(DESDE SAN PABLO).- Recibido este sábado 25 de julio en San Pablo, con todas las aureolas que le da el poder presidencial, Javier Milei pronunció un furioso discurso de apoyo incondicional al candidato Flávio Bolsonaro, el principal exponente de la ultraderecha. Fue en el estadio de Pacaembú, emblema futbolístico del país, donde el mandatario argentino hilvanó numerosas frases con un contenido por demás agresivo no solo contra el presidente Lula da Silva, sino además contra el juez de la Corte Suprema brasileña Alexandre de Moraes, a quien atacó en forma claramente insultante. Fue evidente que para el jefe de la Casa Rosada hay una única opción en sus apariciones públicas: ideologizar al máximo sus conceptos. Tal vez no vio, en ese intento, que su estilo podía divergir del consenso mayoritario de los brasileños. En este gigante país sudamericano existe una cultura centenaria: jamás se debe incurrir en provocaciones verbales violentas; inclusive porque de plantearse el caso, el individuo injuriador puede llegar a tener como destino el encarcelamiento. Es cierto, también, que la mayoría de los presentes no entendieron el castellano “mileista”. Tanto es así que su habitual frase final: ¡Viva la libertad carajo!, no despertó gritos espontáneos en la multitud. Solo se escuchó entonar “Milei, Milei” después que el director de la campaña del senador Flávio, arengó a los cientos de participantes que vocearan esa consigna.
Luego del violento discurso de Milei contra Lula: ¿Cómo queda la relación con Brasil si Bolsonaro pierde?
En el lanzamiento de la campaña de Flávio Bolsonaro, el líder libertario insultó no solo al presidente brasileño por su tendencia de izquierda, sino que incluso cargó contra el poderoso juez del Tribunal Supremo Alexandre de Moraes. Pero si Lula reelige, la relación institucional debe encontrar formas de seguir adelante.














