mal de la comunidad de la que piensa que se habla bien. Un 41% frente a un 34%. Luego había otros datos, que hablaban del orgullo mayoritario de ser andaluz. ¿Qué es para ti Andalucía? ¿Cómo la ves en este momento? ¿Cómo se ve desde fuera? ¿Cómo se ve desde dentro? ¿Es necesario un andalucismo activo?[La cuestión es] cómo nos concebimos nosotros mismos y cómo nos defendemos, y si esa defensa la podemos llamar orgullo andaluz, pues podremos llamarla así. Ahí es donde van a empezar a venir los cambios. No desde el punto pasivo de a ver qué perspectiva tienen de nosotros de Despeñaperros para arriba. Es que cuando estés viendo que hay una andalufobia clara o que te están tratando de manera diferente o que te están hablando de manera diferente o que te están haciendo de menos, [puedes] decir: "Oye, esto ¿por qué está ocurriendo en este momento?". Y si en ese momento sale ahí el pilotito, la alarma de que es precisamente por Andalucía, igual que hemos hablado antes de las vergüenzas, pues no me tiene que dar vergüenza. Yo no tengo que decir más eses para que tú sientas que yo soy más culta. Entonces, en esas hay que dar el paso al frente y decir: "Oye, mira, ¿por qué me estás tratando así?". Yo he llegado a decir a alguien: "Oye, ¿te pasa algo en la boca?". Porque me han querido imitar metiéndose con mi acento. ¿Por qué? ¿Por qué está pasando esta situación? Yo no me estoy metiendo aquí con nadie. Y si notas eso y te salta la alarma, no [debemos] tener vergüenza en decir: ¿qué ha pasado aquí?. Y conversarlo: "¿Por qué tú tienes esta perspectiva de mí?". Me cuadran perfectamente las estadísticas, tanto por un lado como por otro. PublicidadEl último single, titulado No estoy católica, salió justo cuando estaba el papa en España. ¿Eso fue una coincidencia o había un mensaje?Coincidencia absoluta. Ese fin de semana que sale que viene el papa además se nos había ocurrido poner, sobre todo en Madrid, muchos carteles como si fuera una película para estrenar el videoclip. Yo no había caído que por Gran Vía y por todas esas zonas iba a pasar el papa y ahí estaba el cartel mío de No estoy católica con Satín Greco, la última ganadora de Drag Race. Las dos así puestas, divinas. No estoy católica y el papa por delante. A ver, a mí esto me lo cuentas hace unos años y yo me meo de risa. Evidentemente no está hecho con ningún tipo de búsqueda de confrontación. De hecho la expresión "no estoy católica" la crearon los propios católicos. Entonces, quien quiera creer que yo lo he hecho para buscar algún tipo de controversia porque no ha buscado el origen de la expresión… De hecho, es una expresión que se dice mucho, por lo menos en Andalucía. Yo el día que tengo así un poco más revolucionado, digo: "Yo hoy no estoy católica". Pero claro, lo del papa yo no lo había controlado.Has reivindicado en alguna ocasión a Rocío Jurado y a Lola Flores. ¿Cómo de importantes son los referentes? ¿Qué relevancia le das a los referentes femeninos en la música y en la escena y en el arte en general a la hora de servir de apoyo de la gente joven?Te facilita saber dónde quieres ir, aunque termines yendo a otros lados. En el caso de las mujeres homosexuales, yo de pequeña no tenía ningún referente de mujer lesbiana. Entonces, se me hacía mucho más complicado imaginarme qué es lo que me pasaba a mí por dentro. O la niña que quería ser futbolista, si enciendes la televisión y desde Oliver y Benji hasta la propia selección no se ve ni una mujer jugando al fútbol y cuando vas a coger un balón te llaman marimacho y te dicen que te pongas de portera porque eres la que sobras y no tienes referentes y no sabes si existen y no sabes si de repente eres la persona más rara del mundo o es que es el mundo el que está un poco raro. Otra cosa es que la sociedad las haya tomado [o no] como referencia. Hoy día te ves un documental de Lola Flores, de Rocío Jurado, que estamos hablando de ellas, y dices: "Dios mío de mi vida, si es que estas mujeres corrían cuando estaba la gente haciendo el moonwalker para atrás". Pero es que claro, si una sociedad no pone la luz en lo que están diciendo, en lo que están haciendo y en lo que están luchando, no la puedes tomar como referente. Entonces, creo que estamos corriendo todos a la vez en ese sentido de que está habiendo mujeres referentes, se les está llamando referentes y tú tienes la opción de poder ser lo que te dé la gana en cada momento en la sociedad. Tanto en lo artístico, como en lo deportivo, como en las profesiones en general. Las niñas podrán ser astronautas si quieren, podrán ser futbolistas si quieren, podrán ser cantantes, escritoras o técnicas radiólogas. Claro que son importantes los referentes no solo en el arte, sino en todo. Socialmente no tendríamos que dar pasitos atrás, [tendríamos] que [evitar que] todo lo que hemos andado [antes] no lo tenga también que andar la chiquilla, por ejemplo, que quiere jugar al fútbol. Hostia, que me hubiera gustado a mí de chica que me hubieran pasado el balón tan rápido.En este contexto que vivimos en estos tiempos de algunos avances y a la vez de retrocesos y de reacción, ¿qué valor tiene la música? ¿Tiene un valor de refugio, de empatía?La música y el arte en general tiene ese poder. Por un lado, es la muestra más clara de la sociedad en la que estamos viviendo. Se ve en las canciones, en de qué hablan. En su momento, cuando se hablaba en las coplas de lo que pasaba en casa, eran los telediarios más reales. El arte en sí cuenta la historia de la sociedad en la que estamos y en ese sentido tenemos dos vertientes: que te sirva como refugio emocional y que te cure un poquito el alma y al mismo tiempo tiene ese poder de meterse en tu cabeza sin que te des cuenta de que se ha metido. Es como un mensaje subliminal constante. De lo que más orgullosa estoy es de ver a un facha bailando La niña. Creo que ha sido de las cosas más chulas que me han podido pasar y que el hombre después, también te digo, que se me ha acercado y me ha dicho: "¿Dónde está ese bar que solo van chicas para ir yo?". Y digo: "Ay, mi niño, que se ha enterado de la misa, la mitad". Que si él va a ese bar nos vamos todos corriendo. Pero bueno, ahí estaba el hombre bailando La niña. Pues eso. Es una manera amable de decir cosas, una manera combativa, pero no doliente, de poder cambiar cosas de la sociedad. Por eso es tan importante en el arte incluir tanto los mensajes desde el punto personal, que escuches una canción para sentirte mejor o para desahogarte, como también meter algún mensajito que otro en las cabezas.