Jannah Britt-Green llevaba en Maldivas algo menos de un mes cuando conoció a Gianluca Benedetti. Ambos conectaron rápidamente gracias a sus intereses comunes en la isla, situada a aproximadamente mil kilometros de Sri Lanka. A los dos les apasionaban la literatura clásica y el ajedrez además de encontrarse lejos de casa —Italia, en el caso de Benedetti, y en cualquier parte del mundo en el de Britt-Green, que creció entre México, Estados Unidos, Australia y el Reino Unido, aunque hoy reparte su vida entre Barcelona y Menorca—. Sentían que podían comprenderse mutuamente y empatizaban con las exigencias del trabajo del otro. Tanto Britt-Green como Benedetti trabajaban buceando en Maldivas. La bióloga marina Britt-Green, que vive la mayor parte del año entre Barcelona y Menorca, apenas llevaba unos meses inmersa en un nuevo proyecto de restauración de corales en Maldivas, un país cuya economía depende en gran medida del turismo gracias a sus islas coralinas.La fatalidad en Maldivas es el incidente más trágico de la historia del buceo en el paísUno de los trabajos de Benedetti en las islas fue el de responsable de operaciones de una embarcación de buceo, al frente de un yate de vida a bordo para huéspedes que querían viajar a los mejores puntos de buceo de Maldivas. Ejercía, además, de instructor jefe de buceo. Britt-Green no solo había estado en el barco con él y había visto cómo “cuidaba tan bien de sus huéspedes en todo momento”, sino que también estaba acostumbrada al ritmo que había adquirido su relación durante los casi cuatro meses transcurridos desde que se conocieron por primera vez.Cuando tenía huéspedes a bordo, Benedetti se alejaba del teléfono y se dedicaba a ellos durante varios días, dirigiendo normalmente tres o cuatro inmersiones al día, con la primera de ellas a una hora bastante temprana, explica Britt-Green. Cuando la mañana del 14 de mayo de 2026 no recibió noticias de él, no le dio demasiada importancia. No fue hasta el día siguiente cuando descubrió lo ocurrido que durante la segunda inmersión, alrededor de las 11 de la mañana, ocurrió lo que ha sido calificado como el incidente más trágico de la historia del buceo en Maldivas.En total, cinco personas murieron cuando un grupo de buceadores italiano “participaba en una inmersión para explorar varias cuevas a 50 metros de profundidad cerca del atolón de Vaavu”, según cubrió La Vanguardia. El grupo viajaba a bordo de una embarcación especializada en cruceros de buceo y quedaron atrapados en una gruta al entrar en una cueva submarina mientras practicaban una expedición de submarinismo. La cueva en la que entraron “es conocida por tener pasajes extremadamente estrechos y una visibilidad casi nula”, según ha informado este diario. Durante las labores de rescate, el militar maldivo Mohamed Mahudhee falleció ahogado mientras intentaba localizar los cuerpos de los dos italianos, elevando a seis el número total de víctimas mortales.Es desgarrador. Cualquiera que fuera el motivo por adentrarse en esa cueva, aquello no formaba parte del plan”Jannah Britt-GreenBióloga marina y pareja de Gianluca BenedettiSiguen sin respuesta muchas preguntas sobre cómo pudo producirse esta tragedia. Los buceadores fueron encontrados a 60 metros de profundidad, cuando el límite para el buceo recreativo en Maldivas es de 30 metros y cualquier inmersión por debajo de los 40 requiere equipo y formación especializados, informó The Guardian. Además, el buceo en cuevas suele conllevar riesgos como la pérdida de visibilidad y de la orientación.Según Mohamed Hussain Shareef, portavoz jefe de la oficina presidencial de Maldivas, el gobierno había concedido al grupo el permiso necesario para investigar corales blandos en la zona de Devana Kandu sin saber que pretendían bucear en cuevas: “Como los buceadores sabrán y apreciarán, es una disciplina muy distinta, con sus propios desafíos y riesgos, y particularmente a esa profundidad podían haber salido mal muchas cosas”.La noticia fue, y sigue siendo, muy difícil de asimilar para Jannah-Britt Green. “Con el equipo que llevaban y teniendo en cuenta que iban acompañados de buceadores experimentados, esto no es algo que hubieran hecho de manera improvisada”, señala la bióloga marina, que invoca su propia experiencia buceando en cuevas más amenas a la exploración: “En Menorca, por ejemplo, he hecho varias inmersiones en cuevas, pero suelen realizarse entre los 15 y los 30 metros de profundidad, y esas cuevas siempre tienen entradas de luz. Son un tipo de cuevas muy distinto. [La cueva de Maldivas] estaba a 60 metros, era muy oscura y formaba parte de un sistema de cuevas muy complejo, donde, aunque entres por un único acceso, encontrar la salida puede resultar muy difícil.