El futuro deseable desde antes de comenzar la disputa de la Copa del Mundo era conquistar la cuarta estrella, pero al principio del campeonato había 48 futuros posibles, con final abierto y distintas probabilidades asignadas a cada contendiente. Los vaticinios, apuestas y pronósticos iniciales oscilaban en un rango que iba desde el determinismo puro y duro –el nombre del campeón ya estaba escrito en piedra– hasta los anticipos más sesgados y dominados por el azar. Avanzaron las rondas, los futuros posibles se redujeron y aumentó la probabilidad para la selección argentina de alcanzar el futuro deseable: la finalísima. Que los campeones de Qatar pudieran llegar a la final habla de una trayectoria de trabajo, valores, constancia, resiliencia y mérito de un equipo consustanciado con el desafío de transformar el “futurible” en realidad. El azar jugó un rol marginal, y tal vez nos privó de la cuarta estrella que España ganó también con equipo, trayectoria y esfuerzo. Pero festejemos: el equipo nacional forjó un futuro que consolida al fútbol argentino en el podio del fútbol mundial.Desde épocas remotas, el ser humano y las sociedades se inquietan y angustian frente a la incertidumbre que abre el futuro. El oráculo de Delfos era, por esa razón, el conducto divino más apreciado en Grecia para consultar el futuro con los dioses. Según el modo de pensar griego, beber de la fuente délfica del conocimiento del futuro se veía como beber el elixir para la obtención de un gran poder político y militar. Pero había un axioma implícito en esa manera de pensar: el futuro estaba escrito en piedra, estaba predeterminado. Ya en los tiempos de Roma, Marco Tulio Cicerón, el eximio orador, hizo una crítica aguda sobre el valor práctico de la adivinación del futuro. Refutando argumentos de su propio hermano Quinto, en la segunda parte de De la adivinación, Cicerón comienza diferenciando la adivinación del conocimiento obtenido a través de los sentidos (la observación metódica de la realidad). ¿Quién puede interpretar mejor los datos sensoriales: un adivino o un experto en la materia? ¿Por qué recurrir a los adivinos cuando, por lo general, las teorías científicas basadas en datos de la realidad proporcionan respuestas mucho más satisfactorias? Cicerón amplía este razonamiento al atacar incluso la necesidad misma de adivinación. Supongamos, razona, que se pudiera intuir el futuro por medios extraordinarios. Esto solo sería posible, según Cicerón, si se hubiera escrito el guion de mañana. Si el destino estuviera sellado (por ejemplo, el triunfo español en la final), entonces, saberlo sería, en el mejor de los casos, redundante, porque no lo podemos anticipar, y, en el peor, nos haría del todo desdichados, porque no lo podemos cambiar. Un libro escrito hace tantos años nos enseña en estos tiempos de cultura “líquida”, y donde ya algunos plantean una variante de IA omnisciente sustitutiva de aquellos oráculos, que para conocer el futuro, mejor la observación, la ciencia y el esfuerzo especializado que la adivinación (o los sucedáneos de la “posverdad”).EZEIZA -- Imagen cedida por el Regimiento de Granaderos a Caballo del 20 de julio de 2026 de Lionel Scaloni, director técnico de Argentina, saludando a su llegada a uno de los hangares de Aerolíneas Argentinas en el Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini. (Xinhua/Carlos Ravazzani/Regimiento de Granaderos a Caballo) (mz) (ah) (ce)