Las mujeres dedican tiempo a sus hijos que tiende a no ser remunerado. Ahí existe un desbalance frente a los hombres, quienes no dedican, en promedio, tanto tiempo como ellas.Foto: PexelsResume e infórmame rápidoEscucha este artículoAudio generado con IA de Google0:00/0:00A Rosita Manrique y Andrea Salazar las conocí, en su momento, cuando estuvieron en la redacción de El Espectador en dos entrevistas distintas sobre temas de liderazgo. Tiempo después, fui parte de uno de los programas de formación en esa materia, “1.000 líderes por Colombia”, que ofrecen desde la organización que dirigen. Y ahora, tras escribir un texto que titulé "La ruta que podemos seguir para que más mujeres asuman posiciones de liderazgo en Colombia“, volví a ellas para conocer su opinión sobre por qué si la mitad de la fuerza laboral en el mundo es femenina, no sucede lo mismo con las posiciones de alto liderazgo.La duda original la sembró la exprimera ministra de Islandia, Katrín Jakobsdóttir, en una conversación con el Foro Económico Mundial. Y yo quise entender esa realidad en Colombia, pues el mismo World Economic Forum en uno de sus informes de 2025 concluyó, entre otros, que "las mujeres tenemos un 55 % más de probabilidades que los hombres de interrumpir nuestras carreras, y esas pausas duran en promedio 19,6 meses frente a 13,9 de ellos". ¿Por qué pasa esto y, sobre todo, qué se puede hacer? A las dos les envié las mismas preguntas, y Rosita Manrique, cofundadora y Presidenta Ejecutiva de Origen Red de Liderazgo, nos entregó las siguientes respuestas. Las de Andrea Salazar, directora ejecutiva de la misma organización, aparecen más abajo. ¿Qué podemos hacer como sociedad para cambiar esa realidad? Bueno, yo creo que todo empieza con la educación: con la educación de las niñas y de los niños, para que cada uno pueda encontrar nuevas maneras de ejercer su rol y no simplemente reproducir los estereotipos que vienen heredados.Creo que, para los hombres, es igualmente importante validar la vulnerabilidad, el mundo emocional y el mundo del cuidado. También pensar en sí mismos más allá de ser proveedores, porque siento que, cuando el hombre encuentra un lugar más amplio, también abre espacio para que las mujeres complementen y ocupen otros espacios.En el caso de las mujeres, creo que es un trabajo que se ha venido haciendo desde hace muchos años, pero también pasa por tener referentes visibles diferentes, que ayuden a las niñas a soñar con otro tipo de roles.Para leer: ‘Las empresas avanzan cuando el liderazgo femenino forma parte de su estrategia de negocio’Personalmente, también creo que el movimiento feminista debería mirar cómo, en muchos espacios, se está migrando hacia una visión que ya no es de lucha contra el hombre, sino de complementariedad; una visión que no busca estar en contra del hombre, sino construir con él.Para mí, gran parte de lo que hemos visto en Origen es que no se trata del uno o del otro, sino de cómo, cuando ambos empiezan a valorar realmente sus diferencias, lo que cada uno aporta y, de manera intencionada, buscan complementarse, comienzan a aparecer de forma más natural esas paridades que se han buscado durante tantos años.Si vamos a los enfoques y acciones directas, ¿Qué papel tiene el sector público y cuál el privado?Con respecto al rol del sector público y del sector privado, aunque en Origen estamos convencidos de que la cuota no es el objetivo, sí creemos que es un punto de partida. Cuando no hay una intención explícita, esa paridad y esa diversidad simplemente no suceden.Por eso, creo que empezar por el tema de las cuotas es importante. Y, por otro lado, considero fundamentales las condiciones laborales que reconozcan el rol de la maternidad. En eso estamos muy atrás frente a otros países del mundo, que han desarrollado mecanismos para que las mujeres puedan continuar su vida profesional sin sentir que tienen que elegir entre ser madres o ser exitosas profesionalmente. Esa elección genera una carga permanente de culpa y de dolor para muchas mujeres.Si queremos mujeres más exitosas y también más felices, necesitamos condiciones laborales que respeten y promuevan