Hace unas semanas se producía un pequeño incidente en la sede de Anthropic, la startup de IA más valiosa del mundo. Un hombre lograba colarse en el vestíbulo del edificio (siguiendo muy de cerca a un empleado para aprovechar su tarjeta de acceso) con un sobre marcado con el nombre de un alto ejecutivo de la empresa. "Lo van a matar" y había "que avisarlo", dijo al guardia que lo detuvo, según revelaron registros publicados por la prensa de EEUU. El incidente quedó en nada, pero sucedía apenas unos días después de un intento de atentado con cóctel molotov contra la casa del CEO de OpenAI, Sam Altman. La policía de San Francisco lleva ya un creciente registro de varias amenazas contra empleados de Anthropic y OpenAI, según registros revisados por el Wall Street Journal. La promesa tecnológica de la IA ha dado paso rápidamente a una amplia gama de preocupaciones que van desde la destrucción del empleo al rechazo a la instalación de centros de procesamiento de datos por las molestias generadas y los costes medioambientales. En los últimos meses, la creciente oposición a la inteligencia artificial está generando ya un un aumento de la hostilidad, actos intimidatorios e intentos de sabotaje, lo que ha llevado a ejecutivos de grandes y pequeñas empresas tecnológicas a replantearse sus medidas de seguridad personal y la forma en que comunican sus productos a un público cada vez más receloso de la tecnología y de sus impactos sociales. De fondo, crecientes dilemas éticos sobre su uso en contextos militares y una preocupación por parte de las autoridades estadounidenses que estudian la posibilidad de que este inicial clima hostil acabe convirtiéndose en un nuevo tipo de terrorismo violento, en forma de sabotajes y ataques contra los centros de procesamiento de datos. La IA, un vecino insufrible El 15 de mayo, Eric Schmidt, cofundador de Google, fue el invitado de honor de la ceremonia de graduación de los estudiantes de la Universidad de Arizona. Como es tradición en Estados Unidos, dio un discurso pretendidamente motivador a los recién graduados que se lanzaban ahora al mercado laboral. Y se encontró con la sorpresa de que cada mención a la inteligencia artificial fue recibida por un abucheo de los estudiantes. La inteligencia artificial ha quemado en un tiempo muy corto esa etapa idílica en que tecnologías, como previamente los ordenadores personales, Internet, los smartphones y las criptomonedas, se percibían como una revolución que llegaba para cambiar nuestras vidas para siempre y, por el camino, creó una generación de multimillonarios rodeados de la mística de los emprendedores hechos a sí mismos. Las encuestas reflejan que Estados Unidos es uno de los países donde la ciudadanía más desconfía de la inteligencia artificial. La oposición a la instalación de centros de procesamiento de datos se ha convertido en una de las pocas causas capaces de unir a demócratas y republicanos en plataformas locales que luchan por frenar la instalación de centros de procesamiento de datos destinados a la IA o directamente introducir moratorias. Así, el estado de Nueva York ha prohibido la instalación de nuevos centros que consuman más de 50 megavatios por un año. Los anuncios de la instalación de centros de procesamiento de datos por parte de grandes multinacionales destacan el valor de las inversiones multimillonarias, los puestos de trabajo creados y la idea de que la localidad que las recibe se convierte en un polo de innovación, dando el salto hacia la era de la inteligencia artificial. En la práctica, un centro de procesamiento de datos no es una oficina llena de ingenieros y programadores que genera numerosos puestos de trabajo, sino que es una nave industrial altamente automatizada llena de ordenadores despojados de todos sus periféricos para ser instalados en armarios. Esa acumulación de ordenadores requiere complejos sistemas de refrigeración que consumen gran cantidad de agua destilada que se hace circular por torres de refrigeración. En el caso de los centros más grandes, el consumo de agua equivale al de una ciudad de 50.000 habitantes. Como anteriormente sucedió en Estados Unidos con la explotación de yacimientos de hidrocarburos mediante fractura hidráulica, el consumo de agua por parte de los centros de procesamiento de datos destinados a la IA ha provocado ya en algunas localidades problemas de suministro. TE PUEDE INTERESAR Aparte del consumo de agua, la otra gran fuente de quejas por la instalación de centros de procesamiento de datos de empresas dedicadas a la IA es el enorme zumbido que generan sus sistemas de refrigeración de día y de noche. Se trata de un ruido que se expande en una frecuencia difícil de atajar por material aislante, se cuela en las casas vecinas y se percibe incluso en la caja torácica de las personas que viven cerca. El impacto en la salud que provoca las molestias para dormir durante la noche y el ruido de fondo durante el día es notable. Sin embargo, en Estados Unidos se ha encontrado que la legislación existente no cubre este tipo de ruidos que requieren sistemas de medición diferentes. La nueva ola de terrorismo En un debate sobre inteligencia