Una reciente investigación de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) encendió señales de alarma sobre un tema que a los ojos de los turistas parece ser una simpática postal de las sierras, con un animalito pintoresco y atractivo, pero que no sería tan inofensivo para el medio ambiente.
Según aseguran especialistas en biología, la ardilla de vientre rojo representa una amenaza silenciosa y en constante crecimiento en la zona de La Cumbrecita con un impacto negativo directo en la biodiversidad local y en la infraestructura urbana.
Los números que arroja el trabajo científico son elocuentes: en la última década, la densidad de esta especie exótica invasora en el casco urbano de dicha localidad pasó de menos de un ejemplar a 13 individuos por hectárea. Para los investigadores, la presencia de este animal originario del sudeste asiático dejó de ser un simple dato de color para consolidarse como un verdadero dolor de cabeza ambiental en la provincia.
"Es una problemática ambiental compleja, que abarca muchas aristas. Al ser una especie carismática, el tema se toma con pinzas", advierte Sol Portelli, bióloga egresada de la UNC y autora de la investigación, quien subraya que el conflicto ya trascendió los límites originales. "Lo que vimos es que la invasión, de cierta manera, se ha profundizado. Ya no sólo están en La Cumbrecita, sino que se han mudado también a Villa Berna, donde ya registramos daños en los árboles", agregó en diálogo con Perfil Córdoba.







