Anteayer me comí un bulo como la catedral de Burgos. Qué vergüenza. Casi 60 años de vida y 40 de oficio y todavía me la cuelan. En mi disculpa diré que estaba liadísima. Hallábame sentada en el trono, móvil en ristre, indignadísima con la que le estaba cayendo en redes sociales a Inés García, cuando, de repente, el algoritmo me puso ante los ojos un comunicado de la susodicha pidiendo compasión en su cuenta verificada de X y, claro, me faltó tiempo para retuitearlo con un comentario de apoyo. Pues bien: todo era falso. El comunicado, la cuenta verificada y la identidad de García. Aún no me he repuesto del ridículo. Para quienes, a estas alturas de los partidos, no sepan quién es Inés García, ya se lo cuento yo, que hay que explicárselo todo. García es una influencer de 21 años cuyo novio al cierre de estas líneas era un tal Lamine Yamal, un futbolista de 19 veranos recién cumplidos que acaba de ganar la Copa del Mundo. Y lo único que no es falso en toda esta historia es la virulencia de los comentarios que le han caído y le siguen cayendo a García por ennoviarse con Yamal hace dos meses y presumir de ello en TikTok e Instagram. Que si es una buscona que no lo tocaría ni con un palo si no fuera multimillonario, como si los futbolistas no peinaran a fondo las redes en busca de bellezas random a las que mandarles fueguitos. Que si él pasa de ella y ella se arrastra por la cuenta que le tiene. Que si ella lo está utilizando para escalar en la cadena trófica del famoseo, como si ellos no las exhibieran como trofeos. O sea, lo de siempre. Un insoportable hedor a machismo, moralina y misoginia. Desde que a Sara Carbonero le hicieran la vida imposible hace 16 años por su noviazgo con Iker Casillas, y hace 10, Georgina Rodríguez lograra darle la vuelta a la tortilla rentabilizando sin complejos su relación con Cristiano Ronaldo, las cosas siguen más o menos. Las sospechosas, cuando no las culpables de lo que sea, siempre son ellas. El hecho cierto es que, con todo esto, Inés García ha pasado en un par de días de unas pocas decenas de miles a tres millones de seguidores. Y yo que me alegro. Exigimos ejemplaridad a unas chicas, y chicos, que han crecido imitando a sus mayores en un mundo en el que demasiados les miden su valía en likes y millones de adeptos. Como diría Shakira, otra mala, malísima: Inés, hija, tú factura, que para llorar siempre hay tiempo. Por cierto, ¿quién era tu novio?
¿Quién es el novio de Inés García?
Dicen que ella lo está utilizando para ascender en la cadena trófica del famoseo. Las sospechosas, cuando no las culpables de lo que sea, siempre son ellas







