Este martes en la mañana, mientras Colombia comentaba la sorpresiva derrota del presidente entrante la noche anterior, Abelardo de la Espriella escribió en X un mensaje que parecía más el de un ganador que el de alguien cuyo candidato acababa de perder la presidencia del Senado. Felicitó al senador ganador, el uribista Honorio Henríquez, y planteó encontrar puntos de encuentro desde el respeto de la mutua independencia. Dijo, además, que no hizo campaña por su candidato, y presentó el resultado como una prueba de fortaleza democrática: “No soy un político tradicional. Estoy aquí para hacer la gran política”. El tono de quien decide leer una derrota como si fuera una victoria ajena que también le sirve no es solo retórica. La votación fue, sin duda, un golpe inédito: nunca, bajo la Constitución de 1991, el presidente entrante había perdido un pulso por definir la cabeza de una de sus cámaras. Pero De la Espriella tiene en Henríquez un aliado, que hizo campaña por él. El Centro Democrático, el partido al que pertenece el nuevo presidente del Senado y que lidera el expresidente de derechas Álvaro Uribe Vélez, incluso se declaró partido de Gobierno tan pronto venció el ultra en el balotaje. Su bancada de 47 congresistas está puesta a disposición de la nueva administración. Es decir, lo que perdió el presidente entrante no fue el control del Senado, sino una pulseada personal por poner a un amigo, Alfredo Deluque, en la testera.Lo verdaderamente inédito fue que el uribismo ganara con los votos del Pacto Histórico, la colectividad de izquierda que presidirá Gustavo Petro en cuanto deje la primera magistratura, y que durante años ha sido la némesis histórica de Uribe. Esa alianza, sin embargo, tiene fecha de vencimiento clara. No nació de una coincidencia programática ni de un acercamiento ideológico, algo que aclaró en la plenaria del lunes la senadora petrista Carolina Corcho, sino de una negativa compartida: ni el petrismo ni el uribismo estaban dispuestos a que De la Espriella rompiera los acuerdos por los que todas las bancadas se distribuyen todas las dignidades en el legislativo. De hecho, todos los partidos votaron por las restantes vicepresidencias del Senado y por las de la Cámara de Representantes. Además, Wilson Arias, del Pacto Histórico, dio un segundo argumento antes de la votación: el apoyo a Henríquez era un voto contra el fascismo, como había ordenado horas antes Petro. Fue, en el sentido más estricto, una alianza coyuntural, no el anuncio de una oposición articulada contra el nuevo Gobierno.Por eso, el legado no es necesariamente un problema de gobernabilidad para De la Espriella, que conserva, al menos sobre el papel, la misma aritmética de apoyos con la que llegó a agosto. Sobre todo porque su apuesta de fondo para demostrar resultados rápidos no es llevar a una batería de reformas legislativas como las que presentó la izquierda este lunes, sino una ofensiva a punta de decisiones presidenciales. De la Espriella parece haber decidido, desde la campaña, no depender del Congreso, pues ha repetido, con variaciones menores en la cifra. Tiene listos desde el 7 de agosto unos 90 decretos para la firma. Algunos en materia de seguridad y lucha contra el narcotráfico hasta la economía, la salud y la reforma del Estado. Es una apuesta similar a la que empleó Donald Trump al iniciar su segundo mandato, en enero de 2025: anunciar un bloque masivo de órdenes ejecutivas para mostrar ejecución inmediata y prescindir, al menos en el arranque, de la negociación legislativa. Trump terminó firmando 26 el primer día, menos de lo prometido, pero una cifra sin precedentes en la historia reciente de Estados Unidos; habrá que ver si a De la Espriella el número también se le queda corto frente al anuncio. Pero la lógica política es la misma: gobernar por la vía administrativa desde el minuto uno, y dejar para después —y para otro terreno— la puja legislativa. “Serán pocas las leyes que tendrán que tramitarse en el Congreso, porque ya casi todas las que se necesitan están configuradas y lo que se deberá hacer es derogar los decretos del gobierno saliente que no encuadren en las políticas públicas que el nuevo gobierno implementará”, anunció en la mañana de este martes, justamente en esa línea, el abogado Germán Calderón España, asesor jurídico del mandatario entrante. Esa pelea en el Congreso, sin embargo, llegará, y ahí el resultado del lunes puede pesar más. No tanto porque el Pacto Histórico esté en su contra, algo natural, sino por la tensión que queda entre el presidente entrante y Uribe, que compiten por encabezar la derecha. De la Espriella no podrá evitar el Congreso si insiste en una reforma tributaria, que hasta ahora ha delineado como una rebaja de impuestos sin comprometerse con un texto concreto, ni para el plan de desarrollo que todo gobierno debe tramitar en su primer año, ni para el presupuesto de 2027. En esos tres frentes, de alta carga política porque exigen negociar cargas fiscales y prioridades de gasto, el centro de gravedad de la administración entrante sí tendrá que desplazarse hacia el Capitolio. Y es justamente ahí donde la lección del lunes cobra un matiz distinto: si el Pacto Histórico y el Centro Democrático lograron unirse una vez para bloquear a un candidato de De la Espriella, la pregunta que queda abierta es si esa combinación, improbable y en apariencia irrepetible, podría rearmarse frente a una reforma tributaria que toque intereses sensibles para ambas bancadas. Improbable no significa imposible.
La derrota de De la Espriella en el Senado es más simbólica que práctica
El presidente entrante no tiene un enemigo en el Legislativo y concentrará su acción legal en emitir decenas de decretos desde su primer día












