Noticia Exclusivo suscriptores La prevención es la principal defensa, pero el aseguramiento gana terreno para proteger viviendas, empresas, cultivos y el patrimonio de las personas.Fortalecer la resiliencia implica que hogares, empresas y sectores productivos desarrollen planes de preparación antes de que ocurra una emergencia. Imagen del eciente terremoto en Venezuela. Foto: @juanfotosadnPERIODISTA ECONÓMICO22.07.2026 18:51 Actualizado: 22.07.2026 18:51

Los recientes terremotos registrados en Venezuela, Perú y México volvieron a recordar una realidad que suele quedar relegada cuando cesan las réplicas y es que la naturaleza no da avisos previos. Un sismo puede cambiar la vida de millones de personas en cuestión de segundos; una temporada de lluvias inundar poblaciones enteras y una sequía prolongada acabar con el sustento de cientos de familias campesinas.Frente a esa realidad, expertos coinciden en que existe una diferencia fundamental entre lo inevitable y lo prevenible. Si bien nadie puede impedir que ocurra un terremoto o que llegue un fenómeno climático como El Niño o La Niña, sí es posible reducir sus consecuencias mediante una adecuada gestión del riesgo, mejores prácticas de prevención y mecanismos que permitan acelerar la recuperación económica cuando el desastre ya ocurrió. LEA TAMBIÉN Ese es precisamente el mensaje que cobra fuerza en Colombia, un país expuesto de manera permanente a amenazas sísmicas, inundaciones, deslizamientos de tierra, incendios forestales y fenómenos climáticos extremos."Los eventos naturales no se pueden evitar, pero sí podemos prepararnos para enfrentarlos. La resiliencia de una sociedad depende, en buena medida, de la capacidad que tenga para anticiparse y recuperarse", advierte Gustavo Morales, presidente ejecutivo de Fasecolda —gremio de los aseguradores—, al insistir en que la protección financiera debe entenderse como un complemento de las estrategias de prevención y no como un sustituto de estas. La afirmación cobra especial relevancia cuando el país comienza a prepararse para la llegada del fenómeno de El Niño, mientras las experiencias recientes de otros países demuestran que las pérdidas humanas y económicas derivadas de los desastres naturales pueden alcanzar dimensiones millonarias.Para expertos de Zurich Seguros, fortalecer la resiliencia implica que hogares, empresas y sectores productivos desarrollen planes de preparación antes de que ocurra una emergencia, reduzcan sus vulnerabilidades y cuenten con mecanismos que les permitan recuperar su actividad en el menor tiempo posible.Más allá del patrimonioAunque tradicionalmente el aseguramiento se ha asociado con la protección de bienes materiales, hoy su alcance va mucho más allá.Las cifras de Fasecolda muestran que al cierre de 2025 había 1'259.323 hogares asegurados en Colombia, reflejando un crecimiento progresivo de la cultura de protección patrimonial.Bogotá concentra el mayor número de viviendas aseguradas, con 355.394 hogares, seguida por Cali (72.585), Medellín (61.430), Soacha (54.125) y Barranquilla (40.294).En las principales ciudades del país la vivienda representa más del 80 por ciento del total de riesgos asegurados. Bogotá registra una participación del 81,2 por ciento, Medellín del 80,5 por ciento y Cali del 81,6 por ciento, mientras el resto corresponde principalmente a establecimientos comerciales, inmuebles de uso mixto y otros activos. LEA TAMBIÉN Esa concentración refleja que el hogar continúa siendo el principal patrimonio de millones de familias colombianas y, al mismo tiempo, uno de los bienes más expuestos frente a eventos como terremotos, incendios, inundaciones o deslizamientos.El seguro de hogar, además de cubrir daños ocasionados por incendio o terremoto, puede incluir protección frente a granizadas, huracanes, inundaciones, deslizamientos, explosiones, rotura de tuberías y otros eventos, además de servicios de asistencia para reparaciones de emergencia.A ello se suma el Seguro Decenal, obligatorio desde julio de 2025 para las edificaciones nuevas, que protege durante diez años a los compradores frente a riesgos de ruina derivados de errores de diseño, fallas en materiales o problemas constructivos. A enero de 2026 ya amparaba 787 proyectos de vivienda, con un valor asegurado de 18,6 billones de pesos, beneficiando a 112.063 compradores.La embestida del climaPero si existe un sector donde el aseguramiento demuestra con mayor claridad su impacto es el agro. Las pérdidas ocasionadas por fenómenos climáticos no solo afectan a los productores rurales. También terminan impactando el abastecimiento de alimentos, los ingresos de miles de familias y, en muchos casos, los precios que pagan los consumidores. Fedegán —gremio que representa a los ganaderos de Colombia—ha documentado cómo las temporadas climáticas extremas han dejado pérdidas cercanas a 13.000 millones de pesos, más de 3.100 bovinos muertos, alrededor de 266.000 animales desplazados y más de un millón de hectáreas afectadas, evidenciando la enorme vulnerabilidad del sector pecuario frente a estos eventos.En ese contexto, el seguro agropecuario ha comenzado a consolidarse como una herramienta de gestión del riesgo. LEA TAMBIÉN En 2025, las aseguradoras pagaron 67.263 millones de pesos en reclamaciones de productores afectados, principalmente por lluvias intensas y vientos fuertes que golpearon cultivos como plátano y banano.De manera preliminar, el Incentivo al Seguro Agropecuario permitió proteger a 75.419 productores, de los cuales el 99 por ciento correspondió a pequeños productores y productores de ingresos bajos. Al mismo tiempo, comenzó a ganar espacio el denominado seguro paramétrico, un esquema que amplía la cobertura territorial y que el año pasado atendió a cerca del 52 por ciento de los productores beneficiados, convirtiéndose en una alternativa para responder a fenómenos asociados con la variabilidad climática.Antes de la emergenciaLas cifras también muestran que el aseguramiento está dejando de concentrarse solo en las grandes empresas. En ciudades como Bogotá existen más de 12.000 copropiedades aseguradas, con un valor protegido cercano a 141 billones de pesos, según cifras de Fasecolda, mientras que Barranquilla supera las 2.500 copropiedades, por alrededor de 18 billones de pesos en bienes asegurados.Equipos de rescate transportan el cuerpo de una víctima del doble terremoto en Venezuela. Foto:AFPSin embargo, los expertos coinciden en que el aseguramiento constituye apenas una parte de una estrategia mucho más amplia.La primera línea de defensa continúa siendo la prevención, que incluye cumplir las normas de construcción sismorresistente, identificar los riesgos de cada territorio, desarrollar planes familiares y empresariales de emergencia, proteger las actividades productivas y fortalecer los sistemas de gestión del riesgo.Solo después entra en juego el seguro, que no evita que ocurra un terremoto, una inundación o una sequía, pero sí puede reducir el impacto económico que esas tragedias dejan sobre las familias, las empresas y el aparato productivo, advierten desde el sector asegurador.Insisten en que en un contexto de fenómenos climáticos cada vez más intensos y frecuentes, la principal enseñanza que dejan los recientes desastres en la región es que reconstruir siempre será más costoso que prepararse. Y esa preparación no depende solo de las autoridades, también comienza en cada hogar, en cada empresa y en cada productor que entiende que proteger su patrimonio forma parte de la misma cultura de prevención que puede marcar la diferencia cuando la naturaleza vuelva a poner a prueba al país. Sigue toda la información de Economía en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.