Francia se ha convertido en el primer país europeo y el tercero en el mundo -tras Australia e Indonesia- en aprobar la prohibición del acceso a menores de 15 años a redes sociales. La medida, que ha sido aprobada este martes con el respaldo de ambas cámaras del Parlamento, entrará en vigor el próximo 1 de septiembre.PublicidadLa norma es un ejemplo más de un sentir generalizado en muchos países, como España, que también están planeando implantar medidas similares para establecer límites y exigir mayores responsabilidades a las empresas tecnológicas.La ley francesa establece un veto general para acceder a "plataformas en línea" y "servicios de redes sociales en línea", aunque evita elaborar un listado concreto de aplicaciones. Si bien, parece estar claro que afectará a redes como TikTok, Instagram o Snapchat, aún existen dudas sobre si también limitará el uso de otras plataformas como YouTube, WhatsApp, Reddit o incluso videojuegos con componentes sociales como Roblox.La medida no prevé ninguna sanción para los menores ni para los padres, sino que caerá toda la responsabilidad sobre las propias plataformas, que serán las encargadas de establecer el control y verificación de edad.España planea limitar el acceso a los menores de 16La decisión francesa llega pocos meses después de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunciara que España impulsará una prohibición similar, aunque fijando el límite de edad en los 16 años. Según explica el Ministerio de Juventud e Infancia a Público, esta edad se ha establecido siguiendo las recomendaciones del grupo de 50 expertos en infancia y entornos digitales al que conformó al inicio de la legislatura.PublicidadEl Ejecutivo ha incluido esta restricción dentro de la futura Ley de Protección de Menores en Entornos Digitales impulsada por el Ministerio de Juventud e Infancia. La norma se encuentra en tramitación en el Congreso, en fase de ponencia, es decir, en el punto previo a la votación, que se prevé que pueda tener lugar en otoño.Con ello, España se sumaría a la denominada Coalición de los Digitalmente Dispuestos, integrada por países como Alemania, Grecia, Italia o Noruega, que también estudian endurecer el acceso de los menores a las redes sociales. Reino Unido, por su parte, ya ha aprobado una regulación similar que comenzará a aplicarse a comienzos de 2027.Uno de los miembros que ha formado parte del grupo de expertos que asesora al Ministerio de Juventud e Infancia es Ricard Martínez, profesor de Derecho Constitucional de la Universitat de València, quien explica a Público, que existe una clara necesidad de poner límites dada su "peligrosidad desde un punto de vista social, conductual y de la salud de los menores".Publicidad"Los seres humanos somos el objeto de negocio de las redes sociales. No nos ofrecen un servicio gratuito, sino que monetizan nuestra privacidad", explica. Para ello, recopilan enormes cantidades de información mediante perfiles de comportamiento, relaciones sociales, inteligencia artificial o el análisis de cada interacción realizada por el usuario.El experto denuncia que las plataformas emplean "patrones oscuros" como el scroll infinito para enganchar al usuario, al contar con un diseño adictivo. Consideran que este sistema es especialmente problemático durante la infancia y la adolescencia porque los algoritmos no solo fomentan un uso compulsivo, sino que también amplifican los contenidos que consumen los niños. Si un adolescente interactúa con publicaciones relacionadas con trastornos alimentarios, violencia o discursos sexistas, el sistema tenderá a mostrarle cada vez más contenidos similares. "No nos puede extrañar que haya un repunte de bulimias, anorexias o comportamientos sexistas. Estamos definiendo para niños y niñas, en pleno proceso de desarrollo de su personalidad, unos estereotipos visuales, físicos o de conducta que pueden consolidar prácticas de riesgo para su salud", advierte.¿Prohibir es la solución?Aunque los expertos coinciden en que es imprescindible limitar la exposición de los menores a las redes sociales, muchos dudan de que la prohibición, por sí sola, sea suficiente. Paula Marcelo, educadora e investigadora Juan de la Cierva en el grupo Ágora de la Universidad de Huelva, especializada en alfabetización mediática, considera que la medida puede formar parte de la solución, pero rechaza que sea la única respuesta. "No la considero la mejor medida si se aplica de forma aislada, aunque sí puede ser parte de una respuesta más amplia y coherente", sostiene.La investigadora recuerda que en Australia, donde ya está implantada esta norma, han eliminado casi cinco millones de cuentas de menores en redes sociales, pero la descarga de aplicaciones VPN aumentó en torno a un 400% tras la entrada en vigor de las restricciones. "Los niños recurren incluso a herramientas de inteligencia artificial para aparentar mayor edad en los sistemas de verificación o migran hacia redes sociales privadas con menor control. Prohibir el acceso puede, paradójicamente, empujar a los menores hacia entornos más opacos y más peligrosos", apunta.Sin embargo, si las plataformas deciden elaborar una verificación de identidad muy estricta puede poner en riesgo la privacidad de los usuarios. "Aparecen preocupaciones sobre la protección de datos, el seguimiento de la actividad de los usuarios o la posible pérdida de anonimato en internet. Podría afectar, por ejemplo, a activistas de derechos humanos, que no podrían denunciar ciertas vulneraciones si tienen que revelar su identidad", explicaba David Bollero a Público.Los padres deben contar con una alfabetización digital crítica que les permita comprender el efecto de hacer scroll delante de sus hijos"Prohibir sin educar es delegar el problema", afirma Marcelo, quien considera que la clave está en ofrecer más información al entorno del menor para un mejor acompañamiento. "Los padres deben contar con una alfabetización digital crítica que les permita comprender, por ejemplo, el efecto que produce hacer scroll delante de sus hijos, reflexionar sobre el sharenting o acompañarles cuando tengan la madurez suficiente, que no siempre coincide con una edad concreta, para entender qué es una red social y cómo funciona", añade.Una reflexión similar plantea Francesc Núñez, experto en Sociología del Conocimiento y de la Cultura de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), quien considera que el verdadero cambio debería producirse en la propia sociedad, que debería dejar atrás la hiperconectividad. "Lo que puede cambiar el mundo son las prácticas y los estilos de vida; no los discursos, las buenas voluntades ni las prohibiciones". PublicidadEl problema, según él, es que cambiar nuestras prácticas ya arraigadas implica muchas veces "ir contra lo que nos apetece", y "la gente está muy poco dispuesta a contradecir sus propios deseos", concluye.