Donald Trump llevó la guerra con Irán a un nuevo punto de no retorno. Mientras se trasladaba a la base militar de Dover para recibir los ataúdes de cuatro soldados estadounidenses caídos en combate, el presidente lanzó uno de sus ultimátums más feroces desde que estalló el conflicto: prometió hacer volar por los aires puentes y centrales eléctricas civiles iraníes por cada ataque que el régimen islámico lance contra los buques mercantes. Una postal extrema que resume el caos en Medio Oriente tras el colapso del alto el fuego a principios de julio. La ceremonia en Delaware mostró la cara más dura de una guerra que ya dejó 18 militares estadounidenses muertos desde fin de febrero. Frente al secretario de Defensa, Pete Hegseth, y a la cúpula del Ejército, Trump recibió los restos de los cuatro caídos: el primer teniente Tyler James Feehan, el sargento Michael Emmanuel Swinton, la sargento Angel S. Rampersad y la soldado Isabella Gonzales. Antes de viajar a la base, el mandatario marcó que enfrentar estos funerales es el trago más amargo de su gestión, pero justificó la ofensiva sin dudarlo: "No podemos permitir que Irán tenga un arma nuclear".
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