Jürgen Klopp se presentó como nuevo seleccionador de Alemania, este mediodía en Frankfurt. Dos años después de dimitir como entrenador del Liverpool para ocupar un cargo de supervisión general de los clubes de fútbol del grupo Red Bull, el entrenador más carismático que ha producido el fútbol europeo este siglo junto con Guardiola acomete la misión más difícil que ha emprendido nunca un seleccionador alemán. Levantar a la selección más laureada de Europa de lo que parece un declive estructural.“Si mañana decís que el juego de Alemania es una mierda, ¡me voy!”, respondió, a la primera pregunta que le formularon durante la conferencia de prensa. Klopp hizo hincapié en su deseo de producir un fútbol divertido y pujante, de la misma especie que fomentó en el Liverpool y el Dortmund. “Los directores del juego estarán en las bandas”, avisó, en relación a lo que él considera como la próxima gran revolución táctica. Menos Rodris, menos Xavis, y muchos Lamines, figuran, al parecer, en su esbozada imaginación futurista. Klopp, de 59 años, se ha comprometido a dirigir al equipo nacional hasta el Mundial de 2030, tarea que incluye la reconstrucción de una base que se secó después de ser la mayor productora de talento joven de Europa. La trayectoria de Alemania ha sido declinante desde que conquistó el título mundial en 2016. El equipo viene de sufrir dos eliminatorias sucesivas en fase de grupos en los Mundiales de Rusia 2018 y Qatar 2022, y quedó fuera del Mundial celebrado este verano en Norteamérica después de caer en la tanda de penaltis ante Paraguay.“No hay nada que una más a los alemanes que la selección, y eso es exactamente lo que hace este trabajo tan especial para mí”, dijo Klopp, enjuto y despeinado durante la presentación en la que le acompañó el presidente de la federación, Bernd Neuendorf. “Ahora”, prosiguió el técnico, “afrontaremos esta tarea con humildad y paciencia: desarrollar un equipo en el que todos luchen por todos, que disfrute del fútbol, y que convenza a la gente de este país”.Klopp sustituye a Julian Nagelsmann, que con 38 años se había convertido en el seleccionador más joven de la historia de Alemania. Su discurso de presentación alternó notas melodramáticas, delirantes, y de gran claridad. Se hizo evidente que procuró soslayar el peso de la responsabilidad que le oprimía con humor y gestos de complicidad hacia los medios de comunicación. En un momento dado recurrió al viejo recurso populista de los entrenadores de selección: pidió el respaldo de la prensa, y lo justificó en una especie de cruzada nacional. “Necesitaremos que penséis en el bien del equipo”, les dijo Klopp a los periodistas convocados. Pep Lijnders, que fue ayudante de Klopp en el Liverpool y de Guardiola en el City, Peter Krawietz, y el exinternacional alemán Sven Bender, conformarán el cuerpo de apoyo de Klopp en el banquillo. El técnico agradeció a los dirigentes de Red Bull por liberarle. El director ejecutivo del grupo energético, Oliver Mintzlaff, acordó que a cambio de prescindir de su estratega la federación donaría un millón de euros a la fundación de Red Bull, Wings for Life. Además, el Leipzig, club Bandera de Red Bull, acogería tres partidos de la selección hasta 2030.