0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialNuevo frente de tensión entre Bruselas y la Bienal de Venecia. La Comisión Europea ha confirmado la retirada de la subvención de dos millones de euros concedida a la Fundación de la Bienal de Venecia, después de que el organismo, una de las instituciones culturales más emblemáticas de Italia, permitiera la reapertura del pabellón ruso en su 61ª edición, inaugurada esta primavera en un clima de máxima tensión.Según ha justificado el Ejecutivo comunitario en un escueto comunicado, los eventos culturales financiados con dinero de los contribuyentes europeos deberían salvaguardar los valores democráticos, la diversidad y la libertad de expresión, “unos valores que no son respetados en la Rusia actual”. La polémica está servida y la fundación ya ha anunciado un recurso contra la decisión.Bruselas afirma que los valores democráticos, la diversidad y libertad de expresión “no son respetados en Rusia”No es una disputa nueva.Tras la invasión rusa de Ucrania en el 2022, la Bienal condenó la agresión y prohibió la entrada a cualquier persona vinculada al Kremlin. Aunque nunca ha prohibido formalmente la participación de Rusia, el país se mantuvo ausente en las ediciones del 2022 y 2024. Pero esto cambió este año, para sorpresa de todos, al anunciarse en marzo los participantes a la gran cita del arte contemporáneo mundial: Moscú volvía a estar incluida, para la gran indignación de Kyiv, que lo consideró un blanqueamiento del agresor y un golpe más del Kremlin en su guerra híbrida contra Europa. “Es como invitar a un asesino en serie a cenar con amigos”, comparó su ministra de Cultura, Tetiana Berejna.La organización defendió entonces que la Bienal es una “institución abierta” en la que puede participar cualquier país reconocido por la República italiana y rechazó “cualquier forma de exclusión o censura de la cultura y el arte”. De nada sirvió la carta remitida por 22 ministros europeos de Cultura y de Exteriores al presidente de la Bienal, Pietrangelo Butafuoco, reclamándole que reconsiderase la decisión. La Bienal se mantuvo en sus trece y mantuvo la presencia de los pabellones de Israel y Rusia pese a las serias amenazas de boicot.“Fue víctima de una fantasía de pacificación; quería una ONU del arte y acabó engañándose a sí mismo creyendo que podía influir en la política exterior. Pero eso le corresponde al gobierno y al Parlamento”, le justificó el ministro de Cultura italiano, Alessandro Giuli, quien se negó a acudir a la inauguración como muestra de protesta. Como la división política es fecunda también en la derecha italiana, la secretaria de Estado de Cultura, Lucia Borgonzoni, denunció en cambio “el enésimo vergonzoso ataque político e ideológico” de la UE.El malestar fue tan grande que dimitió en bloque el jurado que debía entregar los premios, de los que previamente había excluido a artistas de países cuyos líderes estuvieran siendo acusados de crímenes de lesa humanidad, por lo que se tuvo que aplazar la ceremonia del 9 de mayo al 22 de noviembre, algo que solamente había sucedido cuando la pandemia del coronavirus sacudió a Italia, convirtiendo el país en el primer lugar de Europa en sufrir los confinamientos.Incluso desembarcaron en Venecia el colectivo punk feminista ruso Pussy Riot y el grupo ucraniano FEMEN, que irrumpieron en la Bienal en protesta por la readmisión de Rusia.Al final, el pabellón ruso ni siquiera llegó a abrir al público: solo estuvo accesible durante el pase previo reservado a la prensa y autoridades, con actuaciones en directo y hasta un bar en la planta superior. Después fue cerrado al público general y sustituido por un formato audiovisual, con una videoproyección (de una performance titulada El árbol está enraizado en el cielo ) que se podía contemplar desde el exterior, a través de una ventana, sin acceso a los espacios interiores.Entre todo el ruido, la Comisión Europea movió ficha. La vicepresidenta ejecutiva de la Comisión para Soberanía Tecnológica, Seguridad y Democracia, la finlandesa Henna Virkkunen, instó a la Agencia Ejecutiva Europea de Educación y Cultura a cancelar la subvención. El problema es que en esta guerra hay también víctimas colaterales: la subvención retirada por Bruselas (los dos millones de euros) no afecta al arte en sí, sino a actividades ligadas al cine, el Biennale College y el Venice Production Bridge, que son programas vinculados a la Mostra. la sección de cine de la fundación. De esta manera, aunque el conflicto se originó por el pabellón ruso en la Bienal de Arte, el golpe económico recae en parte sobre el ámbito cinematográfico.Corresponsal en Bruselas. Antes, al frente de la corresponsalía en Italia y el Vaticano de La Vanguardia y RAC1 (2018-2024). Es autora de ‘Laboratori Itàlia’ (Pòrtic, 2024).
Castigo europeo a la Bienal de Venecia
Bruselas retira una subvención de 2 millones de euros por invitar a Rusia La Comisión Europea retira la subvención de dos millones de euros por permitir la reapertura del pabellón de Rusia













