Los setos son al jardín lo que las paredes a la casa: estructuran y definen los espacios. Cuando se pasea por un parque, la vereda de los caminos se acompaña, en numerosas ocasiones, por un seto de mayor o menor altura, especialmente cuando el diseño opta por separar a los andariegos de quienes optan por asentarse en las praderas interiores, por ejemplo.Un seto es una barrera visual y física que separa dos ámbitos y consiste en plantar una sucesión de especies —normalmente leñosas, ya sean árboles o arbustos— formando un murete de líneas rectas o curvas. La altura de un seto puede ser muy variable, dependiendo de lo que se quiera conseguir y de las especies que lo conforman. Aquellos más bajos reciben el nombre de bordura y no suelen superar el medio metro de altura; su misión es enmarcar los lugares de plantación que se originan con otras especies. Los setos bajos alcanzan hasta poco más de un metro y, por encima de esa medida, aparecen los setos medios. Entre los dos y los cuatro metros se habla de seto alto y, a partir de ahí, ya se habla de pantalla o de barrera, ideadas para cortar los vientos dominantes y proteger al jardín o al vivero de sus efectos adversos. Hay quienes incluso plantan especies más resistentes al fuego para generar estas pantallas, como el ciprés (Cupressus sempervirens), para paliar la nefasta y triste consecuencia de los incendios.Aparte de estructurar el jardín, los setos tienen multitud de funciones extremadamente beneficiosas, de las que aquí se podría enumerar una buena ristra: evitar las miradas indiscretas de vecinos cotillas y aburridos de sus propias vidas, incluso en las azoteas de los edificios; guiar al paseante para encaminarle por los distintos espacios de un jardín; proteger a plantas más sensibles al sol o al frío; o generar recovecos secretos dentro del jardín, para solazarse en un feliz sosiego. Las especies para conseguir tales fines, y otras que se verán a continuación, son infinitas, casi solo limitadas por el tipo de mantenimiento que se vaya a aplicar al seto. Las favoritas suelen ser plantas de hoja perenne, aquellas que mantienen la hoja verde durante todo el año, como le ocurre al laurel (Laurus nobilis). Pero también se utilizan las plantas caducas para ocasionar marcados ritmos de otoñada y de brotación primaveral, siempre deseables en un jardín. Una tercera categoría sería la de los setos marcescentes, que son los establecidos por especies como los carpes (Carpinus betulus) y las hayas (Fagus sylvatica), cuyas hojas permanecen marrones y secas sobre sus ramas invernales, una característica muy estética —en contra de lo que se pudiera pensar— al producirse un contraste maravilloso con otras plantas que permanezcan verdes con el frío. Para comprobar este extremo no hace falta más que ver alguna de las fotos de los jardines de La Granja de San Ildefonso o de algún otro jardín histórico, donde estas especies han sido ampliamente utilizadas para formar pantallas vegetales.A propósito de estos últimos jardines centenarios, es también habitual que una de las estructuras en la que los setos participan sean los laberintos, responsables de ocasionar incluso algo de pánico a las personas que se pierden entre sus ramas (véase la película El resplandor...). En este y otros casos tienden a ser setos monoespecíficos, creados a partir de una sola especie, que es lo más frecuente en setos perimetrales y de todo tipo. Pero, adicionalmente, existe la posibilidad de plantar setos con distintas especies juntas para originar un contraste mayor, algo más habitual en zonas del norte de España o en países vecinos como Francia.Allí, los setos de cerramiento de las fincas pueden estar compuestos por una docena de especies diferentes, a las que se deja crecer de forma más o menos libre, sin aplicar una poda excesiva, para que cada ejemplar muestre su anatomía natural. Así, no es raro ver crecer forsitias (Forsythia spp.) al lado de eleagnos (Elaeagnus × submacrophylla), fotinias (Photinia spp.), viburnos (Viburnum spp.), lilos (Syringa cv.), aligustres (Ligustrum spp.)... Un ejemplo de seto libre, aunque asilvestrado y perteneciente al mundo agrícola y del paisaje domado, es el del bocage, donde los árboles, los arbustos, la piedra y los campos conviven en una armonía prodigiosa, todo ello en beneficio del ser humano que los ha creado.Antes se ha mencionado el recorte, que es una de las tareas imprescindibles cuando se quiere mantener un seto, ya sea uno estructurado y formal (muy recortado) o uno de forma libre (más natural). En el primer caso, al menos serán necesarios un par de recortes anuales, lo que dependerá del tipo de especie, de la cantidad de agua y abono y de algún que otro factor más, como la altura final que se desee conseguir. En el segundo caso, el de los setos libres, también será conveniente aplicar pinzados —podas ligeras de despunte de las ramas— o incluso podas más severas, para redimensionar plantas que han excedido las necesidades del demiurgo jardinero.Aunque hasta aquí se han propuesto solamente árboles y arbustos para modelar un seto, incluso se pueden utilizar otras plantas, siempre y cuando resistan el recorte y/o formen una densa cobertura de ramillas para conseguir el murete deseado. Otra participante cotidiana de los setos es el bambú, que es una gramínea, en alguna de sus muchísimas especies: Phyllostachys aurea, Phyllostachys reticulata, Phyllostachys nigra, etcétera.Otra de las cualidades de un seto es la de servir de barrera defensiva frente a los intrusos. Para ello, incluso se eligen especies que estén armadas de pinchos, como las autóctonas que conforman la orla espinosa de los bosques ibéricos: rosales silvestres (Rosa canina y otras), majuelo (Crataegus monogyna), endrino (Prunus spinosa), agracejo (Berberis hispanica), espino cerval (Rhamnus cathartica)... Asimismo, la encina (Quercus ilex), cuando se planta para este fin en su forma columnar, produce una intrincada red de ramas sobre la que se asientan hojas de márgenes espinosos, como respuesta al recorte, o se utiliza el acebo (Ilex aquifolium), de molestas hojas punzantes. También se recurre a plantas jardineras que históricamente han participado de estos muros protectores, como el bello naranjo trébol (Citrus trifoliata) o las piracantas (Pyracantha spp.), entre otras muchas. Como se puede comprobar con algunas de las especies nombradas, varias producen frutos, un aliciente para alimentar a la fauna local, como las aves, que comerán ávidas la carne producida por estos frutalillos silvestres. Por la misma razón, y además para alimento humano, se cultivan en forma de seto frutales como el manzano, el peral y otros, establecidos en espaldera o en otra estructura que haga una pantalla, una buena posibilidad también para tener su generosa producción en lugares pequeños, con menos espacio disponible. Aparte de nutrir a la fauna, todos los setos procuran refugio a los animales e incluso les permiten anidar entre su follaje. Un seto, por lo tanto, irradia biodiversidad por sus cuatro costados, que es lo deseable en un jardín. Esta se ve incrementada si, de cuando en cuando, asoma un árbol entre medias, para completar la estética del seto.Muchos de los jardines míticos del imaginario colectivo no lo serían sin la presencia de los setos, y alguno está estructurado solamente con su mera presencia, como le ocurre al del patio de los Arrayanes de la Alhambra granadina. En la próxima visita a un jardín, será bueno enfocar la mirada en los setos, para valorar sus formas y beneficios jardineros.