Cuando regresó al poder hace un año y medio, Donald Trump prometió que iba a adoptar un enfoque poco intervencionista en el desarrollo de inteligencia artificial, lo que iba a permitir a Estados Unidos “desatar todo el potencial de la IA”, en contraposición con la postura más reguladora de su predecesor, Joe Biden, y la de los países de la Unión Europea. Sin embargo, motivada por los rápidos avances de China, donde el estado desempeña un papel muy activo en la financiación y orientación de esta tecnología, así como por las crecientes vulnerabilidades de la tecnología en materia de ciberseguridad, su Administración ha endurecido en los últimos meses los controles sobre las empresas punteras de EE.UU. y ya se prepara para restringir el acceso a los modelos chinos más avanzados.Lee tambiénEn junio, el presidente Trump firmó una orden ejecutiva con la que solicitó a las empresas presentar sus modelos al gobierno para su revisión antes de lanzarlos al público general. Cuando OpenAI, propietaria del chatbot ChatGPT, desarrolló su modelo más reciente (GPT-5.6), restringió su lanzamiento a un grupo de socios previamente evaluados por el gobierno, algo a lo que la empresa puntera de Sam Altman accedió después de que funcionarios federales presionaran para retrasar el lanzamiento.En el caso de Anthropic, propietaria del servicio Claude, la intervención estatal fue todavía más directa al emitir el Departamento de Comercio una orden de control de exportaciones que obligó a retirar a nivel mundial los modelos Fable 5 y Mythos 5, que fueron restablecidos semanas después. Según explicó Lutnick, el objetivo es detectar y corregir vulnerabilidades de ciberseguridad, así como limitar la capacidad de China de acceder a los modelos más avanzados.La orden ejecutiva firmada por Trump en junio no obligaba a las empresas a retener su tecnología para la revisión del gobierno, aunque sí solicitaba su colaboración “voluntaria”, añadiendo presión a las compañías. Open AI y Anthropic ya tenían sus propias iniciativas para poner a disposición de un pequeño grupo de socios y expertos sus modelos antes de lanzarlos, Daybreak y Project Glasswing.Esta independencia, sin embargo, se achicó todavía más la semana pasada con el lanzamiento de la iniciativa Gold Eagle por parte de Washington, un “centro de coordinación” que colaborará con el sector privado para corregir vulnerabilidades y dará a la Casa Blanca la autoridad para decidir qué empresas pueden acceder a los nuevos modelos de IA.El modelo chino Kimi K3, más barato y de código abierto, reduce su distancia con los modelos más punteros de Anthropic y OpenAIEl motivo, más allá de la necesidad de controlar el desarrollo de una tecnología tan disruptiva, es evitar que los adversarios de EE.UU. aprovechen los modelos punteros para robar información u obtener acceso no autorizado sobre datos, algo que la IA es capaz de hacer mucho mejor y más rápido que cualquier humano. En el primer mes del Proyecto Glasswing, Anthropic y sus socios identificaron más de 10.000 vulnerabilidades de gravedad alta en importantes sistemas digitales. La Administración Trump está trabajando para tomar las riendas de este control independiente.La idea central del discurso inicial de Trump, en consonancia con amplios sectores de Silicon Valley que financiaron su campaña, era que la mínima intervención estatal incentivaría la competencia y evitaría los límites de una excesiva burocracia para el desarrollo de la IA. Sin embargo, el enfoque ha terminado siendo la creación de mecanismos de supervisión, control de exportaciones, revisión de modelos y una mayor intervención directa en el ecosistema de IA por razones de seguridad nacional y competencia.En este contexto de cambios regulatorios, este lunes la Administración Trump perdió a su tercer responsable de seguridad de IA, pues Chris Fall, director del Centro para los Estándares e Innovación en IA, anunció su dimisión apenas tres meses después de asumir el cargo. Aunque no dio una explicación para su salida, avanzada por Axios, el medio estadounidense la relaciona con el debate interno sobre las restricciones a la tecnología.David Sacks, asesor de la Casa Blanca en IA, advierte que una excesiva burocracia “alimentada por la histeria” en EE.UU. dará ventaja a ChinaEste movimiento se produjo dos días después de que Moonshot AI, una empresa emergente con sede en Pekín, presentara Kimi K3, el modelo de inteligencia artificial de acceso público más avanzado que se ha desarrollado hasta el momento en China. Según varias plataformas de evaluación de IA, incluida Arena, el modelo supera en algunas tareas a los modelos más avanzados de EE.UU.En el último año, ha crecido la preocupación en Washington y Silicon Valley por el rápido desarrollo de la IA china, más barata pero de similar potencia, lo que ha motivado una serie de restricciones de la Administración Trump sobre la exportación de chips de alto rendimiento, necesarios para entrenar la IA, entre otros recursos clave para esta tecnología.Además, según avanzan medios estadounidenses, el Departamento de Comercio estudia incluir próximamente a varias empresas chinas de IA en su lista negra comercial, lo que impedirá a los americanos acceder a sus softwares. La medida busca potenciar la industria estadounidense para ganar ventaja competitiva frente a Pekín.Sin embargo, no todos los integrantes del entorno de Trump consideran que las restricciones sean la solución adecuada. El inversionista David Sacks, que fue el “Zar de la IA y las criptomonedas” de la Casa Blanca hasta que dimitió en marzo, y que ahora actúa como asesor externo, dijo el domingo que la campaña para restringir modelos chinos beneficiará únicamente el “duopolio” de OpenAI y Anthropic, impidiento la entrada en el mercado al resto de empresas de Silicon Valley.Sacks calificó de “preocupante” el hecho de que, por primera vez, un modelo chino haya superado a los estadounidenses en el desarrollo de front end para páginas web. Mientras tanto, la Casa Blanca se está “enredando” con sus restricciones y mayor burocracia, denunció a través de la red social X. “Así es como se pierde la carrera de la IA. El resto del mundo no jugará con nuestras reglas si nosotros mismos nos atamos de manos”, añadió Sacks, mediante “controles burocráticos alimentados por la histeria, el miedo y empresas que buscan capturar al regulador para sus propios intereses”.
La Casa Blanca estrecha el cerco sobre las empresas de IA para competir con China
Trump abandona su enfoque inicial de mínima intervención y apuesta por regulación, burocracia y controles de exportación y acceso








