La primera vez que Lucrecia Mastrangelo vio una exhibición de Ballroom en una plaza de Rosario sintió curiosidad. Venía de filmar El laberinto de las lunas, documental sobre maternidades e infancias trans, y ya conocía parte de ese universo. Pero fue el encuentro con Aurora lo que terminó de definir el rumbo de Amor travesti. La adolescente soñaba con participar de un Ballroom mientras atravesaba su transición de género y esa historia personal comenzó a dialogar con otra mucho más amplia: la de una comunidad que encontró en esa cultura un espacio de pertenencia, militancia y reparación colectiva. El documental, que llega al Cine Gaumont, combina observación íntima, poesía, performance y reflexión política para pensar el derecho a la identidad desde el afecto y la organización comunitaria. —¿Cómo encontraste el equilibrio entre contar una historia íntima y, al mismo tiempo, retratar una experiencia colectiva? —En Rosario comenzaron a verse muchas muestras de Ballroom en plazas y otros espacios públicos, y surgió mi curiosidad por entender qué estaba pasando. Mi película anterior, El laberinto de las lunas, ya me había sumergido en el universo travesti trans. Cuando conocí a Aurora me contó que su mayor aspiración era participar de un Ballroom y ahí sentí que las historias empezaban a cruzarse. Después descubrí que el Ballroom es una cultura antirracista que sostiene política y grupalmente las historias individuales. En ese momento ya no tuve dudas sobre el camino que debía tomar la película.
“Ya es hora de ser narradas por nosotras mismas”
La directora Lucrecia Mastrangelo estrena un documental sobre identidad, ballroom, maternidades y comunidad.







