La palabra “íncel” viene del inglés “involuntary celibate” o celibato involuntario en su traducción. Es como se llama en las redes al prototipo de hombre frustrado por no lograr el vínculo deseado con el sexo opuesto. El íncel, enojado con las chicas que lo rechazan, culpa a las mujeres por su falta de acceso a ellas mismas. Las mujeres son caracterizadas por este tipo de hombres como desagradecidas. El “íncel” no llega solo. El íncel, a menudo, una vez fue el “nice guy” (“buen chico”), término también usado en el mundo de la web. Un amigo paciente o un compañero agradable que cree que da mucho de sí mismo mientras espera su oportunidad con esa chica que le gusta. El problema comienza cuando la mujer, a pesar de todos los esfuerzos que el íncel cree hacer, aun así no quiere salir con él. O cuando el “buen chico” ha dado cosas a la chica que ella no pidió en primer lugar, o que ella no considera valiosas, como un ramo de flores o un café en un mal día, y el supuesto hombre bondadoso no recibe lo que esperaba. Luego, el “nice guy”, frustrado con la mujer que, según él, le había dado esperanzas (aunque quizá ella solo estaba siendo amable o lo apreciaba como un amigo) pasa de querer una cita, a creer que la merece, que es su derecho. Y aquella frustración no llega gratis: viene con conductas violentas, desprecios, agresiones verbales o físicas. El éxito en cartelera Obession lo muestra a la perfección. Bear, el protagonista, pasa de “buen chico” a íncel en la película. Primero, intenta conquistar a su amiga Nikki. Nikki es buena con él, pero no mucho más. Él la lleva a su casa después del trabajo e incluso le compra un regalo. Luego (spoiler), con una especie de deseo embrujado, tuerce la voluntad de Nikki para que ella “lo quiera más que a nadie en el mundo” y a toda costa.