Adam Mosseri, CEO de Instagram, anunció el 4 de junio que los usuarios que paguen 2,99 euros al mes tendrán acceso a Instagram Plus, una suscripción mensual entre cuyas funciones exclusivas existe la búsqueda que permite saber rápidamente si una persona específica vio un story. Para comprender el porqué de esta función es necesario habere tenido alguna vez entre los seguidores un interés romántico, bien sea una expareja, un amante o un crush. Porque como dice una usuaria, “Subir stories sin tener un crush es como trabajar sin cobrar”. “POV (Punto De Vista): estás tan soltero que ya no tienes ni que buscar quién mira tus stories”, dice otro usuario. Dos pruebas irrefutables de que subir contenido destinado a enganchar a una persona concreta es tan habitual que Mosseri y su equipo han decidido sacar partido.Annie Joy Williams asegura en The Atlantic que recurrir a esta nueva función supone tocar fondo. “¡Vuélvete loco por el bajo precio de 2,99 euros al mes!”, reza la entradilla del artículo. “Instagram Plus no es solo un reflejo de lo que ha salido mal en las redes sociales, sino también en las relaciones amorosas modernas. La aplicación se ha convertido en una pieza clave del engranaje de las citas, especialmente en esas etapas liminales: el coqueteo y las rupturas. Ofrece una vía más para intentar construir narrativas sobre los demás, aunque sea principalmente aportando datos irrelevantes que respalden nuestras hipótesis menos lógicas. Si mi ex ve mi historia, debe significar que todavía le intereso. ¿Verdad?”, pregunta. De hecho, también existe la función ‘extender historia’, que permite alargar la caducidad de una historia a 48 horas en lugar de las habituales 24, “por si esa persona especial aún no la ha visto”, matiza la periodista.Laura Beltrán, autora de Cómo evitar que las redes te atrapen (Roca Editorial, 2026), asegura que aunque las redes sociales han añadido una nueva capa a las relaciones, la manera en la que influyen en ellas depende, en gran medida, del uso que cada persona haga de estas herramientas. “Creo que lo interesante es observar que las redes solo amplifican un proceso que ya es propio de la naturaleza humana. Descubrir a alguien siempre está condicionado por nuestra propia mirada. No vemos al otro de forma completamente objetiva, sino que interpretamos lo que observamos a través de nuestros pensamientos, deseos, miedos, valores y experiencias. Hoy conocemos a las personas a través de más ventanas que antes. A la presencia física se suma todo aquello que muestran en el entorno digital. Pero, en ambos casos, seguimos construyendo una imagen que solo el tiempo puede ir ajustando a la realidad”, explica a S Moda.La forma en que se construyen y mantienen las relaciones ha cambiado profundamente como consecuencia de la expansión de las redes sociales. Las funciones disponibles permiten a los usuarios disponer de un acceso constante a la actividad de otras personas, algo que influye en las relaciones de amistad y por supuesto, en las de carácter romántico. La etapa inicial de atracción, que A. I. (Antes de Instagram) estaba marcada por el descubrimiento progresivo y la incertidumbre, ha perdido gran parte de su espontaneidad al ofrecer las plataformas digitales una interacción más calculada que se basa en dinámicas parasociales.Los comentarios que aparecen en el vídeo en el que Mosseri anuncia las nuevas funcionalidades de Instagram son en una inmensa mayoría negativos. “Ahora puedes saber quién ers de verdad un psicópata tóxico entre tus contactos si descubres que usa este Insta de pago. Estáis fomentando que el usuario se vuelva patético y estáis convirtiendo la plataforma en un chat de citas y de acosadores”, dice un usuario. No es extraño subir un story con un mensaje o una canción destinados a una persona en concreto, o incluso subir las denominadas thirst traps, que como define el diccionario de Cambridge son “las imágenes que alguien sube para atraer atención o generar interés sexual”. Subir fotos o contenido destinado a alguien en concreto se denomina gatsbying. “Se trata de la conducta de publicar contenido en redes sociales dirigido indirectamente a una persona concreta con el objetivo de captar su atención, despertar celos o provocar una reacción emocional. El término proviene del protagonista de The Great Gatsby, que organizaba grandes fiestas con la esperanza de que Daisy apareciera. En la actualidad, esas fiestas se han convertido en stories, selfies, canciones y publicaciones cuidadosamente pensadas para que ‘esa persona’ las vea”, explica la psicóloga Lara Ferreiro en colaboración con Ashley