Adentrarse en la vida de Andrii Portnov para tratar de dar con el autor o los autores de su muerte a partir del supuesto móvil de su asesinato se tornó enseguida una labor resbaladiza e incierta para los agentes del grupo V de Homicidios de la Policía Nacional de Madrid. Portnov, un controvertido abogado y asesor político ucranio de 52 años, llevaba apenas dos años y medio asentado con su familia en la capital de España, adonde llegó a los cuatro meses de la invasión rusa, en octubre de 2022. El 21 de mayo de 2025, un hombre lo acribilló a balazos en la puerta del colegio de sus hijas, en Pozuelo de Alarcón. Eran las nueve de la mañana de un miércoles primaveral y un hombre armado, vestido de negro y con gafas oscuras, le descerrajó nueve tiros a quemarropa y huyó en medio del desconcierto y la consternación a la entrada de ese centro escolar americano, al que acuden diariamente hijos de diplomáticos, futbolistas y famosos.La identificación y localización del autor de los disparos y sus cómplices se convirtió desde ese momento en uno de los más grandes desafíos de los investigadores de homicidios de la capital, que dieron con el autor el pasado 25 de febrero en la ciudad alemana de Heinsberg, cerca de la frontera holandesa. Se trataba de Oleksandr Azizov, un ciudadano ucranio de 45 años, a quien le precedía, al igual que a su hermano, Vieli Azizov de 42, la fama de sanguinario en la conflictiva zona del Donbás, al sureste de Ucrania, el avispero geográfico que está en el origen de la actual guerra. Y una región ocupada por Rusia. Los Azizov, unos delincuentes comunes procedentes de la región de Donetsk, habían destacado en los disturbios y actos vandálicos acaecidos en el Donbás en 2014, en la llamada Primavera Rusa, la virulenta reacción contra la corriente proeuropea que, por aquel entonces, crecía en Ucrania. A los hermanos Azizov se les relaciona también con el tráfico de armas y con el reclutamiento de combatientes prorrusos. Aquellos enfrentamientos y la fuerte represión de las manifestaciones proeuropeas (Euromaidán), en las que los manifestantes se oponían a las decisiones unilaterales de un Gobierno obstinado en favorecer los lazos con Rusia, acabaron con más de cien muertos en las calles de Kiev en febrero de 2014 y con el posterior abandono del poder y huida a Rusia del hasta entonces presidente ucranio prorruso, Viktor Yanukóvich, a quien precisamente Andréi Portnov asesoró durante sus años en el poder. Entre 2010 y 2014 fue Portnov su más estrecho colaborador y pasó a la historia como el polémico arquitecto de las reformas legislativas y judiciales que contribuyeron a reprimir el Euromaidán, aunque él negó haberlas redactado.Algo más de 10 años después, con una guerra abierta en Europa entre Rusia y Ucrania, ¿quién podía haber matado a Portnov a bocajarro en la puerta de un colegio de Madrid? ¿Y por qué? Los investigadores del grupo V de Homicidios comenzaron sus pesquisas y enseguida se dieron cuenta del torbellino político-mafioso que circundaba la muerte del abogado ucranio. Sabían que solo cuatro días antes de su asesinato había estado de viaje en Kiev y se había reunido con miembros del Gobierno de Vodolímir Zelensky. ¿Podía ser Portnov un doble agente? ¿A quién o quiénes les podía dar información y de qué tipo?Los investigadores sintieron que pisaban un terreno muy pantanoso. Incluso llegaron a dudar de si podían estar dándole información al “enemigo” en el desarrollo de sus indagaciones. Y tomaron la decisión que les llevó a resolver el crimen: seguir el camino más largo y tortuoso, pero el más seguro, el de los hechos. Los hechos estaban recogidos en centenares de cámaras de seguridad y videovigilancia dispersas por todo el recorrido entre la casa de Portnov, en una lujosa urbanización del norte de Madrid, y el colegio de sus hijas, en