La profundización del plan económico comienza a auto condicionar el cumplimiento de su meta más sagrada: el equilibrio fiscal. El último dato de actividad económica (EMAE) sorprendió a la baja a las principales consultoras de la City, rompió la dinámica de recuperación en "serrucho" que proyectaba el Gobierno y profundizó la fase contractiva. Con una recaudación tributaria que parece haber llegado a un piso peligroso, un estancamiento de los sectores rezagados le pondrá límites estructurales al ajuste por el lado del gasto con una exigencia de contraer aún más: un 7% real interanual durante la segunda mitad del año.

Para fin de año, el ministro de Economía, Luis Caputo, tiene que exhibir ante un Fondo Monetario Internacional (FMI) que llega de visita la próxima semana un 1,4% del PBI de superávit fiscal primario. Junio registró el primer déficit primario de la actual gestión, excluyendo diciembre por su estacionalidad. Gastos que crecieron por la extensión de subsidios energéticos, la extensión del plazo de Ganancias y el pago de aguinaldos marcaron un desliz que, con los ingresos en franco descenso, mostraron una abertura en el scoring perfecto que exhibía la gestión libertaria.

De acuerdo con un relevamiento exhaustivo del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), el Sector Público Nacional registró en junio una caída en sus ingresos totales del 8,5% interanual en términos reales. Los ingresos tributarios sufrieron un desplome aún más severo, retrocediendo un 8,8% frente al mismo mes del año anterior. En contrapartida, el gasto primario trepó un 3,1% en términos reales, transformando el superávit en un déficit primario de $696.843 millones a valores constantes.