Madison. “En consulta veo muchas personas agotadas por estas dinámicas. Pasan horas interpretando canciones, historias o publicaciones que probablemente se resolverían con una conversación de cinco minutos. Las redes nos han dado nuevas formas de comunicarnos, pero también nuevas formas de evitar la vulnerabilidad. Al final, las relaciones emocionalmente sanas se construyen desde la claridad. Decir ‘te echo de menos’, ‘estoy enfadado’ o ‘me has hecho daño’ requiere valentía. Publicar una indirecta requiere mucho menos esfuerzo, pero rara vez aporta la misma conexión o la misma solución”, asegura. Pese a que un meme ironiza con cómo se comportan las mujeres cuando su interés romántico no ve sus stories, basta con entrar en TikTok para descubrir que los hombres también ponen en marcha estas fórmulas. Mucha gente, al subir una fotografía o un contenido con la intención de atraer la atención de alguien, siente que ha perdido el tiempo en el caso de que esa persona no haya visto lo que ha subido. Por eso Instagram Plus ofrece la posibilidad de ampliar otras 24 horas la duración del story. ¿Es posible, sin tener que recurrir a esas funcionalidades de pago que además, ahondan en la necesidad de validación, superar ese vacío? Responde Beltrán. “Para descubrir qué nos impulsa a compartir contenido, merece la pena dejar de mirar únicamente el comportamiento y preguntarnos: ¿qué me ha llevado a publicar esto?, ¿qué estaba necesitando en ese momento? Compartimos contenido por motivos muy diversos. A veces buscamos expresarnos, conectar, inspirar, divertir o celebrar. En otras ocasiones también puede haber una necesidad de ser vistos, reconocidos, queridos o validados”, dice. Comenta que el verdadero cambio llega cuando se aprende a atender esas necesidades de forma autónoma. “En lugar de esperar que el exterior nos dé aquello que sentimos que nos falta, empezamos a preguntarnos: ¿cómo puedo darme esa conexión, ese reconocimiento o ese cariño? Cuanto más desarrollamos esa capacidad, menos dependemos de la respuesta que recibimos en una pantalla para sentirnos bien”, señala.“Todavía me sorprendo pasando minutos enteros analizando un selfie para decidir si es lo suficientemente atractivo para la persona que me gusta. Sigo encontrando memes y pensando de inmediato: ‘A él le podría parecer gracioso’. Pero estoy intentando despegarme del teléfono y usar esa misma atención y esmero para cultivar algo natural: algo personal y menos calculado, menos manipulador. Las películas hacen que parezca divertido vivir los altibajos de enamorarse de alguien, aunque esa persona no sea quien vaya a sostenerte. Ahora sé que hacerse daño a uno mismo es peor cuando se intenta encontrar el amor a través de una pantalla que en la vida real”, asegura Aiyana Ishmael en un ensayo titulado Trying to Get Your Crush’s Attention on Instagram Can Emotionally Break You (Intentar llamar la atención de la persona que te gusta en Instagram puede destrozarte emocionalmente).Ferreiro advierte que es habitual que cuando a alguien le gusta otra persona, caiga en un fenómeno llamado apofenia emocional, que consiste en ver patrones y significados donde quizá no los hay. “Interpretamos que si ha sido la primera persona en ver nuestra historia es porque ha pensado en nosotros, o que si nos manda un corazón a las 11 de la noche es porque nos echa de menos. La realidad suele ser mucho menos romántica: muchas veces estaba aburrido, haciendo scroll o simplemente interactuando de manera automática”, asegura. “El problema aparece cuando convertimos cada notificación en un termómetro de nuestro valor personal o en una prueba de amor. Ahí entramos en un estado de hipervigilancia emocional, pendiente de señales mínimas que nos mantienen en una montaña rusa de esperanza y decepción. Siempre digo una frase en consulta: un corazón no es una declaración de amor, una visualización no es interés y un ‘me gusta’ no es un compromiso. Si alguien está realmente interesado en ti, tarde o temprano saldrá de la pantalla y hará algo en la vida real. Porque las personas que quieren estar en tu vida no solo te miran; también se acercan”, advierte.Los stories duran 24 horas. 48 en el caso de tener Instagram Plus. Pero la ansiedad puede extenderse durante muchísimo más tiempo si alguien permite que su calma mental dependa de si un crush ve y/o reacciona ante un contenido concreto. Lo interesante es, como señala Laura Beltrán, reflexionar acerca de si publicar en redes es una estrategia para intentar satisfacer una necesidad más profunda. Ojalá obtener respuestas de forma clara costara solo 2,99 euros mensuales…