Actualizado S�bado,
julio
00:11Neil Armstrong se aferr� al pasamanos de la escalerilla y se zambull� en la superficie de la Luna. En los meses sucesivos, las oficinas centrales de la NASA recibir�an cientos de miles de cartas desde todos los pa�ses del planeta que Armstrong, Aldrin y Collins hab�an contemplado en su misi�n: los sue�os infantiles sobre papel rayado, los curr�culums de quienes huir�an a 400.000 kil�metros de quienes le hab�an defraudado, la suspicacia de quienes morir�n con el convencimiento de que la grabaci�n se hab�a realizado en un estudio. Hubo quien felicit� a los astronautas y a su equipo, quien solicit� un aut�grafo -lo recibi� la cofrad�a de la Virgen de Luna, en Villanueva de C�rdoba, como agradecimiento por la estampita que mandaron para protegerles- o un consejo de quien hab�a admirado continentes y oc�anos, la Gran Muralla china, cada ser humano equivalente en su invisibilidad. Jorge Eduardo Eielson, artista y escritor, sum� una zancada a los pasos de Armstrong: instalar una de sus esculturas en la Luna. Un funcionario del Gobierno federal que espigaba cartas de amor y notas conspiranoicas elev� a sus superiores la propuesta de Eielson para instalar en el sat�lite una obra que titular�a Tensi�n lunar. Samuel C. Phillips, director del programa Apolo, frustr� su deseo: las naves que emplear�an en los siguientes viajes carec�an de espacio para los tripulantes, sus herramientas y una pieza con medidas a�n por concretar. Dispon�an de sitio para banderas, eso s�.Las historias de la Historia se forjan con lo que sucedi�, nombres y fechas, detalles pintorescos -el astronauta, la barandilla, el gesto de piscina municipal-, pero tambi�n con las hip�tesis y los anhelos, con la imaginaci�n. El contacto de Jorge Eduardo Eielson con la NASA lo sabemos por Martha L. Canfield, escritora y profesora, amiga suya, aunque los senderos se bifurcan y las versiones difieren, se ampl�an y se enredan seg�n bebamos de una u otra fuente.Para saber m�sFuente tercera o cuarta: la negativa no desanim� a Eielson, que traslad� a la agencia espacial la idea de que todas las cenizas de todos los poetas se arrojasen en �rbita alrededor de la Tierra, generando un escudo protector para la humanidad. Fuente cuarta o quinta: bien la NASA lo rechaz� de nuevo, bien Eielson desisti� ante el silencio administrativo; por fortuna, a la exosfera no se a�adi� una capa de poetas muertos. Fuente sexta o s�ptima: la acci�n de las cenizas no inclu�a a todos los poetas del tiempo futuro, sino solo a s� mismo -15 a�os en el brinco de Armstrong- cuando falleciera, acaso para garantizarse la inmortalidad; tambi�n he le�do -fuente octava, novena, d�cima- que Tensi�n lunar consist�a en una urna con sus propias cenizas, por lo que Eielson no habr�a ofrecido m�s que un proyecto a la NASA, evitando que lo considerasen un marciano. Josefina V�zquez Arco, que estudi� a Eielson desde la literatura, a�adi� que tambi�n se acerc� al Ministerio de Ingenier�a General, responsable del programa espacial de la URSS. Emilio Tarazona, que lo estudi� desde el arte, defini� Tensi�n lunar como una �escultura para leer� -m�s texto que cuerpo-, vinculada con las Esculturas subterr�neas con las que Eielson trabajaba por entonces: escog�a un objeto, por lo general parte de su vida cotidiana, e imaginaba si lo enterrar�a o lanzar�a al agua u olvidar�a en un supermercado o una estaci�n. Una caja en la Luna. Cobraba sentido: el hecho de pensarla, de contarla, ya permit�a que existiera."�Qu� mandar�a yo all� arriba, si me lo permitieran? �Una c�psula del tiempo? �Algo simb�lico, �ntimo? �Quiz� algo colectivo y trascendente?"��Conoces tu cuerpo esfera de la noche/ esfera de la noche[...]?�, se pregunt� Eielson a los 18 a�os. ��Conoces tu cuerpo/ Fuerza de los a�os/ Calor de los planetas?�, insist�a. Descubr� el poema en una selecci�n a la que me condujo la b�squeda sobre el asunto de Eielson y la NASA: un poeta en la Luna no como met�fora, sino como realidad. La luna brota redonda y puntual sobre los edificios del patio de manzana al que asoma el dormitorio; se distingue blanqu�sima desde la cama, abierta la ventana y descorridas las cortinas. Quedan unos pocos minutos para las tres de la madrugada, algunos grados dejaron atr�s los 30. �Qu� mandar�a yo all� arriba, si me lo permitieran? �Una c�psula del tiempo? �Algo simb�lico, �ntimo? �Algo colectivo y trascendente? Me distraigo con las utop�as y, desde fuera, con las voces de los ni�os que aprovechan las vacaciones y juegan en la placita, con las discusiones entre los padres que los vigilan y el vecino que ha bebido demasiado, y regresa borracho, y hace o dice algo que les incomoda, y al que abroncan, y con el ruego de alguien que grita la hora y grita piedad para el descanso porque toca madrugar. Me distraigo con un poema de �ngela Figuera Aymerich que termina as�: �No puede verse el cielo desde el fondo del c�ncer,/ desde el fondo m�s hondo del infierno m�s negro,/ desde el fondo de todos los que est�n en el fondo,/ los que son tierra sucia que pis�is sin mirarla/ cuando vais extasiados por las l�ricas nubes�. Se titula El cielo. La Luna, qu� lejos queda.






