Donald Trump ha escalado de nuevo su ofensiva para reducir el precio de los medicamentos en Estados Unidos. Después de utilizar los aranceles como herramienta de presión sobre los fabricantes de fármacos de marca, el presidente ha puesto ahora el foco en los medicamentos genéricos, que representan cerca del 90% de las recetas dispensadas en el país, según la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA). Sin embargo, los analistas vuelven a cuestionar que la estrategia consiga abaratar los tratamientos y advierten de que incluso podría terminar elevando los costes para los pacientes.El nuevo movimiento llega apenas unos meses después de que la Casa Blanca anunciara un arancel del 100% sobre los medicamentos patentados importados, una medida que buscaba forzar a las grandes farmacéuticas a negociar rebajas de precios o trasladar su producción a Estados Unidos. A raíz de aquella política, compañías como Eli Lilly, Pfizer y Novo Nordisk alcanzaron acuerdos con la Administración para ampliar sus inversiones industriales en territorio estadounidense y obtener un trato más favorable.

Ahora Trump pretende aplicar una estrategia similar al mercado de los genéricos. El presidente anunció que estos medicamentos dispondrán de un período de gracia de dos años sin aranceles. A partir de agosto de 2028, las importaciones estarán sujetas a un gravamen del 100% y, en 2029, este aumentará hasta el 200%. En redes sociales, el republicano sostiene que el objetivo no es incrementar la recaudación, sino incentivar a los fabricantes a trasladar su producción a Estados Unidos para reforzar la industria nacional y reducir la dependencia del exterior.