Las pulgas son uno de los parásitos externos más frecuentes entre las especies de perros y gatos, pero no todos los animales tienen el mismo riesgo de acabar infestados. La edad, el estilo de vida, el tamaño corporal e incluso factores sociales y económicos pueden influir en la probabilidad de que estos diminutos parásitos encuentren alojamiento en perros y gatos.Así lo concluye un análisis realizado por investigadores de la Universidad de Liverpool a partir de millones de historiales veterinarios en Reino Unido, que permitió identificar algunos de los patrones más llamativos asociados a las infestaciones por pulgas. Entre ellos destaca que los gatos presentaban más del doble de probabilidades de acudir a consulta veterinaria con pulgas que los perros.Por qué los gatos son el objetivo favorito de las pulgasPara llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron los registros clínicos de 191 centros veterinarios británicos recopilados durante más de seis años. En total, revisaron casi siete millones de consultas de perros y gatos.Los resultados mostraron que las pulgas estaban presentes en el 1,17 por ciento de las consultas felinas registradas, frente al 0,25 por ciento de las consultas caninas. Aunque estas cifras no reflejan la prevalencia real en la población general (ya que solo contabilizan los casos detectados y anotados por veterinarios durante una visita clínica) sí permiten comparar tendencias entre especies. Una de las explicaciones más plausibles tiene que ver con el estilo de vida de muchos gatos. A diferencia de los perros, numerosos felinos disfrutan de acceso libre al exterior, donde entran en contacto con zonas de vegetación espesa, madrigueras, nidos y animales silvestres que actúan como reservorios de pulgas.Los investigadores señalan que los zorros, los erizos y otros pequeños mamíferos como los roedores pueden contribuir a mantener estos parásitos en el entorno. Un gato que pasa buena parte del día explorando jardines, solares y terrenos periurbanos o campos tiene muchas más oportunidades de encontrarse con pulgas recién emergidas que un perro que sale al exterior únicamente durante los paseos.Los perros y gatos jóvenes son los más afectadosOtro patrón que apareció de forma muy clara en ambas especies es que los casos se concentraban especialmente en animales menores de un año. Los investigadores plantean varias hipótesis para explicar este fenómeno. Una posibilidad es que las pulgas se sientan especialmente atraídas por individuos jóvenes, pero también es posible que tanto los cachorros de perro como los gatitos sean examinados con mayor detenimiento durante sus primeras visitas veterinarias, aumentando las probabilidades de detectar los parásitos.Además, el menor tamaño corporal puede facilitar que las pulgas y sus característicos excrementos resulten más visibles durante la exploración clínica. A medida que aumenta la edad, el riesgo registrado disminuye progresivamente. En parte podría deberse a que muchos animales adultos reciben tratamientos preventivos de forma regular o a que algunos ejemplares mayores reducen su actividad en exteriores.El verano sigue siendo la temporada estrella de las pulgasLa mayoría de los casos se registraron entre julio y octubre en los perros y entre julio y septiembre en los gatos, coincidiendo con las condiciones de temperatura y humedad que favorecen el desarrollo de su ciclo biológico. Los investigadores recuerdan que las viviendas modernas también permiten que las pulgas sobrevivan durante el invierno, gracias a que la calefacción y los ambientes interiores relativamente cálidos facilitan que continúen reproduciéndose incluso cuando las temperaturas exteriores son bajas.Por este motivo, los veterinarios suelen insistir en que la prevención no debería limitarse únicamente a los meses de verano.El tamaño y la raza también parecen influirEntre los perros, las razas pequeñas, especialmente los del grupo terrier y sus cruces y los perros toy o miniatura, presentaban más probabilidades de sufrir infestaciones que grupos raciales de mayor tamaño. Los animales mestizos y sin raza identificable también mostraban un riesgo superior tanto en perros como en gatos.Los autores creen que una posible explicación es puramente física. Los animales más pequeños permanecen más cerca del suelo y de la vegetación, donde las pulgas suelen esperar a un hospedador adecuado. También podría influir el hecho de que detectar pulgas resulte más sencillo en cuerpos pequeños.No obstante, los investigadores advierten de que probablemente intervengan muchos otros factores relacionados con el comportamiento del animal, el entorno donde vive e incluso los hábitos de sus cuidadores.El papel de la prevención y los recursos económicosLos datos mostraron que perros y gatos procedentes de áreas económicamente más favorecidas tenían aproximadamente un 50 por ciento menos de probabilidades de presentar pulgas registradas por el veterinario. Según los autores, esta diferencia podría estar relacionada con el acceso a medidas preventivas. Aunque existen productos antiparasitarios de venta relativamente asequible, algunos de los tratamientos más eficaces son un gasto adicional difícil de asumir para muchas familias.También observaron que los animales esterilizados presentaban menos infestaciones que los no esterilizados. Sin embargo, los investigadores creen que esta asociación probablemente refleje una mayor implicación de los cuidadores en la medicina preventiva, más que un efecto biológico directo de la esterilización sobre las pulgas.Picor, molestias y enfermedadesAunque pueda pensarse que tener pulgas es un problema menor para los animales que las sufren, pueden provocar importantes consecuencias para la salud animal. Además del picor y las molestias derivadas de sus picaduras, algunas mascotas desarrollan dermatitis alérgica por la picadura de pulga, una de las enfermedades dermatológicas más frecuentes en perros y gatos. Además, también pueden actuar como vectores de otros parásitos y microorganismos, convirtiéndose en una auténtica pesadilla doméstica cuando logran establecerse en el hogar.Por eso, los autores del estudio consideran que conocer qué animales presentan un mayor riesgo puede ayudar a diseñar estrategias preventivas más eficaces. Al fin y al cabo, aunque las pulgas estén presentes durante todo el año, saber cuándo y en quiénes tienen más probabilidades de aparecer permite adelantarse al problema antes de que empiece a saltar de huésped en huésped.Referencia: Seasonality and other risk factors for fleas infestations in domestic dogs and cats. Sean Farrell et al. Medical and Veterinary Entomology (2023)