Una desdibujada selección argentina cayó por 1-0 ante una España muy superior en la final del Mundial y, con la derrota, el país perdió también la tregua que el torneo había impuesto sobre su vida pública. El gol de Ferran Torres en el minuto 106, ya en la prórroga, cerró un partido en el que la albiceleste se vio maniatada por un rival que acumuló el 68% de la posesión, dominó el centro del campo y no dejó a los de Messi rematar una sola vez a portería en los 120 minutos gracias a una defensa sólida y solidaria. El Mundial queda atrás y el país vuelve a la zozobra política y económica a un año de las trascedentales elecciones presdicendiales.PublicidadLa final de Nueva York fue la despedida de una selección irrepetible —campeona en Catar 2022 y en la Copa América de 2024, cinco finales y cuatro títulos en poco más de un lustro— y, con toda probabilidad, del propio Lionel Messi, cuyo último Mundial termina en subcampeonato. El seleccionador Lionel Scaloni, elevado a los altares dentro del país por su ciclo, dejó entreabierta la puerta de su adiós. Suena a fin de ciclo en un país donde el balón nunca fue solo un balón.La prensa amaneció el lunes partida entre el duelo y el orgullo, pero unánime en el veredicto deportivo. Clarín, el diario de mayor tirada, abrió con un "Entregaron todo: nada que reprochar" y remató que la selección llega con gloria al final de un ciclo notable"; La Nación, de línea conservadora, tituló que "Argentina dio todo y es un orgullo nacional". Fuera, el reconocimiento fue para la campeona: la prensa española celebró una segunda estrella construida sobre un fútbol coral que fue de menos a más y que por el camino desactivó a las grandes individualidades del torneo gracias a un excelente trabajo colectivo. Por el camino cayeron la Portugal de Cristiano Ronaldo en octavos, la Francia de Mbappé y Olise en semifinales y la Argentina de Messi en la final. España encajó un solo gol en todo el campeonato y borda su segunda estrella tras un campeonato sobresaliente.Terminado el paréntesis futbolero, Argentina se reencuentra con la inestabilidad. El domingo por la noche, tras la derrota, Javier Milei anunció que declararía feriado nacional el día que los jugadores decidieran festejar con la afición y ofreció la Casa Rosada para la recepción. Pero el plantel, abatido, comunicó a través de la AFA que no habría celebración; el lunes, el Gobierno dio marcha atrás y lo redujo a un recibimiento protocolar en el aeropuerto de Ezeiza, sin feriado y sin presencia del Ejecutivo. Messi ni siquiera viajó: puso rumbo a Miami para reincorporarse a su club. La foto de la unidad nacional se deshizo antes de revelarse.Así, las calles amanecieron este lunes en un ambiente descafeinado, todavía engalanadas con banderas y pintadas de aliento a la selección, pero con menos tráfico de lo habitual y con comercios que bajaron la persiana a la espera de una fiesta que no llegó.PublicidadMilei y la gestión de una Argentina derrotadaEl feriado fallido fue el segundo choque en pocos días entre la Casa Rosada y el vestuario. Tras vencer a Inglaterra, Messi había recordado que la selección no se olvida de la gente que "la pasa mal, que no tiene trabajo, que no llega a fin de mes o que la vive peleando". El vocero presidencial, Adrián Ravier —sucesor del recién dimitado Manuel Adorni—, salió a corregirle: aseguró que el Gobierno no comparte que la gente no llegue a fin de mes. La Oficina de Respuesta Oficial matizó que sí hay quien lo pasa mal, pero que "dos décadas de decadencia kirchnerista no se borran en 24 meses". Una polémica con la estrella nacional que pasó factura al gobierno.Milei encara su último año de mandato exhibiendo su principal logro: la inflación de junio fue del 1,9% mensual, la más baja en diez meses, con un acumulado del 16,8% en el primer semestre y un 33,5% interanual; las consultoras que releva el Banco Central proyectan cerrar 2026 en torno al 20%, lejísimos del 211% de 2023. Pero la desinflación, lograda a base de drásticos recortes del gasto público, se ha pagado cara. La pobreza cerró 2025 en el 28,2%, y las mediciones de la Universidad Torcuato Di Tella la sitúan de nuevo alrededor del 31% en el arranque de 2026; la desigualdad volvió a crecer en el primer trimestre, con un índice de Gini de 0,442 y una brecha de 15 veces entre el decil más rico y el más pobre. El desempleo ronda el 7,8% y el empleo que se crea es, en buena parte, informal.Pasado el Mundial, el oficialismo ya no oculta su hoja de ruta. Milei se apoyará en el impulso que le devolvió la renuncia de Adorni –exjefe de Gabinete y hombre de confianza de Milei asedidado por la corrupción– y en un peronismo fragmentado para retomar en agosto, las reformas que el semestre dejó atascadas en el Senado: la laboral, la de propiedad privada, las tarifas de zonas frías y la del Banco Central.PublicidadEl horizonte electoral, con las presidenciales de 2027 al fondo, sigue sin despejarse. La reelección de Milei —que él mismo da por hecha— es plausible, pero está condicionada por dos incógnitas. La primera es si la derecha logrará una candidatura unitaria, lo que exigiría encajar las ambiciones de Bullrich y del siempre influyente Mauricio Macri, ambos con la vista puesta en la Casa Rosada, y despejar el papel de la vicepresidenta Victoria Villarruel, distanciada del oficialismo y capaz de fragmentar el voto libertario. La segunda es si el peronismo resuelve su propia fractura: entre un kirchnerismo movilizado que orbita en torno a una Cristina Fernández de Kirchner inhabilitada y bajo arresto domiciliario, y el gobernador bonaerense Axel Kicillof, que asoma como la alternativa con más proyección. Las encuestas apuntan a un balotaje entre Milei y Kicillof, aunque con niveles de rechazo altísimos para casi todos los nombres y con cerca de un cuarto del electorado que, preguntado por quién debería gobernar, responde que ninguno.Esa desafección es, quizá, el dato de fondo. Durante unas semanas, el Mundial le dio a Argentina una causa común que su política no le ofrece. Terminó el torneo, pero la grieta continúa.