Amor… o lo que surja es la primera baja de las nuevas tardes de Telecinco. El regreso de Mujeres y hombres y viceversa en formato más adulto ha sido rechazado por el público. El equipo de Mediaset quería probar y diferenciarse de los asentados seriales de sobremesa con la efervescencia del amor que tan bien les funciona en espacios como FirstDates, La Isla de las tentaciones y Amor a primera vista. Las tragedias del romanticismo enganchan. A todos alguna vez nos han rechazado. A todos alguna vez nos han ilusionado. Todos nos identificamos.Pero Amor… o lo que surja no ha entrado por los ojos. Primero porque era feo de ver. Y un programa de amor debe transpirar ese punto aspiracional de llevarte a un lugar bonito que te evade de la rutina. En cambio, su plató está mal iluminado, así los protagonistas parecen salidos de un after. Tampoco ayudan las citas en exteriores, rodadas en esos bares con decoración que solo es acogedora en un polígono. Bares de los que queremos huir en verano para salir de la claustrofobia de nuestras propias monotonías.Un universo decadente que solo podía remediar el casting de personas buscando el amor. Al fin y al cabo, la tele también es enamorarnos de quienes nos encontramos en sus programas. Pero Telecinco ya no es la "charca" de moda en la que todo el mundo quiere estar. Incluso da la sensación de que solo quieren ir a sus formatos aspirantes a famosos que imitan la tele de hace veinte años. Y, claro, el casting se parece muy poco a la sociedad de hoy. Han intentado que existe variedad de edades, sí. Sin embargo, casi todos reproducen un canon de tacón, camiseta abierta y rayo uva que no representa a la pluralidad de calle. Es como sintonizar un programa de época, pero sin haber pasado el suficiente tiempo para idealizar los años 2000 en nuestra cabeza. Lo mejor del programa han sido las asesoras del amor, que intentaban actualizar los discursos más rancios de determinados candidatos y candidatas. Sus apuntes enriquecían el relato. Con Anabel Pantoja y Ana Santiago se ha enriquecido el guion del formato. Difícil tarea, pues no había ningún coqueteo extraordinario en este plató de decorado mustio, perfecto para deprimirte mientras observas en Instagram a todos los populares que sigues chapoteando en su piscina infinity. El FOMO se acrecienta al mirarte a ti mismo en el sofá, con las persianas bajadas para cobijarte del sol y con Carlos Lozano enfrente, intentando moderar un debate sin nada que debatir desde una barra de bar puesta en una esquina del estudio de Mediaset. Otro retal sacado de algún almacén. Es el problema de Telecinco: parece estar hecho a retales de recuerdos, de decorados decadentes, de reuniones de aspirantes a famosos que oprimen una vida que hoy es más diversa, más rica, menos estirada, menos cuadriculada. Ya ni te cuento en las seducciones del amor. Hay que salir más. O solo retransmitirás prejuicios. Y la tele, aunque últimamente no lo parezca mucho, es la luz que los rompe.
Telecinco cancela 'Amor... o lo que surja': los errores de un programa que no parece de hoy
El programa emitirá su última entrega el próximo viernes.







