La Habana (EFE).- El cese este viernes de la actividad de Meliá en Cuba, fruto de la presión de Estados Unidos, supone un parteaguas para la apuesta de las grandes hoteleras españolas en el país caribeño y plantea interrogantes sobre el futuro del sector turístico de la isla.

La decisión es el resultado de las medidas de Washington, que amenaza con sanciones secundarias a las empresas extranjeras radicadas en la isla, y de las dificultades para trabajar en Cuba, sumida desde hace más de seis años en una grave crisis estructural sin salida clara.

Desde esta jornada, Meliá deja de operar los hoteles que gestionaba en la isla (propiedad del Estado cubano), que eran 34 a principios de año pero que habían ido reduciéndose progresivamente en los últimos meses por la crisis energética, la falta de turistas y las sanciones de Estados Unidos.

Fotografía de personas hablando afuera del hotel Meliá Cohiba, en La Habana (Cuba). EFE/ Ernesto Mastrascusa

Meliá comunicó este pasado martes que cesaba su actividad en Cuba ante las «notables dificultades» operativas, legales y económico-financieras en el país tras el bloqueo decretado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que imposibilitan «de hecho y de derecho» una «mínima estabilidad operativa».