Análisis Exclusivo suscriptores La sorpresiva alianza entre petrismo y uribismo, la puja por la derecha y la independencia del Congreso marcaron la votación.Así celebró el Centro Democrático la elección de Honorio Henríquez como presidente del Senado Foto: EL TIEMPOPERIODISTA21.07.2026 08:41 Actualizado: 21.07.2026 08:48
Con el inédito apoyo del petrismo, el expresidente Álvaro Uribe Vélez ganó el pulso por el cargo más importante del Congreso con la victoria del samario Honorio Henríquez como presidente del Senado, inaugurando al gobierno entrante de Abelardo De la Espriella con una derrota en el Legislativo, incluso antes de haberse posesionado. Aunque el resultado no implica una ruptura entre los sectores de derecha —desde el Centro Democrático insistieron en su decisión de ser partido de gobierno—, sí anticipa que la construcción de mayorías y la gobernabilidad del nuevo Ejecutivo estarán lejos de ser un camino despejado.Mientras el abelardismo busca que el Consejo Nacional Electoral (CNE) otorgue vía libre para que el movimiento Defensores por la Patria se convierta en partido político para llevar las banderas de la derecha, el uribismo demostró en la noche del 20 de julio que sigue siendo una de las principales fuerzas en el Capitolio.Henríquez se impuso con 56 votos frente a los 45 del guajiro Alfredo Deluque, el candidato que contaba con el respaldo del presidente electo, pero que no contaba con el afecto de Uribe, quien consideraba que la dignidad le correspondía a su partido por ser la bancada mayoritaria de gobierno. El resultado marcó un hecho inédito: por primera vez en muchos años, un gobierno entrante no logró llevar a la presidencia del Senado al aspirante de su preferencia para el primer año de mandato, considerado clave para el trámite y la aprobación de la agenda legislativa del Ejecutivo.“Aunque la alianza de la derecha no se ha roto, el gobierno se inaugura con una derrota. Si Abelardo pensó que podía apropiarse en solitario de una jefatura única, se equivocó. Se ha instalado en Casa de Nariño un sutil cogobierno”, afirmó el exsenador Humberto de la Calle.Para el analista político Pedro Medellín, el gobierno entrante de Abelardo De la Espriella abrió un pulso innecesario para sus propios intereses. A su juicio, el presidente electo contaba con una mayoría suficiente en el Congreso y no tenía necesidad de disputar la presidencia del Senado, un cargo que, por tradición política, suele corresponder al partido de gobierno con mayor representación en esa corporación.“Hay que asumir las peleas que son necesarias, no las que se inventan. El presidente electo tenía la mayoría en el Congreso garantizada, había una estabilidad institucional. Los acuerdos eran que quien gana la mayoría de curules como partido de gobierno va a la presidencia del Senado. Cuando llega el gobierno electo considera que tiene la fuerza política para imponer sus reglas de juego. Maquiavelo decía que los conflictos se asumen cuando son necesarios, no cuando la vanidad lo diga. No midieron que ni al petrismo ni al uribismo les gustaba la idea", afirmó Medellín.Tras la elección, tanto el Centro Democrático como el gobierno entrante buscaron bajarle el tono a la disputa, conscientes de que comparten buena parte de su agenda legislativa. "Estamos listos para trabajar de manera armónica, respetuosa y constructiva con las nuevas mesas directivas", escribió el ministro del Interior designado, Rodrigo Lara, quien había asumido la tarea de asegurar la elección de Alfredo Deluque.En la misma línea, el nuevo presidente del Senado descartó que el resultado de la votación refleje una disputa por el liderazgo de la derecha. "Nosotros no hemos entrado en ninguna disputa de la derecha. Tenemos un partido consolidado, una bancada mayoritaria, una trayectoria", dijo Honorio Henríquez a EL TIEMPO.Ahora bien, una visión distinta tiene el politólogo Alejandro Chala. “El Uribismo va a vender caro su apoyo al nuevo gobierno electo, así como también va a golpear donde duele si Abelardo De La Espriella sigue en su intentona de fragmentar y romper al Centro Democrático. Por ahora, Uribe no se rinde ni a perder el partido, ni tampoco a perder la disputa por el dominio de las nuevas derechas”, aseguró.El apoyo del petrismoComo se mencionó antes, el triunfo de Henríquez no habría sido posible sin el respaldo en bloque de los senadores del Pacto Histórico, principal contendor ideológico del Centro Democrático. Los protagonistas de la jornada y varios analistas coinciden en que se trató de una alianza estrictamente coyuntural, construida para esta votación, y no de un acuerdo político que anticipe una actuación conjunta en el Congreso.“Para el Pacto, esta sociedad coyuntural con su competidor histórico le permite descapitalizar a De la Espriella y posicionarse como socio indispensable. No hay convergencia programática. Hay fusión táctica”, opinó el politólogo e historiador Guido Hurtado.Para Chala, el Pacto demostró con esta movida que va a usar las mismas herramientas de veto que los partidos independientes y la oposición usaron contra ellos cuando fueron gobierno entre 2022 y 2026. “Es seguro que buscarán presionar con las bancadas mayoritarias que poseen y articulando al verde y a un sector de los liberales para evitar que el gobierno tenga facilidades para mover su agenda legislativa, especialmente las "contrarreformas" que han prometido”, dijo.Una última lectura de la jornada del 20 de julio apunta a que el Senado volvió a exhibir independencia frente a la Casa de Nariño. "En lo político significa que la batalla por la jefatura de la derecha en Colombia será dura entre el Centro Democrático y Defensores de la Patria, más allá de las coincidencias ideológicas. En lo institucional, es un mensaje claro de que en Colombia, como ha sucedido en los últimos años, se consolida un equilibrio de poderes y la autonomía e independencia entre ellos, lo cual es una buena noticia para la democracia y la defensa de las libertades y los derechos", señaló el exministro del Interior, Juan Fernando Cristo. Sigue toda la información de Política en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.