Pozuelo. Todas las cámaras. Recopilación masiva de información. Todo el contenido grabado posible de recuperar, archivado días antes y días después del asesinato. Ahí tenía que estar el asesino. Y allí estaba.Un Seat León de color azul oscuro y matrícula alemana. Ese era el coche que, tras visionar horas y horas de grabaciones de toda índole, aparecía como sospechoso y a nombre de “un tal” Aleksandr Azizov, de origen ucranio. Siguiendo los movimientos de ese vehículo por toda España y media Europa, y cruzando esos datos con los de las antenas telefónicas, concretaron algunos números de teléfono ligados a los dos hermanos y a una tercera persona, una posible acompañante llamada Yuliia Skovpen, de 36 años y actualmente detenida por las autoridades ucranias. “Ella ha negado ser la pareja de ninguno de los dos hermanos”, aseguran fuentes del caso. Los investigadores también lograron descubrir las distintas identidades, nombres y alias que usaban los sospechosos en sus compras y gestiones por Internet y en los registros de hoteles, estableciendo algunas correspondencias y coincidencias espaciotemporales. “Entraban y salían de España siempre por la frontera de Irún”, aseguran fuentes de la investigación.La primera vez, casi un año antes del asesinato de Portnov, en 2024 se hospedaron en el centro de Madrid, pero también en Alcobendas, en un edificio próximo al domicilio de Portnov; y después en otro cercano al colegio de sus hijas. “Le estaban ya estudiando”, aseguran fuentes del caso. Incluso acudieron a un centro comercial especializado en comprar “cacharritos tecnológicos apropiados para poder hacerle el seguimiento apropiado y fijar bien sus rutinas, hasta encontrar el mejor momento para efectuar el ataque”, explican las mismas fuentes. Regresaron a España, esta vez solo los dos hermanos, a finales de abril de 2025, un mes antes de matar a Portnov. Durante ese tiempo, entraron y salieron del país varias veces. Según las conclusiones de las pesquisas de los investigadores, el 21 de mayo, Oleksandr Azizov ejecutó a Portnov y después anduvo unas manzanas para reunirse con su hermano, que le esperaba en el Seat León azul oscuro con matrícula alemana para garantizarle la huida. En cuestión de horas estaban en Holanda, donde le pusieron dos multas por exceso de velocidad. Vieli Azizov, contra quien existe una Orden Internacional de Detención (OID), se esfumó rápidamente con su familia y, haciendo escala en Turquía, se refugió en Rusia, donde vive. Cruce masivo de datosEl cruce y procesamiento de tantísimos datos requirió nuevas dotaciones tecnológicas para el grupo de Homicidios, según fuentes de la investigación, pero permitieron asociar las identidades de los presuntos implicados en el crimen a números de teléfono que, a su vez, arrojaron posicionamientos y pagos electrónicos. De acuerdo con el análisis de esa ingente cantidad de datos, los asesinos de Portnov lo vigilaban muchos meses antes de matarlo. El seguimiento de los teléfonos y del vehículo condujo a los investigadores a la ciudad alemana de Heinsberg. Allí, en el segundo piso de un edificio anodino, vivía Oleksandr Azizov, rodeado de una plantación indoor de marihuana mientras realizaba cursos ocupacionales. “El día del crimen estaba realizando un curso en Alemania”, defienden sus abogados, que consideran que la titularidad de un coche o un teléfono no son indicios suficientes para acusar de un asesinato. Azizov, ya en la prisión de Soto del Real, no opuso resistencia alguna al ser detenido por los agentes alemanes, mientras los investigadores españoles registraban su domicilio. Ni rastro de armas. Lo que sí encontraron los agentes españoles en aquel destartalado apartamento fueron las dos multas de tráfico de Holanda. Posteriormente, comprobaron que habían sido puntualmente pagadas por “un tal” Oleksandr Azizov.