M+.- Un mexicoamericano graduado en ciberseguridad; un colombiano que escapó de la violencia; una judía cuya bisabuela emigró durante el Holocausto; la hija de argentinos que quiere devolver la ayuda que un día recibieron sus padres migrantes; y una rubia recién salida del bachillerato que decidió sumarse “para hacer algo” después de ver las imágenes de redadas, golpes y asesinatos relacionados con ICE.Todos forman parte de una célula de la organización de defensa de los derechos de los inmigrantes Casa San José y trabajan en El Búnker, un centro de operaciones cuya principal fortaleza es pasar inadvertido.Es un edificio amplio de tabique, sin aire acondicionado, donde el calor, el bochorno, el sudor y la luz artificial forman parte de la clandestinidad impuesta por el hostigamiento de los agentes de la Agencia de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), La Migra.Pensilvania —y, en particular, Pittsburgh y sus alrededores— se ha convertido en uno de sus principales frentes. De acuerdo con cálculos de la organización Deportation Data Project, entre agosto de 2025 y marzo de 2026 ICE detuvo a 5 mil 100 personas en el estado, un promedio de 14 capturas diarias.—No queremos exponer a nadie a una redada y por eso escogimos este lugar como oficina —explica a MILENIO Mónica Ruiz, directora de Casa San José.