El 17 de junio de 2010, apenas un día después de la inesperada derrota de España ante Suiza durante su estreno en el Mundial de Sudáfrica, The Times publicó un artículo que se convertiría en uno de los ejemplos más paradigmáticos del sexismo al que se ven sometidas las parejas de los futbolistas. Bajo el titular Spain's defeat? Blame the girlfriend, el diario británico situaba a Sara Carbonero, entonces periodista de Telecinco y cuya pareja era Iker Casillas, en el centro de la explicación del tropiezo de la selección. PublicidadNo fue la única machistada que regaló a las y los lectores aquella edición del diario británico. Al artículo le acompañaba otro texto titulado Sexy Sara sinks Spain. Ambos venían a culpar a Carbonero, que se encontraba a pie de campo trabajando, de la derrota. Aquel episodio debería parecer hoy, 16 años después y tras intensos años de enseñanzas por parte de los feminismos, un anacronismo, pero la realidad dice otra cosa. La polémica en torno a Inés García y Lamine YamalTras la histórica victoria de la selección española masculina en el Mundial de 2026, la influencer Inés García, cuya pareja ahora es Lamine Yamal, ha terminado estos días inesperadamente siendo el centro de muchas conversaciones. Tras las celebraciones comenzaron a circular en redes sociales vídeos de apenas unos segundos en los que algunos usuarios interpretaban que el delantero apenas le prestaba atención. Otros recuperaron fotos del perfil de Instagram de García con amigos para decir que apenas tres semanas antes de empezar su relación con Yamal supuestamente tenía otra pareja. Ella, cómo no, la interesada, la frívola, la picaflor.Esas imágenes desembocaron, además, en la difusión de un supuesto comunicado donde la joven respondía a las críticas y denunciaba los mensajes de odio que estaba recibiendo. Aquel comunicado, sin embargo, nunca existió. Tal y como confirmó ella misma, el texto era falso. Lo que sí ha trasladado recientemente su entorno a la revista ¡Hola! ha sido que García está "sobrepasada" por la enorme repercusión que han tenido las imágenes de aquellos días y por el volumen de comentarios que ha suscitado su aparición pública junto al futbolista. PublicidadEntre la situación que vivió Carbonero y la que está experimentando la influencer media más de una década y media, pero el patrón apenas ha variado. Es bastante frecuente ver cómo parejas de personalidades del mundillo futbolero se convierten en objeto de escrutinio público, en fuentes de motivación o lastres emocionales. ¿Por qué sigue ocurriendo? ¿Por qué recaen en ellas con tanta facilidad sospechas sobre su supuesta influencia, su presunto interés económico o su prodigiosa capacidad para condicionar el rendimiento de los jugadores?"Seres inferiores y malignos con deseos ocultos""Se aprovecha para atacar a las mujeres y, al mismo tiempo, quitarle responsabilidad al deportista", resume Ana Pastor, divulgadora deportiva especializada en género, feminismos y diversidad. A su juicio, utilizar la vida privada de un jugador para justificar su desempeño profesional responde a una forma de machismo que sigue entendiendo a las mujeres como "entes distractores" llamados a ejercer una mala influencia. Lo paradójico, añade, es que apenas existe la narrativa inversa. Ana Pastor, divulgadora deportiva feminista: "Hecho en falta que los jugadores-novios también saquen comunicados al respecto""Todo corresponde con la herencia cultural de vernos como seres inferiores y malignos con deseos ocultos. También está la nula voluntad de muchos hombres (porque la mayoría de las críticas parten de ellos) de cambiar esa forma de pensar. Hecho en falta que los jugadores-novios también saquen comunicados al respecto y que no tengan siempre que ser ellas las que tengan que hacer pedagogía con la grada misógina", critica Pastor.PublicidadPara Alba Adá-Lameiras, profesora de la Universidad Rey Juan Carlos y periodista especializada en deporte y género, el mecanismo responde a que "siempre se intenta visibilizar esa imagen de mujer que frena la carrera del hombre". Si bien la realidad suele ser justamente la contraria. En muchos casos son ellas quienes modifican o interrumpen sus propias trayectorias profesionales para acompañar la carrera deportiva de sus parejas, adaptándose a fichajes, mudanzas y una vida marcada por los calendarios del fútbol profesional. Ese trabajo invisible apenas ocupa espacio en el relato público. "No se