OpiniónEl crítico y músico comparte su experiencia como asistente a uno de los dos conciertos que dio la española en el Movistar Arena, de Bogotá.Óscar Acevedo Foto: Néstor Gómez. Archivo EL TIEMPO24.07.2026 04:14 Actualizado: 24.07.2026 04:14
La singular cantante Rosalía trajo su descomunal tropa de 90 personas a una gira por Suramérica que incluyó dos fechas en Colombia. El sábado pasado presencié abrumado su concierto/ritual en el Movistar Arena junto a una multitud de seguidores disfrazados de Rosalías (y Rosalíos) con rebozos, camándulas y vaporosas túnicas blancas, atuendos muy apropiados para esta escenificación multidisciplinar.Ya puede adivinar el lector como predomina la parafernalia religiosa en el lenguaje visual de este montaje, que incluye una tarima en forma de crucifijo donde se ubica la orquesta. El vestuario cuenta con coronas blancas en la cabeza de la protagonista y unas alas de plumas enormes para un momento crucial del concierto. De la escenografía limpia y simbólica llaman la atención las escaleras blancas por donde ascienden los bailarines y trasciende Rosalía hacia las alturas.Las pantallas gigantes muestran una cámara intrusa que la sigue permanentemente por todo el escenario haciendo primeros planos de la cantante y de sus poses sugestivas. Ocasionalmente hay planos generales del cuerpo de baile. Este recurso consigue elevarla a un nivel de diosa que protagoniza y encarna los textos punzantes y francos de sus canciones.Concierto de Rosalía en Bogotá. Foto:@lostinviewLa receta musical incluye flamenco, clásica, electrónica y pop en una cargada convivencia sonora donde predominan los profundos bajos y bombos que sacuden el edifico entero. Algunos sonidos del computador sincronizado sobresalen a ratos. Otras veces unos divertidos samples robóticos de la voz encajan de maravilla. Pasa del árabe al italiano, al español, a la jerga juvenil ibérica y al catalán sin que tantos idiomas afecten la comprensión, ya que la traducción aparece en una pantalla. Esa multitud de idiomas transmite inclusión y pluralismo al oyente.En un momento muy cautivante, los danzantes la cubren y la enmarcan con largos guantes blancos que se mueven formando círculos a su alrededor. Esta coreografía magistral me recordó al colectivo La Fura del Baus, con quienes Rosalía trabajó en sus inicios. El reiterado uso del falsete en su voz tiende a aplanar la expresividad de sus ingeniosas letras, ya que esta técnica vocal no permite la variedad expresiva que si da la voz plena en su registro natural.Rosalía es una creadora recursiva que toma riesgos y personifica la divinización de sí misma, con un carácter y una naturalidad envidiables.ÓSCAR ACEVEDO- PARA EL TIEMPOacevemus@yahoo.com LEA TAMBIÉN Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.
















