Una combinación letal de sequía extrema y olas de calor convirtió al sur de Europa en un verdadero infierno. En medio de un escenario que los propios rescatistas definen como apocalíptico, decenas de miles de personas tuvieron que abandonar de urgencia sus hogares y lugares de veraneo mientras incendios forestales gigantescos avanzan sin freno sobre los bosques de Francia y España.

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El epicentro del desastre francés está en Cap Ferret, un exclusivo balneario conocido como "los Hamptons de Francia". Allí, más de 40.000 turistas y residentes debieron escapar en barcos o a través de una única ruta de salida, dejando atrás mansiones y campings que terminaron devorados por un fuego que ya calcinó más de 10.000 hectáreas. La crisis cruzó la frontera y golpeó a España con una fuerza inédita. El gobierno regional de Madrid decretó el estado de emergencia, una medida extrema que jamás se había tomado por un incendio forestal, y ordenó la evacuación de 10.000 personas acorraladas por el fuego en localidades como Aldea del Fresno y la provincia de Ávila. Frente a la magnitud inmanejable de las llamas, el presidente francés Emmanuel Macron pidió auxilio urgente a la Unión Europea. La respuesta fue automática: flotas de aviones hidrantes y helicópteros pesados provenientes de Croacia, Portugal, República Checa y Eslovaquia ya viajan para reforzar las líneas de combate francesas. Por su parte, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, calificó la situación como dramática en todo el occidente europeo. En la misma sintonía, la jefa de Protección Civil, Virginia Barcones, advirtió que los incendios tomaron un tamaño incontrolable y marcó al principal culpable: "El cambio climático es lo que mata, lo que destruye nuestros pueblos y nuestro patrimonio". Trump culpó a Canadá por el humo de los incendios forestales que afecta a EE.UU. y amenazó con aumentar los aranceles Gatos en llamas, pirómanos y un saldo trágico El drama también azota al sur de Italia, pero con un componente macabro. En las regiones de Sicilia y Calabria, los bomberos combaten decenas de focos intencionales. El funcionario de Protección Civil, Domenico Costarella, reveló que los pirómanos ataron trapos empapados en líquido inflamable a las colas de gatos callejeros y luego los soltaron en los campos secos para propagar el fuego a toda velocidad. El combate cuerpo a cuerpo contra este infierno ya se cobró un alto precio humano. Las autoridades confirmaron la muerte de tres bomberos en cumplimiento del deber: dos fallecieron intentando apagar un incendio cerca del aeropuerto de Burdeos, en Francia, y un tercero perdió la vida en Sicilia. El ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, aseguró que las fuerzas de seguridad libran una "auténtica batalla". El panorama global es desolador. Los datos satelitales del sistema europeo EFFIS ya ubican a este año como el segundo peor de los registros históricos en cantidad de superficie quemada. Con el terreno seco y vientos en contra, el Viejo Continente enfrenta semanas críticas para intentar apagar un desastre que no da tregua. TC/MSS