visibiliza ni se premia", lamenta.Alba Adá-Lameiras, profesora de la Universidad Rey Juan Carlos: "Siempre se intenta visibilizar esa imagen de mujer que frena la carrera del hombre"El ejemplo de Shakira, recuerda Adá-Lameiras, resulta ilustrativo. Durante años fue a ojos de muchos la mujer que distraía a Gerard Piqué o condicionaba su carrera, pese a que ella misma explicó que había ralentizado parte de su actividad profesional para favorecer el proyecto familiar y la continuidad deportiva del futbolista. "No pueden soportar ver a mujeres exitosas, jóvenes, independientes que generan sus propios ingresos, que se muestran como quieren en redes sociales sin pedir ni permiso ni perdón, y que tienen un estatus e influencia que muchos pagarían por tener. El sesgo cultural que atraviesa esto responde al machismo que históricamente ha buscado controlarnos a nosotras y lo que se contaba de nosotras", argumenta Ana Pastor.Cuando no se las culpa de distraer al jugador, aparecen otros viejos estereotipos igualmente reconocibles. Interesadas, manipuladoras, superficiales, mantenidas o cazafortunas. Da igual que sean actrices, cantantes, deportistas, periodistas o creadoras de contenido con carreras consolidadas. Su identidad profesional queda relegada a un segundo plano.Carla Galeote, activista feminista: "Se las juzga por estar al lado de un hombre rico, no por quiénes son ni por lo que hacen""Se las juzga por estar al lado de un hombre rico, no por quiénes son ni por lo que hacen", resume la activista feminista y abogada Carla Galeote. Adá-Lameiras coincide en que esos relatos sobreviven incluso cuando chocan con los hechos. Cita el caso de Ester Expósito, que ahora mantiene una relación con Kylian Mbappé. "Ellos son los héroes y nosotras somos las villanas, las invitadas o las acompañantes", resume la profesora, "la novia de".Ese relato, añade, encuentra además un aliado fundamental en los propios medios de comunicación. Cada gran competición deportiva viene acompañada de galerías, clasificaciones y reportajes sobre las parejas de los jugadores: quiénes son, cómo visten, qué hacen o cuáles son las "novias más guapas" del torneo. Esa cobertura, sostiene, contribuye a cosificarlas y a fijar el papel que la sociedad espera de ellas. "Se hacen rankings, se visibiliza y se cosifica a las mujeres muchísimo", afirma. Después, ese mismo mensaje es reproducido en redes sociales, donde adquiere una velocidad y un alcance muy superiores.Tanto Adá-Lameiras como Galeote coinciden en que plataformas como X, TikTok o Instagram funcionan hoy como enormes amplificadores de prejuicios que ya existían. "Las redes sociales multiplican estos prejuicios porque premian el morbo, la simplificación y el señalamiento", apunta Galeote. La diferencia es que ahora cualquier vídeo de unos segundos, una fotografía o un comentario aislado pueden convertirse en cuestión de horas en un fenómeno viral capaz de desencadenar campañas de acoso como la sufrida por Inés García. "Las redes han contribuido a expandir un modelo a través de la creación del término WAG (Wives and Girlfriends) por parte de la prensa sensacionalista como una manera de frivolizarlas y deshumanizarlas cuando muchas de ellas son más conocidas y tienen más influencia que sus novios. Por suerte ahora son ellas las que tienen la palabra y los clichés que han rodeado a ese término se están transformando poco a poco", expresa en el mismo sentido Ana Pastor.PublicidadBasta repasar algunos casos más para comprobar el alcance de todo esto. Sara Sálamo ha sido responsabilizada durante años del supuesto declive deportivo de Isco y llegó a denunciar amenazas de muerte. Lauren Fryer, cuya pareja es el internacional inglés Declan Rice, se convirtió en objeto de una campaña de hostigamiento llena de gordofobia porque se supone que no respondía a los cánones de belleza que una parte de la afición considera propios de las parejas de un futbolista de élite. Antes fueron portadas de periódicos, hoy son las redes sociales las que amplifican este señalamiento, sin apenas voces que desde dentro de los vestuarios se planten frente a este circuito misógino.
Sara Carbonero, Inés García o Ester Expósito: el relato machista que persigue a las mujeres que salen con futbolistas
Los recientes comentarios sobre la pareja de Lamine Yamal han retratado la costumbre misógina de convertir a las mujeres que rodean a los futbolistas en el centro de la diana....