su rol como madres.Recomendada: ‘Que el liderazgo se reconozca por competencias reales de las personas y no por su género’De la misma manera, si aspiramos a familias en las que las responsabilidades estén más equilibradas, también necesitamos reconocer la importancia del tiempo de los hombres con sus hijos y validar su rol como cuidadores.Creo que, en la medida en que existan políticas, tanto desde el sector público como desde el privado, que no busquen beneficiar a un género sobre el otro, sino fortalecer el sistema social y familiar, será posible habilitar el desarrollo pleno de ambas personas dentro de la pareja.¿Cómo lograr una verdadera paridad, empezando, por ejemplo, con que los hombres también tengan licencias familiares o que no haya que decidir entre desarrollar una carrera profesional y una familia?Yo creo que uno de los temas de fondo es que, aunque hay una parte estructural y de incentivos, si no abordamos las creencias culturales que están tan arraigadas, va a ser muy difícil que las cosas cambien.Seguimos teniendo creencias muy profundas sobre quién provee, sobre la vulnerabilidad, sobre el rol de la mujer y sobre qué significa ser mujer y ser hombre. Creo que eso debe abordarse, por supuesto, desde la infancia y desde los colegios, pero a veces subestimamos el papel que tienen los medios de comunicación, los influenciadores, las series y, en general, todos los contenidos que consumimos. Los medios están permeando permanentemente la cultura y ahí hay una labor muy importante para empezar a transformar esas narrativas.Para leer: “Solo alrededor del 12,5 % de las empresas son dirigidas por una mujer como CEO”Por otro lado, para mí hay más una pregunta que una respuesta: ¿cómo lograr que esa búsqueda de mayores espacios para las mujeres no sea percibida por los hombres como una amenaza? Creo que, en muchos casos, lo que aparece es una reacción en contra, en lugar de una construcción a favor. Ese es, para mí, uno de los grandes desafíos del movimiento feminista y de esta apuesta por una transformación cultural.En otros países este proceso está más avanzado porque parten de contextos culturales diferentes. Siento que, en la cultura latinoamericana, todavía persisten patrones de machismo mucho más marcados. Hay características propias de nuestra cultura que debemos tener en cuenta para lograr una transición hacia una sociedad más equitativa.Andrea Salazar, directora ejecutiva Orígen, Red de liderazgoSi vamos a los enfoques y acciones directas, ¿Qué papel tiene el sector público y cuál el privado?Respecto al rol del sector público y el privado, yo creo que el sector público es fundamental en una sociedad para determinar los pisos mínimos deseables. Si bien las leyes de cuotas nunca van a ser suficientes para lograr mayor equidad y paridad, son un principio base para incrementar o abrir esas puertas y esas ventanas de acceso.Además, el sector público es quien mejor puede diseñar políticas que ayuden a encaminar a una sociedad hacia esa paridad. Por ejemplo, leyes relacionadas con licencias parentales igualitarias, transparencia salarial obligatoria o compras públicas que premien a las empresas con equidad real. Hay una cantidad de estrategias que generan incentivos.En Colombia, y particularmente en Bogotá, todo lo que se ha hecho alrededor de la política de las Manzanas del Cuidado va encaminado en esa vía: ayudar a incrementar los incentivos, pero también a visibilizar y cubrir mejor esos otros roles que históricamente han asumido las mujeres.Recomendada: “La sociedad se ha acostumbrado a ver dos hombres por cada mujer en un cargo directivo”Mientras tanto, el rol del sector privado es mover el techo. Si el sector público fija el piso, el sector privado tiene la posibilidad de mover ese techo. Lo que el Estado no logra legislar o hacia donde no alcanza a llegar, el sector privado sí tiene la capacidad de movilizar tejido social mediante la implementación de culturas organizacionales, redes más informales, los incentivos que otorga, las personas que hace visibles para los ascensos y las políticas internas que buscan mejorar las condiciones, particularmente de las mujeres.Las empresas pueden medir y publicar sus políticas en materia de recursos humanos y revisar cómo estas se relacionan con los roles tradicionales de género.Pero, más que hablar de un sector u otro, creo que el verdadero valor está en el puente que existe entre ambos. Y también me atrevo a mencionar al sector social, porque sí creo que este puede tejer entre lo público y lo privado, generando cada vez mayor conciencia sobre la situación real de las mujeres en un país como Colombia.