En la India, donde los políticos rara vez se doblegan ante el público, la Generación Z ha humillado a un gobierno.
El 25 de julio, estudiantes manifestantes obligaron al ministro de Educación, Dharmendra Pradhan, a dimitir, cumpliendo así la principal demanda de un creciente movimiento de protesta.
El mes pasado, el ministro había calificado a los manifestantes como un “equipo B de elementos disruptivos”.
Sin embargo, en una disculpa poco convincente publicada en redes sociales, Pradhan, estrecho colaborador del primer ministro Narendra Modi, afirmó que renunciaba para “permitir que nuestros hijos dediquen su tiempo a los estudios y se centren en construir sus carreras”.
El Partido Janata de la Cucaracha (CJP), un movimiento juvenil emergente, exige la dimisión del ministro desde mayo, cuando la filtración de un examen frustró los sueños de 2,2 millones de aspirantes a la facultad de medicina, quienes tendrían que repetir la prueba, altamente competitiva.






