Milei y Cristina también formaron sus propios equipos. Pero aplicaron, con una puntería difícil de atribuir al azar, el criterio inverso: eligieron, no a algunos, sino a muchos de los peores. Acaso por eso el fútbol todavía consigue unirnos mientras la política insiste en querer obligarnos a elegir al que consideramos menos malo. La diferencia es sencilla. Para llegar a la Selección hay que demostrar capacidad. Para integrar ciertos equipos políticos, a veces parece necesario demostrar exactamente lo contrario. Podríamos armar el seleccionado de Milei para ocupar los cargos más altos con Manuel Adorni, Patricia Bullrich, Diego Santilli, Martín Menem, José Luis Espert, Federico Sturzenegger, Luis Caputo, Santiago Caputo, Agustín Laje, el Gordo Dan y, naturalmente, Karina Milei. Detengámonos en esta formación. Confiese si ella no reúne una variedad de mediocres y energúmenos y/o familiares y/o conversos y/o repetidores y/o operadores y/o integrantes de la casta reciclada y/o manipuladores de datos y/o personas vinculadas con episodios de corrupción.

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