artificial celebrado en marzo de 2026, el investigador sobre IA Nate Soares contó que en Silicon Valley circula el chiste de que cuando una persona deja una empresa tecnológica normal, publica en redes sociales su agradecimiento por la oportunidad recibida y se muestra listo para la siguiente aventura laboral. Pero que cuando alguien abandona una empresa tecnológica de IA se despide diciendo que ha mirado al abismo, se retira para escribir poesía y pide que la gente pase tiempo con su familia. El chiste tendría un ejemplo real en Mrinank Sharma, antiguo jefe de seguridad en la empresa Anthropic, que se despidió de la empresa con una carta abierta alertando de los peligros de la IA y que ahora mismo se describe a sí mismo en la red social X como "poeta". TE PUEDE INTERESAR La percepción de la IA como una amenaza existencial para la humanidad se ha visto alimentada con rumores sobre experimentos que habrían mostrado la facilidad con la que los sistemas de IA se salen de control y por el creciente papel de sistemas de IA en las guerras de Ucrania al Golfo Pérsico, donde se avanza en la automatización de selección de blancos. La combinación de autonomía de la IA y sistemas de armas automatizados son los elementos de un escenario de pesadilla sacado de la película Terminator ante el que surgen llamadas a la acción para prevenirlo. El debate sobre cómo frenar la IA a tiempo ha puesto encima de la mesa el uso de la violencia en lo que se empieza a configurar como una nueva forma de extremismo que en Estados Unidos ya ha protagonizado episodios violentos. En la madrugada del 6 de abril de 2026, un concejal de la ciudad de Indianapolis llamado Ron Gibson se despertó por los trece impactos de bala que golpearon su casa. En el felpudo de la entrada se encontró con una nota que ponía "No a los centros de datos". El concejal Ron Gibson había votado a favor de la instalación de uno en su distrito. Cuatro días después, un joven de Texas llamado Daniel Alejandro Moreno-Gama lanzó un cóctel Molotov contra el domicilio de Sam Altman, director general de OpenAI. Luego fue andando a la sede de la empresa con la intención de hacerla arder. Cuando fue detenido, llevaba una garrafa de queroseno y en su poder tenía una lista de empleados de la empresa y sus domicilios. En la investigación posterior se encontró que había mostrado su preocupación en Internet por cómo la carrera tecnológica de la IA era probable que terminara en la extinción humana. TE PUEDE INTERESAR Los dos ataques en Estados Unidos tenían como objetivo a personajes conectados directamente con la IA y sus centros de datos, mientras que en los últimos se han sucedido sabotajes y atentados en Europa contra tendidos eléctricos y empresas tecnológicas reivindicados por grupos ecoterroristas. Según reportaba el WSJ en una investigación al respecto, algunos líderes tecnológicos han comenzado a viajar con guardaespaldas armados. Otros prefieren mantenerse discretos sobre el tema de la IA para no atraer atención. Aunque siguen desarrollando modelos más sofisticados, muchos CEO han modificado su comunicación sobre los riesgos de la misma, mostrando que la preocupación por su seguridad es real. Estaríamos ante la emergencia de una nueva forma de extremismo radical donde convergen o se solapan corrientes ideológicas como el ecologismo radical o el neoprimitivismo, cuya figura más famosa es el terrorista estadounidense Theodore Kaczynski alias "Unabomber". Desde su pequeña cabaña en una remota área rural remota de Montana enviaba paquetes bomba a académicos y ejecutivos a los que él consideraba culpables de los males de la sociedad industrial. David C. Rapoport fue un académico estadounidense que a finales de los años 90 planteó que el terrorismo había evolucionado históricamente en cuatro grandes olas: la anarquista, que arrancó en la década de 1880, la anticolonial, que arrancó en la década de 1920, la ultraizquierdista, que arrancó en la década de 1960 y la islamista que tiene su comienzo con la Revolución Islámica en Irán y la invasión soviética de Afganistán en 1979. El modelo de Rapoport ha sido criticado por darle a los fenómenos un rígido calendario histórico que no aporta explicación alguna de su aparición. Pero no deja de ser interesante tomarlo como sugerencia de la inevitabilidad de nuevas formas de terrorismo cuando entramos en una nueva era de riesgos climáticos, amenaza tecnológica y concentración de la riqueza en manos de multimillonarios vinculados a la revolución de la IA.
El nuevo terrorismo será contra la IA: miedo entre los CEO y atentados contra centros de datos
CEOs admiten tener que contratar seguridad privada extra por miedo a ataques. Por otro lado, algunos expertos sugieren que podríamos estar entrando en la quinta ola del terrorismo, caracterizada por ataques a líderes tecnológicos
Ejecutivos de OpenAI y Anthropic enfrentan amenazas e intimidaciones mientras Nueva York prohibe data centers >50MW por ruido y agua; la oposición a IA ha pasado del entusiasmo al rechazo. El deterioro de sentimiento público impone riesgos operacionales y reputacionales críticos en infrastructure, inversión y governance de IA.













