La semana pasada, la web Hugging Face fue víctima de un ciberataque. No uno cualquiera, uno tan sofisticado que solo una IA muy capaz lo podía haber hecho. Si el qué y el cómo son relevantes, el dónde aún más: Hugging Face es el mayor repositorio de modelos abiertos de IA, donde aficionados y empresas los comparten. Que el epítome de la actual revolución de la IA haya sido pirateado con IA tiene algo de señal cósmica.No ha sido hasta esta semana que hemos sabido quién había detrás. OpenAI. Sí, Sam Altman y sus ingenieros atacando a una empresa. Según información del blog de la propia compañía, resulta que estaban probando sus modelos más capaces —el GPT-5.6 Sol y otro que no han revelado— para medir hasta dónde llegan haciendo ciberataques. Lo hacían en un entorno cerrado, una especie de jaula virtual. Como estaban enjaulados, les habían quitado expresamente todas las salvaguardas para que pudieran hacer todo lo que supieran, por dañino que fuera. Para medir las capacidades de un modelo en el ámbito de la ciberseguridad existe un benchmark público de referencia que se llama ExploitGym. Siempre según el blog de OpenAI, sus modelos se “escaparon” y acabaron atacando a Hugging Face: “Consideramos que se trata de un incidente cibernético sin precedentes, con capacidades cibernéticas de última generación”.Dado RuvicReutersLa versión oficial es, pues, que uno de los modelos se habría escapado y habría ido por libre hasta encontrar solo la salida a internet, explotando agujeros que nadie conocía, los temidos zero-days y los habría encadenado con maña hasta piratear Hugging Face. Los titulares se escribieron —¿generaron?— solos: la rebelión de las máquinas ya está aquí; ni sus propios creadores pueden controlarlas. Prometeo, el Gólem, Frankenstein, HAL, Terminator.Todo esto ha pasado justo cuando Anthropic, la competencia, ha superado a OpenAI en ingresos y Claude le ha robado la conversación a ChatGPT. Justo cuando el Gobierno de Trump acaba de vetar y autorizar en dos semanas los modelos Mythos y Fable de Anthropic por seguridad nacional. Justo cuando ambas empresas se preparan para salir a bolsa en otoño con valoraciones que dependen de lo capaces que parezcan sus modelos.¿Convertir una crisis de seguridad fruto de una mala praxis en una campaña de marketing? Sujétame el Old Fashioned.EstrategiaAnthropic y Open AI ultiman sus salidas a bolsa. ¿Sam Altman ha convertido una crisis de seguridad fruto de una mala praxis en una campaña de marketing?No estoy diciendo que el incidente no haya ocurrido. Soy de ciencias y en ciencias no hay verdades absolutas, solo probabilidades. Pero mientras investigadores independientes no puedan hacer un análisis forense de lo que pasó (spoiler: no pasará), nadie puede saber nada a ciencia cierta. Pero no hace falta ser abogado del diablo: la navaja de Occam la pone la propia OpenAI.Si leemos la literalidad del post de OpenAI, los modelos ni se rebelaron ni conspiraron contra nadie: solo estaban haciendo lo que los ingenieros les habían ordenado, encontrar las respuestas del test al que los sometieron. E hicieron trampas. Lo admite OpenAI con todas las letras cuando dice que los modelos estaban “centrados obsesivamente en encontrar una solución para ExploitGym”. Dedujeron que las respuestas del test se guardaban en Hugging Face y fueron a robarlas. ¿Y la jaula? Pues resulta que sí, que estaban encerrados en ella, pero alguien se había dejado la puerta abierta: el entorno donde en teoría los modelos estaban aislados de internet tenía una brecha de seguridad de red por un error de configuración. Apostaría a que fue eso y nada más. Que lo hiciera de un modo que los ingenieros no esperaban forma parte de sus capacidades.Quitarle la pátina apocalíptica no es quitarle hierro. El incidente demuestra que estos modelos son un riesgo real de ciberseguridad: encuentran y encadenan vulnerabilidades en sistemas de verdad, sin ver el código. Y va a más. CrowdStrike cifra en un 89% el aumento interanual de los ataques con IA; Anthropic ha visto subir del 33% al 56% el porcentaje de actores peligrosos que ya la usan, y el pasado noviembre desmanteló el primer ciberataque autónomo a gran escala, obra de un grupo estatal chino. El peligro es real, no hace falta ninguna rebelión. A una máquina muy capaz, sin salvaguardas y con los objetivos mal especificados, para hacer daño no le hace falta ninguna voluntad propia.Hay un segundo subtexto en toda la historia. Aparece cuando pasamos la navaja, llamémosla de Lao Tse. En Hugging Face utilizaron IA para defenderse primero y para hacer el análisis forense del ataque después. Y, ¡ay!, los modelos comerciales —los de OpenAI, los de Anthropic— llevan salvaguardas de ciberseguridad que los hicieron del todo inútiles, porque se negaban a examinar el código malicioso. Lo tuvieron que resolver con un modelo chino abierto, el GLM 5.2, que pueden descargarse de Hugging Face y utilizar sin restricciones (a diferencia de cuando corren en los servidores web chinos: no hace falta que les preguntéis por el Tíbet, por los uigures o por Tiananmén).Los modelos de IA no se escaparon: buscaban las respuestas del examen y la puerta de la jaula estaba abierta¿Los americanos como malos y los chinos salvando el mundo? No exactamente, hay más subtexto. Lo que ha ayudado a Hugging Face no es el hecho de que el modelo sea chino, sino que el modelo sea abierto, y que el marketing no sea un factor. OpenAI quita las salvaguardas y luego vende el desastre como si fuera una gesta. Los modelos occidentales privados, o son inservibles u objetores de conciencia. Y China, que aquí es la buena, es la misma que firmó aquel ciberataque estatal y que utiliza la IA para controlar a sus ciudadanos. En esta historia no hay héroes ni villanos: tanto aqueos como troyanos saquean y mienten, con los dioses haciendo trampas a un bando y al otro.OpenAI ha convertido una crisis en una oportunidad, fiel al tópico según el cual la palabra china wēijī —crisis— significa también oportunidad. Fiel al tópico, también falso. Wēijī en chino no significa oportunidad sino punto de inflexión, momento crucial. La traducción honesta no es pues “oportunidad que trae la crisis”, sino “momento crucial en el que hay peligro”. Wēijī.