¿Cómo lograr una verdadera paridad, empezando, por ejemplo, con que los hombres también tengan licencias familiares o que no haya que decidir entre desarrollar una carrera profesional y una familia?Yo creo que la verdadera paridad se logra con una mirada completamente sistémica. Eso quiere decir que, a veces, entendemos la paridad como un ejercicio de cuotas: cuántas mujeres hay en determinado espacio o cuántas mujeres acceden a ciertos cargos. Pero eso impide entender las causas estructurales del problema.La verdadera paridad tiene, por un lado, unas claves técnicas. Por ejemplo, la realidad de las licencias parentales iguales e intransferibles. En algunos países se ha avanzado con este tipo de leyes, pero las licencias siguen siendo transferibles y, cuando eso ocurre, quien termina tomándolas es la mujer. Eso perpetúa la penalización de la maternidad en la contratación.Para leer: La emprendedora que “le da vida a lo que muchos desechamos a diario”Los países que han sido más exitosos en este tipo de políticas son aquellos que entienden de manera realmente igualitaria los roles y las responsabilidades de la paternidad y la maternidad, otorgando licencias que no son transferibles y que tienen el mismo valor.Pero, por otro lado, hay un aspecto fundamental de la paridad que tiene que ver con la cultura. El cuidado suele entenderse, desde la perspectiva masculina, como algo de colaboración o de ayuda, mientras que la responsabilidad principal sigue recayendo sobre la mujer. La participación del hombre se concibe más como una contribución voluntaria que como una responsabilidad compartida.Cuando el cuidado no se entiende de esa manera, quien termina pagando el costo profesional es la mujer. Esto se refleja en los roles de cuidado del hogar, en las responsabilidades compartidas dentro de la casa, en la crianza y en muchos otros ámbitos.En video: Diez peticiones al nuevo presidente de Colombia para que las pequeñas empresas sobrevivanEse mismo aspecto cultural también es evidente en los procesos de selección y en el acceso a cargos de liderazgo. Un ejemplo muy claro es el tipo de preguntas que se les hacen a hombres y mujeres durante una entrevista de trabajo. A los hombres casi nunca les preguntan cómo equilibran su carrera con la familia o si tienen planes de tener hijos. En cambio, aunque este tipo de preguntas son ilegales, todavía se les hacen con frecuencia a las mujeres.Por eso, avanzar en la conciencia cultural —no solo sobre lo que está prohibido o permitido, sino sobre los sesgos que siguen presentes— es fundamental para que las mujeres puedan acceder a más espacios y cargos de liderazgo.Y, por último, añadiría que todos los asuntos relacionados con la paridad y la equidad de género es muy importante entenderlos, nuevamente, desde una perspectiva sistémica. Es una mirada que no habla únicamente de las mujeres ni de lo que ellas necesitan para acceder a espacios de liderazgo, sino que también implica comprender el rol de los hombres y trabajar conjuntamente entre hombres y mujeres para transformar estas condiciones y abrir, de manera real, los espacios de toma de decisiones.Si conoce historias de emprendedores y sus emprendimientos, escríbanos al correo de Edwin Bohórquez Aya (ebohorquez@elespectador.com) o al de Tatiana Gómez Fuentes (tgomez@elespectador.com). 👨🏻💻 🤓📚Por Edwin Bohórquez AyaComunicador social-periodista. MBA Inalde Business School. Premio Iberoamericano de Periodismo Económico IE Business School, Madrid (España). Premio a Mejor trabajo periodístico de Analdex, categoría prensaConoce másTemas recomendados:
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