“Algo tuvo que obligarlos a adentrarse allí, porque ni siquiera llevaban las líneas guía. Cuando desciendes a esa profundidad y entras en un sistema de cuevas oscuro por una única entrada, siempre despliegas una línea guía en el interior para que, si ocurre cualquier imprevisto o pierdes la visibilidad, puedas seguirla de vuelta hasta la salida”, explica Jannah Britt-Green a La Vanguardia.Jannah-Britt Green, a la izquierda, junto a algunos compañeros en Maldivas Jannah-Britt Green“Tiene que estar todo perfectamente planificado y es desgarrador porque, fuera cual fuera el motivo por el que entraron en esa cueva, no formaba parte del plan. No lo hablaron durante la comprobación previa a la inmersión, no había nada relacionado con esa cueva en la planificación de la inmersión. Simplemente decidieron ir hacia la cueva. Creo que eso es lo que hace que todo sea aún más doloroso y mucho más misterioso, porque Gianluca nunca habría puesto a nadie en peligro”, cuenta. “Es lo que más cuesta asumir, lo más difícil de reconciliar para llegar a encontrar algún tipo de paz o de explicación”.Jannah Britt-Green no es la única persona cercana a las víctimas que, tras el accidente, trata de comprender cómo pudo ocurrir. La ecóloga marina Mónica Montefalcone, que buceaba con frecuencia en Maldivas, lideraba el grupo de inmersión aquel día. En él también participaban su hija y Gianluca Benedetti; los tres fallecieron en el accidente.Italia confirmó que se recuperó todos los cadáveres de los buceadores de Maldivas AgenciasComo explicó este periódico en mayo, “el marido de Montefalcone, Carlo Sommacal, declaró en entrevistas a medios italianos que su esposa jamás habría puesto en peligro a su hija ni a los demás. La describió como ‘una de las mejores buceadoras del mundo’, con unas 5.000 inmersiones realizadas, ‘siempre concienzuda’ y ‘nunca imprudente’. ‘Lo siento, yo no estaba allí y no soy experto, y por lo que veo y leo, ni siquiera los expertos tienen respuestas definitivas; solo están formulando hipótesis, muchas de ellas’, dijo a Reuters en un mensaje de WhatsApp”. Desde entonces, Greenpeace Italia ha destacado la carrera de Montefalcone, a quien ha descrito como una apasionada defensora de la protección de los océanos. La organización aseguró que echará profundamente de menos “su profesionalidad y sus consejos”.La experiencia de Britt-Green como buceadora no le basta para comprender las decisiones que se tomaron aquel 14 de mayo. Como muchos miembros de la comunidad del buceo, confía en que esta tragedia sirva, al menos, como un doloroso recordatorio de la importancia de practicar este deporte con las máximas medidas de seguridad. “Quizá nunca tendremos todas las respuestas sobre por qué entraron en la cueva y qué ocurrió exactamente. Pero es una lección muy dura para todos, especialmente para los buceadores: nunca hay que confiarse, siempre hay que estar perfectamente preparado, porque cuando se desciende a esas profundidades se necesita la mezcla de gases adecuada. Hay que llevar dos botellas y disponer de botellas adicionales en cada una de las paradas de seguridad”.En su memoriaJannah-Britt Green atiende las estructuras de prueba del proyecto que impulsará en memoria de su pareja fallecida Jannah-Britt GreenLa razón por la que Jannah Britt-Green había llegado a Maldivas era la ausencia de iniciativas de conservación marina y restauración de corales en el atolón Gaafu Alifu, en el sur del país. Con experiencia en restauración de corales tanto en Menorca como en Arabia Saudí, Britt-Green fue invitada por The Residence Maldives a diseñar un nuevo centro de interpretación marina, transformando las instalaciones de un antiguo centro de buceo en un espacio dedicado a los ecosistemas locales: las praderas de fanerógamas marinas, los arrecifes de coral y los manglares que bordean las islas.Una de las salas de las que se siente más orgullosa será un laboratorio interactivo dedicado al coral. El espacio explicará el ciclo de vida de estos organismos, cómo se produce el blanqueamiento y contará con un acuario que permitirá a los visitantes observar la diferencia entre un coral vivo y uno muerto, además de aprender sobre su importancia ecológica.Vista de los corales de las aguas de Maldivas Jannah-Britt GreenEl objetivo final es que el proyecto de restauración implique directamente a quienes visiten Maldivas. Aunque el centro todavía no ha abierto sus puertas, ya se han instalado seis estructuras de prueba —utilizadas para proteger los corales del blanqueamiento y otros daños—, cada una con entre 20 y 30 fragmentos de coral.“La idea es convertirlo en una experiencia en la que los visitantes puedan participar. Podrán hacer una inmersión poco profunda conmigo, a unos tres metros de profundidad. Antes recibirán una explicación sobre los corales y después plantarán su propio jardín submarino, fijando fragmentos de coral a una de las estructuras mientras buceamos. Luego colocaré una placa con su nombre y la fecha, y ese será su jardín de coral. Dos veces al año les enviaré fotografías y actualizaciones para que puedan seguir su evolución. Se trata de hacer algo que realmente marque la diferencia y contribuya a restaurar el océano”, señala la bióloga marina.Cuando el proyecto abra al público este otoño, cada uno de esos jardines de coral tendrá un significado personal para quienes participen en él. Pero, para Britt-Green, la iniciativa ya tiene un valor profundamente íntimo: lo ha dedicado a la memoria de Gianluca Benedetti. “Cada vez que salgo ahí fuera, buceo en apnea y sujeto nuevos fragmentos de coral, siento que él está conmigo. De alguna manera, me acompaña. Y eso me ayuda”.