Desde agosto, cobrar una banca en el Senado equivale a un sueldo bruto de $12.260.000 mensuales, resultado de la actualización de la paritaria de los empleados legislativos a la que los propios senadores ataron su dieta en abril de 2024. Es un aumento del 6,64% que se suma al 12,5% ya percibido este año, y que deja a los 72 integrantes de la Cámara alta, en conjunto, entre los pocos sectores de la economía que le ganan a la inflación. Pero detrás de ese número único hay 72 decisiones distintas. Algunos senadores rechazan formalmente el incremento. Otros lo donan a través de un convenio que administra la propia Presidencia del Senado (Victoria Villarruel). Otros lo cobran y lo donan de manera privada, aunque sin mucha transparencia. Muchos derivan parte de su dieta a "aportes partidarios", un mecanismo sin obligación de rendición pública. Y hay quienes, directamente, no hacen ningún gesto y cobran el sueldo completo. PERFIL relevó documentación oficial, recibos de sueldo modelo y testimonios propios para reconstruir, bloque por bloque, qué pasa realmente con ese dinero. Por qué no es lo mismo "rechazar las actualizaciones" que "donar" La dieta de un senador se compone de tres ítems: 2.500 módulos de dieta básica, 1.000 de gastos de representación y 500 de desarraigo. Cualquier senador puede, mediante una simple nota a la Presidencia de la Cámara, optar por renunciar al aumento, donarlo o mantenerlo íntegro. Fuentes legislativas explicaron a PERFIL que ese mecanismo "podría congelarse, aumentarse o incluso disminuirse si lo resolvieran en el recinto y lo votaran": la vía de la nota individual alcanza para adecuar la dieta propia, pero cualquier cambio de fondo en el sistema requeriría una nueva resolución votada en el pleno.