El último mensaje que David Lucas dejó en redes sociales fue un llamamiento a la confianza en la sanidad pública. El último mensaje que dejó en mi teléfono fue la propuesta de la enésima reunión con los grupos parlamentarios más escépticos con la limitación del precio del alquiler de viviendas.
Puede que estos dos mensajes resuman bien el propósito y el carácter del David político. El compromiso con las políticas públicas y el Estado de Bienestar que aseguran una vida digna a todas las personas, independientemente de sus circunstancias. Y la confianza en el diálogo y la pedagogía para llegar a acuerdos y resolver problemas.
La vida de David, demasiado corta, ha sido la vida de una vocación política formidable. Si hay un político todoterreno, ese es David. Fue concejal en tres municipios distintos, en Getafe, en Móstoles y en Madrid. No creo que haya muchos precedentes de esto. Fue dirigente de la Federación Madrileña de Municipos, de la Federación estatal y del Comité Director del Consejo de Municipios de Europa.
Ejerció de concejal, de alcalde, de senador y de Secretario de Estado. Gestionó áreas tan dispares como los deportes, la seguridad ciudadana, la hacienda y la vivienda. Fue cabeza de cartel, protagonista de escenario y portavoz en tribunas y ruedas de prensa. Pero también fue infantería de otros generales, escribiente para otros tribunos y partícipe esforzado y anónimo en innumerables equipos.









