El rey Carlos III nombró ayer a Andy Burnham, de 56 años, 59.º primer ministro del Reino Unido sin pasar por las urnas, y poco después el nuevo premier laborista pronunció su primer discurso y unas horas más tarde dio a conocer los miembros de su Gobierno. Es el séptimo primer ministro en diez años y toma el relevo de Keir Starmer tan solo dos años después de que este llevara al Partido Laborista a una victoria electoral aplastante, que, sin embargo, no ha sabido administrar.En su primera intervención en su nuevo cargo, dijo que ese momento era un punto de inflexión para el país, y anunció que a finales de este año presentará un nuevo plan decenal. Adelantó que a partir de hoy se darán a conocer medidas para que el ciudadano tenga un respiro con el coste de la vida, al tiempo que se comprometía a construir más viviendas sociales y a acabar con la situación de las ­personas sin hogar, a cumplir con los compromisos de defensa y a materializar la descentralización sacando el poder de Westminster para llevarlo “a todos los barrios del país, para que puedan hacer más”. También afirmó que se ayudará a más jóvenes a encontrar trabajo mediante la reforma del sistema educativo.Burnham se sinceró cuando afirmó: “Sé que la gente en casa está harta de la política. Los escucho y quiero ser honesto con ustedes: no hemos estado a la altura y necesitamos mejorar. Lo haremos”. Prometió más estabilidad política y económica, en una intervención que puede ser considerada como un moderado giro a la izquierda.En su primer discurso, el nuevo premier promete ayudas inmediatas para abaratar el coste de la vidaTras unas primarias sin rival, el hasta hace poco alcalde de Manchester –que volvió al Parlamento hace apenas un mes– llega a Downing Street con un proyecto político que es una incógnita, pero con la evidencia de que se trata de la última esperanza del laborismo para mantener la mayoría absoluta de que dispone en la Cámara de los Comunes e intentar frenar el previsible avance electoral de la extrema derecha, encarnada en Reform UK, el partido de Nigel Farage, ahora señalado por sus escándalos financieros. El gran objetivo de Burnham es insuflar nuevos aires en el Labour y revertir la gravísima situación económica que vive el país. Porque el nuevo premier se enfrenta a una serie de importantes desafíos económicos y políticos ya desde el inicio de su mandato. Entre los problemas que se encontrará sobre la mesa se incluyen un déficit multimillonario en el gasto de defensa, la presión sobre los contratos tecnológicos del Servicio Nacional de Salud (NHS) y las dudas sobre los planes para construir un millón de viviendas sociales.Burnham es un excelente orador y comunicador –dotes de las que carecía Starmer–, pero habrá que ver si ello le será suficiente para conectar con la gente y transmitir energía y optimismo. Ha prometido cambios radicales en la manera de gobernar, basados en la descentralización del Gobierno, pero más allá de denunciar el thatcherismo y el neoliberalismo habrá que ver qué políticas efectivas aplica para revertir la situación actual del país. Burnham se encuentra con la camisa de fuerza que supone el manifiesto con que los laboristas arrasaron en las elecciones del 2024, y que, entre otros postulados, impide subir los impuestos directos, asumir más deuda pública o acceder al mercado único y a la unión monetaria, lo que por otra parte hace muy difícil un acercamiento a Europa.En su discurso de ayer, Burnham se comprometió a construir una nueva economía, volviendo a poner “los bienes esenciales de la vida bajo control público” para que vuelvan a ser asequibles, y a reindustrializar el país y “apoyar la industria británica”. Como vemos, el nuevo premier tiene muchos proyectos, pero muy poco dinero para realizarlos. Por ello deberá combinar de inmediato su probada habilidad para ganarse aliados con la disposición a arriesgarse a crearse enemigos para recaudar fondos. Para que su aventura tenga éxito necesita que la economía británica crezca mucho más, por lo que es imprescindible una mayor productividad. En definitiva, que un país adicto a las subvenciones y a las ayudas públicas se ponga a trabajar.El líder laborista se compromete a poner fin a años de inestabilidad política en el Reino UnidoBurnham llega al cargo con escasa experiencia en política exterior y con enormes desafíos globales, como las relaciones con el presidente Trump. Ha dejado claro que sus prioridades políticas son internas y que tendrá la mirada puesta en el interior del país más que en el extranjero, al menos hasta que los acontecimientos mundiales le obliguen a incluirlos en la agenda. Tras su discurso de ayer, es evidente que Burnham tiene claro el diagnóstico sobre los problemas del Reino Unido. Sus soluciones, no tanto. Dispone de tres años para marcar una ruta y obtener los recursos necesarios para circular por ella y hacer que el ciudadano británico vea avances tangibles que mejoren su nivel de vida y el del país.