La inmunidad diplomática saltó por los aires en Teherán y abrió una grieta profunda entre Europa y Medio Oriente. Los servicios de seguridad de la República Islámica cruzaron un límite alarmante al interceptar, retener y hostigar a dos funcionarios de la embajada de Francia que operaban en la capital iraní. El asedio directo contra los representantes occidentales no solo encendió las alarmas, sino que amenaza con dinamitar los frágiles canales de diálogo que aún sobreviven en una región al borde del estallido permanente. El encargado de exponer la gravedad del incidente fue el propio ministro de Relaciones Exteriores francés, Jean-Noël Barrot. El funcionario detalló que los agentes diplomáticos fueron capturados sin ningún tipo de justificación legal y obligados a soportar horas de interrogatorios bajo una fuerte presión psicológica. La situación escaló a niveles críticos: Barrot marcó que al menos uno de los integrantes del personal de la embajada fue directamente maltratado por las fuerzas de seguridad locales antes de que, finalmente, les permitieran regresar a las dependencias de la misión diplomática. Jean-Noël Barrot, ministro de relaciones exteriores francés Tras el dramático episodio, el gobierno activó los protocolos de contingencia y aceleró la salida de sus enviados. El jefe de la diplomacia confirmó que ambos funcionarios ya se encuentran completamente a salvo y que en las próximas horas aterrizarán en suelo francés para alejarse definitivamente del peligro. En medio de la conmoción, el canciller les envió un mensaje público para transmitirles toda su solidaridad y el respaldo absoluto de las instituciones.