Para determinar el valor del patrimonio paleontológico que atesora La Rioja, que cuenta con más de 170 yacimientos y más de 11.000 huellas de dinosaurios, es preciso viajar en el tiempo entre 120 y 130 millones de años. De entonces, en el Cretácico Inferior, los expertos han reconstruido un ecosistema formado por un enorme lago en una amplia llanura aluvial —de unos 400 kilómetros cuadrados y que se extendía por parte de lo que hoy son las provincias de Soria y Burgos— donde desembocaban los ríos en esta zona. En aquella época, lo que hoy conocemos como la Península Ibérica era una gran isla próxima a Canarias, con un clima subtropical o tropical húmedo que generaba una vegetación frondosa, con coníferas y helechos arbóreos, donde habitaban grandes dinosaurios. “Los reyes eran sin duda los espinosáuridos, que se habían especializado en pescar, eran hábiles pescadores, pero que también eran capaces de cazar dinosaurios más pequeños”, explica el director honorífico del Centro Paleontológico de La Rioja, Francisco Sáez-Benito. Junto con estos grandes depredadores, también había otros ejemplares herbívoros, ornitópodos e incluso saurópodos, que aprovechaban la gran cantidad de alimento existente en esta zona. Completaban el ecosistema otros animales, como grandes peces, cocodrilos, lagartos o tortugas. Un lago que, cuando rebajaba su caudal, daba lugar a grandes llanuras donde el barro ha permitido que las huellas y los restos de estos ejemplares hayan llegado hasta nuestros días. El último hallazgo en la reciente campaña paleontológica en el yacimiento de Las Cerradas, en la pequeña localidad de Igea, son nuevos restos fósiles de lo que puede ser una nueva especie de dinosaurio herbívoro de grandes dimensiones. En concreto, se trata de elementos relacionados con la cintura pélvica, una escápula y varios huesos de la mano, incluidos metacarpos y falanges. Estas piezas, unidas a las obtenidas en la campaña de 2025, varios miembros posteriores y nuevas vértebras caudales, “van a permitir la reconstrucción de más de la mitad de la cola del animal, algo espectacular”, en palabras de Sáez-Benito, codirector de las excavaciones del equipo Garras, en las que colaboran investigadores de las Universidades de La Rioja, País Vasco y A Coruña. “Con estos huesos vamos a poner nombre y apellido a este animal”, sostiene este paleontólogo, que confía en que tras la investigación posterior y la restauración final de estos restos fósiles podrán acercarse “a su género y a su especie”. Sin embargo, el camino hacia este objetivo todavía incluye unas cuantas paradas intermedias. La primera es continuar con las excavaciones en este mismo enclave en 2027 para seguir con la recuperación de nuevos restos y poder completar el esqueleto. A continuación, cada una de estas piezas deberá someterse a un minucioso proceso de restauración en el Centro Paleontológico de Igea. A partir de este momento, se podrá comenzar el estudio anatómico y sistemático del conjunto. “La investigación podría prolongarse durante varios años”, explica el responsable de este centro en La Rioja. “Una nueva especie que contribuya a poner en valor el grandísimo patrimonio paleontológico de La Rioja”, añade. En 2024 ya se logró describir a Riojavenatrix lacustris, un dinosaurio carnívoro de grandes dimensiones, con entre siete y ocho metros de longitud y un peso aproximado de 1,5 toneladas. Con anterioridad también se encontraron restos del esqueleto más completo de un espinosáurido. Un ejemplar que fue bautizado con el nombre de Villar. Los descubrimientos en esta zona de La Rioja incluyen restos de un pequeño dinosaurio ornitópodo localizado en 1985 o una nueva especie de tortuga de agua hallada en 2012. La excavación también ha recuperado fósiles de otros organismos que compartieron este ecosistema. En este caso, los hallazgos están relacionados con cocodrilos, peces lepisosteiformes, coprolitos (heces fosilizadas) atribuidos a hybodónitidos —un grupo de tiburones primitivos de agua dulce—, además de restos vegetales. “Hemos logrado identificar hasta seis especies diferentes de tiburones y también tres o cuatro en el caso de los cocodrilos”, afirma Sáez-Benito. “Vamos a poder reconstruir con mayor precisión y detalle el ambiente en el que vivieron los dinosaurios”, sostiene Sáez-Benito, sobre este espacio en el que convivían grandes herbívoros, reptiles subacuáticos, peces, tortugas y una abundante vegetación a orillas del gran lago y los cursos fluviales.